Juan Pablo II es un hombre de fe. Viene de un pueblo que se construyó en
torno a conceptos culturales y religiosos.
Es un Papa de la sociedad civil bien entendida. La que construyó una
nación no contra un Estado, sino frente a él.
Un Papa que lucha contra el totalitarismo, pero también contra la injusticia social.
Es un hombre, un ciudadano, que está en contra de cualquier atentado contra la justicia o
la libertad.
Es un hombre que pide no tener miedo.
Es un hombre que siembra.
Así define Carlos Castillo Peraza el intelectual, el político,
el católico, a Karol Wojtyla el poeta, el filósofo, el obrero, el poeta.
En entrevista con Crónica, Castillo Peraza dice
lo que, en su opinión, es lo importante, lo trascendente de la visita del Papa a nuestro
país.
¿Quién es Juan Pablo II?, ¿cómo entenderlo?
Quien quiera entender a Karol Wojtyla tiene que pensar en él
como un hombre de fe.
¿Cómo es la fe de los mexicanos? ¿No es excesivamente
mariana?
Juan Pablo II es un Papa que, violando todas las leyes de la
heráldica tradicional, puso en su escudo la "M" de María, lo que hace
parecer a este personaje más mexicano que cualquiera. Es un Papa muy mariano. No hay
viaje que no incluya el santuario mariano más importante del país al que va. Por eso no
me extraña la insistencia de Juan Pablo II en el sentido de indicarnos a María
como la mujer, la madre, en la teología. No se entiende al Papa si no es en términos de
un hombre de Polonia, donde el santuario de Jasnagora, la virgen negra de los polacos, no
solamente tiene la esencialidad de lo religioso, sino como Guadalupe en México, la
dimensión de lo nacional, histórico. Las vírgenes que hacen patrias.
¿Cómo es la relación de los mexicanos con la Iglesia
católica?
Hay un cambio, y consiste en una mayor libertad del feligrés en torno
a la autoridad eclesiástica. El feligrés juzga las cosas ya con su propia cabeza. No
sigue solamente y sin pensar, como una consigna, lo que se le dice en el púlpito; es más
crítico. Pero hay un error histórico de comprensión del Papa y de los obispos en su
relación con los fieles laicos. No aceptamos una Iglesia callada ni aceptamos una Iglesia
tiránica. Aceptamos una Iglesia en la que se escucha con respeto, con apertura de
espíritu, con ganas de entender lo que dicen los obispos y entonces actuar en
consecuencia.
¿Qué es lo más importante en las ideas de Juan Pablo II?
Una de las grandes aportaciones de Juan Pablo II al pensamiento
católico contemporáneo, es haber terminado la construcción de la fundamentación
filosófica y teológica de la democracia, de la separación de la Iglesia y el Estado; y
al mismo tiempo, haber evitado que en esta construcción democrática, el católico
renuncie a decir su propia opinión en un mundo plural. El Papa ha sostenido que no es
posible pensar que se puede entender la pluralidad sin la singularidad católica. Juan
Pablo ha dicho a los católicos: "Ustedes, dentro de países cultural y
políticamente plurales, son uno de los elementos que tienen que decir su propia voz
racional y también razonablemente. No tengan miedo". Ese fue su primer mensaje. El
mundo es plural, no todos son iguales; en su diversidad todos deben tener los mismos
derechos. Pero construir el pluralismo no se identifica con renunciar a la propia
singularidad.
¿Qué se espera de la visita del Papa y de él mismo?
El Papa no va a hacer nada espectacular. Va a correr el riesgo que
corre siempre. El que corre cualquier autoridad religiosa o moral de ser manipulado. Juan
Pablo viene a decir su convicción, sus puntos de vista. Los va a exponer en el doble
sentido de la palabra. Los va a poner delante de la gente y los va a arriesgar. Vendrán
los juicios, las críticas, lo que es normal. Juan Pablo viene a México siendo un
líder, en un país carente de líderes. México no es la excepción.
Pero el de Juan Pablo es un liderazgo totalmente atípico,
porque no es un liderazgo de cálculo, de popularidad. Está fundado en la expresión, sin
concesiones, de las ideas propias. Por eso resulta un liderazgo muy atractivo.
Aún en países como Cuba...
En el viaje a Cuba, me dio la impresión de que el Papa anunciaba la
revolución del futuro, y Castro, la Iglesia del pasado. Fidel Castro hizo
una recopilación de lo inmutable. El Papa hablaba de los cambios hacia adelante. Hay que
recordar que Juan Pablo viene de un país que tiene una característica casi única
en la historia mundial. Es un país en el que la nación se hizo fuera o contra el Estado.
No tuvo Estado nacional hasta muy recientemente. Polonia se fue constituyendo en torno a
conceptos culturales y religiosos, más que a políticos o legales. Polonia tiene Estado
impuesto por los alemanes, suecos, rusos. No tiene Estado propio. Polonia, refugiada en la
latinidad
¿Dónde se refugia la nación polaca sin un Estado?
