La Revista Peninsular, Edición 432
30 de Enero de 1998. Mérida, Yucatán, México

Desde Palacio

¿A qué vino el Presidente...?

Y todavía preguntan
Los invitados al evento podían cortar el listón...y estar en primer plano

L

a semana pasada, especializados en las artes del protocolo, acudimos con dos horas de anticipación al siguiente punto de la visita presidencial, a efecto de corroborar si el número de invitados había sido cubierto y si la lista contenía los nombres que debía.

Nuestro guía, el Señor Gobernador del Estado, nos ha dado instrucciones precisas de cuidar hasta el último detalle protocolario, haciendo que a sus actos asistan quienes deben hacerlo y que no lo hagan los que salen sobrando.

Tras la bienvenida, salimos del aeropuerto casi junto con la comitiva, pero con rumbos diferentes, viendo que en ese sitio aguardaba -sin prisa alguna- conocida figura meridana, como si nada tuviera qué hacer. Igual que otras veces, no le dimos importancia porque ya no hace ruido -ni molesta-, y de inmediato nos trasladamos al lugar de la maquiladora.

La Presidencia nos pidió, desde dos días antes -los helicópteros fueron vistos por miles de personas cuando realizaban la práctica de la gira-, que el primer lugar al que acudiera D. Ernesto fuera un sitio del área rural, con familias humildes, marginadas, de ser posible indígenas.

Ya había hecho lo propio con las etnias de Nayarit, pero la influencia de la capital ha extinguido esta clase de escenarios, y los que se conservan están en las comisarías meridanas y eso no le convenía a nuestro líder, pues ahí la primera autoridad es otra... En cambio, Kanasín era el sitio ideal.

La gira había sido pospuesta en un par de ocasiones -eso nadie lo sabe-, pero los conflictos en Yucatán..., perdón, los compromisos contraídos por el Señor Presidente se lo habían impedido.

Sin embargo, el fin de semana se concretó la excursión de buceo en Cancún y Cozumel, por lo que el Jefe de la Nación le pidió a nuestro guía que preparara todo para que el jueves hiciera una visita de cuatro o cinco horas, a sabiendas que luego D. Víctor se la prolongaría el doble.

Todo quedó formalmente arreglado y en pocas horas se armó todo, y como ya estaba preparada la ruta -desde hacía un mes-, fue muy fácil añadirle actividades, corroborarlas y darlas a conocer a la prensa el lunes mismo, es decir, cuatro días antes de que se hiciera.

Algunos despistados que no conocen las entrañas de este Universo creyeron que D. Víctor preparó todo en menos de 24 horas, pero no los sacaremos del error.

Lo que no sabíamos era la trascendencia del acto de Kanasín y menos lo que la oficina de Comunicación Social había dispuesto para ese momento.

Volviendo al tema que nos ocupa, llegamos a Watex (Wabi Textil) en el horario convenido; todo iba bien hasta que de pronto vimos aparecer una camioneta de la que descendió conocido y espigado personaje de la política meridana -a quien habíamos dejado atrás minutos antes en el aeropuerto-, rompiendo con su presencia la tranquilidad que reinaba en ese momento.

No lo esperábamos y de hecho no estaba contemplado en el programa, por lo que de inmediato reportamos la novedad a quien se la tenemos que reportar sin que hubiera respuesta.

-Aquí hay una persona que dice que es el Alcalde y que quiere estar en la inauguración de la maquiladora... -oímos que preguntó el caballeroso sujeto del audífono por un diminuto micrófono colgado en la solapa de su cazadora beige, bajo la cual suponemos ocultaba un radiotransmisor.

Pasados unos minutos, con la discreción que nos caracteriza, hicimos como que no nos dimos cuenta de lo que hizo el caballeroso egresado del Colegio Militar, quien para todos ustedes que deben saber la verdad, finalmente se hizo al loco y nunca dio respuesta al enguayaberado sujeto.

Por nuestra cuenta, la pena nos entró cuando nos dieron la orden de que el listón fuera sujetado por los invitados a la inauguración. Obviamente, los que no lo eran se quedaron en tercera fila.

Francamente, no esperábamos que la situación fuera así..., y luego se preguntan a qué vino el Presidente. Ni la burla perdonan... (Mérida, Yucatán, Méx., enero de 1998)

Página principalPortadaInicio de Nota