Primero, siendo un país eslavo, se refugia en la latinidad. No adopta
el alfabeto cirílico. Es eslavo, pero latino, por opción.
En la catolicidad. Sus invasores son protestantes, nazis, comunistas.
Entonces la Iglesia juega un papel enormemente importante en la lucha por preservar la
lengua polaca. El teatro que se hace en Polonia bajo la dominación alemana, en la
clandestinidad, en la cual participa el joven Wojtyla, es el teatro nacional
polaco, que retoma los grandes temas del romanticismo polaco de Norwitz y de otros
grandes poetas nacionales polacos y construye una "cultura nacional", distinta
de la cultura "estatal". Por eso es un Papa muy notable. Es un Papa de la
sociedad civil. Pero de la sociedad civil bien entendida, no del grupúsculo que aspira al
poder, sino de la gran comunidad que defiende su propia cultura.
Esto es tan real en Polonia que en los últimos años del régimen
socialista, los intelectuales judíos, que eran una parte muy importante de la lucha por
la libertad en el país, algunos se convierten al catolicismo y otros, por simple acto
político, asisten a las iglesias católicas. En esta construcción de la nación, no
contra el Estado, sino enfrente de él, participó Wojtyla. Creo que es la idea
más acertada de la sociedad civil. Este hombre, no me cabe duda, en unos años será un
clásico.
Se dijo que la revolución polaca era la primera
posmoderna.
La revolución polaca es posmoderna porque es la primera hecha por los
obreros contra un Estado supuestamente de los obreros. Lo demuestra el hecho de que haya
llegado al poder un electricista naval. Eso no se ha visto en ninguna revolución.
Realmente es la burguesía la que las hace. Lenin es un burgués, Hitler es
un burgués. Los revolucionarios franceses venían de la burguesía. En la nuestra, en la
Revolución Mexicana, fue igual. Pero hacer una revolución y que deveras llegue un obrero
al poder, es más bien raro. En Polonia se dio.
¿El conflicto en Chiapas, por su apoyo en la sociedad
civil, es una revolución posmoderna?
Yo creo que hay muchas diferencias. En primer lugar, el movimiento en
Polonia no era de una minoría que se considerara la vanguardia de la totalidad. En
segundo lugar, no hubo ni ametralladoras ni capuchas. Todo el mundo dio la cara. Corrieron
riesgos. El mismo Lech Walesa estuvo en la cárcel. No contó con un respaldo de
las "élites bienpensantes del mundo", sino muy tardíamente. Ya en lo último.
Pero además fue un largo camino de 40 años de construcción social masiva. No
"vanguardias". Había una cultura común, que daba cohesión. Si tomamos en
cuenta que el conflicto chiapaneco es una especie de epistolario entre el "señor
Marcos" y algunas personas en torno a la moda, resulta grotesco compararlo con la
revolución polaca.
¿Y el neoliberalismo?
El Papa ha sido muy claro respecto de las ideologías. Comenzó con una
denuncia muy fuerte hacia los regímenes totalitarios, que además de ser totalitarios,
profesaban convicciones de materialismo económico, o economicista. Juan Pablo se
enfrentó de una manera muy clara con este materialismo, cuya característica política es
que prometía la libertad para un futuro indefinido, a través de una justicia social
impuesta desde el Estado. "Aplacemos la libertad hasta que haya justicia que imponga
el Estado". Cuando esto se acabó, el Papa es el primero que da la voz de alerta
contra las euforias del "fin de la historia", las del triunfo definitivo como
sistema único del sistema capitalista. Alertó sobre que el capitalismo también es un
materialismo economicista. Sólo que a la inversa. Este sistema promete la justicia para
el futuro en nombre de la libertad en el presente. Libertad impuesta por el Mercado. Y
tampoco es por ahí. Juan Pablo sale notoriamente al paso de esta euforia y afirma:
"No, señores, la libertad ha florecido, pero no puede hacerlo a costa de la
justicia. Tienen que ir juntas". Esta es una gran aportación del Papa. Cualquiera
hubiera pensado que ya que logró su victoria contra el totalitarismo, de lo cual él
mismo fue víctima, hubiera dado por terminada su lucha. Pero dijo "no, falta".
Entonces, ¿es un Papa de derecha o de izquierda?
Yo lo sitúo en el ámbito específico de la fe. Que siempre correrá
el riesgo de la manipulación política y de la categorización política de izquierda o
derecha, pero que siempre escapa a ellas. Escapa porque su horizonte de juicio es otro. No
es el del cálculo del poder, de la ganancia, sino el de la afirmación de la dimensión
religiosa del hombre, en primer término, de la centralidad de Jesús en la
historia, y de los valores éticos.
Los preparativos para recibir al Papa ¿son exagerados?
El mexicano más pobre, si va a recibir a alguien en su casa, la barre.
Esto es cortesía, magnanimidad, voluntad de agradar al huésped, y creo que sólo no lo
entendería quien no actuara así en su propia casa. Todos los seres humanos, salvo en el
caso de una degradación humana terrible, hacen lo mismo. Lo que conviene, en todo caso,
es que suceda lo mismo que cuando uno se encuentra con otro ser humano: oír con apertura,
intelectual y espiritual lo que es difícil y estar dispuesto a modificar los
propios criterios si lo que escuchamos lo juzgamos mejor que los propios.
El Papa, en las papas
¿Y el Papa en las papas, en los refrescos...?
Esto pertenece a la dimensión que tiene el cristianismo de
encarnación. Es angelista pensar que cualquier mensaje racional, religioso, ético,
tendría que expresarse o llevarse por medios solamente espirituales o intelectuales a la
gente.
Sería renunciar a la dimensión corporal del ser humano. Si los
anuncios fueran gratuitos, los católicos mexicanos hubieran podido pintar en ellos lo que
quisieran. El Papa acepta con humildad la materialidad de su tiempo, para que lo que en
él, en su tiempo significa espiritualidad, llegue a los seres humanos, que son también
materiales. Es por la materialidad que se llega a la espiritualidad, y no al revés.
Pero estas empresas ¿no lucran con la figura y con el
mensaje?
Uno quisiera ver a las empresas que juegan el juego de dar a conocer
esto en su propia utilidad, a las más apegadas a los criterios éticos que viene a
pregonar el Papa. Yo quisiera que esas marcas de papas, los fabricantes de refrescos, que
están brindando su materialidad para hacer llegar un mensaje espiritual, fueran las más
congruentes con el mensaje espiritual, eso es lo que habría que exigir. Así no sería
sólo una relación publicitaria, comercial.
¿Y los políticos?
Para Clinton, que llegue el Papa a Estados Unidos cuando está
siendo acusado públicamente de pecador, sin duda será una ocasión para instrumentarlo.
Pero curiosamente, en todos los viajes del Papa, su utilización ha resultado grotesca,
burda, y han resultado "tiros por la culata" para quienes los han intentado, por
una razón análoga a la de las empresas y la publicidad. Y la razón es que el Papa no
viene a ganar popularidad, y por eso, para quien lo usa, hay una especie de heterogénesis
de los fines. Cuando uno usa un medio contradictorio con el fin que busca, tarde o
temprano eso sale al revés.
¿No hay riesgo de que la gente se "sature" o se
desilusione de que no se cumplan milagros por la visita del Papa?
Es posible, seguramente en una u otra medida. Por otro lado, si
analizamos las visitas anteriores del Papa, no podemos decir que haya sembrado milagros.
Quizá, en todo caso, se pueda considerar milagroso que a estas alturas del siglo XX, en
un Occidente materializado, en países asolados por problemas muy ajenos a lo que el Papa
dice, la gente acuda a oír su palabra. Hay hambre de algo. Algo nos tiene que decir.
¿Pero... qué?
El Papa no va a venir a decir "coman papitas" o "tomen
tal refresco", ni voten por fulano, o no voten por zutano. El no viene a buscar eso.
Quienes aprovechan su venida para lograrlo, tarde o temprano la pagan. Por el contrario,
el Papa ha dejado a su paso cambios. Cambios importantes en las almas y en las mentes de
millones de seres humanos.
Eso sí es cierto. Eso es más políticamente peligroso que cualquier
cosa. Este país no va a cambiar porque se tome una marca de refresco o se consuma más
una marca de botanas. Va a cambiar si la gente empieza a tomar cierto tipo de criterios
para afrontar la realidad económica y política. Criterios de veracidad, de congruencia,
de justicia, de libertad, de democracia. Tampoco creo que el paso del Papa por cualquier
país sea totalmente inocuo. Muchas veces, a pesar de las mismas iglesias locales, que no
saben potenciar el resultado de una predicación extraordinaria. Pero ahí está, y ahí
queda. Para un polaco no debe ser ni extraño ni raro sembrar una semilla para que
florezca dentro de mil años.
Ellos así lo hicieron. Si uno quiere entender al Papa desde su
dimensión esencial, que es la fe, debe entender que él no viene a dar certidumbres
económicas o políticas. Viene a dar otro tipo de certidumbres. Cristo salva.
Punto. Hay resurrección. No nos dirá "va a haber democracia". Dirá
"ojalá". No va a depender de él. Es un momento de incertidumbres casi totales
en el ámbito de la economía, de la política, de la educación, de la cultura, de la
paz, de la libertad y de la justicia, pero la certidumbre radical que el Papa viene a
decir es: Cristo salva. Quizá no sea suficiente, pero es la parte que le toca al
Papa. Lo demás, nos toca a nosotros. (*Entrevista publicada en el periódico
capitalino La Crónica, edición 19 de enero de 1999)