Breve biografía de S.S. Juan Pablo II
Karol Wojtyla nace el 18 de mayo de 1920, en
Wadowice, a unos pocos kilómetros de Cracovia, una importante ciudad y centro industrial
al norte de Polonia.
Su padre, un hombre profundamente religioso, era militar
de profesión. Enviudó cuando Karol contaba apenas con nueve años. De él
según su propio testimonio recibió la mejor formación: "Bastaba su
ejemplo para inculcar disciplina y sentido del deber. Era una persona excepcional".
De joven el interés de Karol se dirigió hacia
el estudio de los clásicos, griegos y latinos.
Con el tiempo fue creciendo en él un singular amor a la
filología: a principios de 1938 se traslada junto con su padre a Cracovia para
matricularse en la universidad Jaghellonica y cursar allí estudios de filología polaca.
Sin embargo, con la ocupación de Polonia por parte de
las tropas de Hitler, hecho acontecido el 1 de septiembre de 1939, sus planes de
estudiar filología se verían definitivamente truncados.
En esta difícil situación, y con el fin de evitar la
deportación a Alemania, Karol busca un trabajo. Es contratado como obrero en una
cantera de piedra, vinculada a una fábrica química, de nombre Solvay.
También en aquella difícil época Karol se
iniciaba en el "teatro de la palabra viva", una forma muy sencilla de hacer
teatro: la actuación consistía esencialmente en la recitación de un texto poético. Las
representaciones se realizaban en la clandestinidad, en un círculo muy íntimo, por el
riesgo de verse sometidos a graves sanciones por parte de los nazis.
Otra importante ocupación de Karol por aquella
época era la ayuda eficaz que prestaba a las familias judías para que pudiesen escapar
de la persecución decretada por el régimen nacionalsocialista. Poniendo en riesgo su
propia vida, salvaría la vida de muchos judíos.
A principios de 1941 muere su padre. Karol
contaba por entonces con 21 años de edad. Este doloroso acontecimiento marcará un hito
importante en el camino de su propia vocación: «después de la muerte de mi padre
dirá el Santo Padre en diálogo con André Frossard, poco a poco fui tomando
conciencia de mi verdadero camino. Yo trabajaba en la fábrica y, en la medida en que lo
permitía el terror de la ocupación, cultivaba mi afición a las letras y al arte
dramático. Mi vocación sacerdotal tomó cuerpo en medio de todo esto, como un hecho
interior de una transparencia indiscutible y absoluta. Al año siguiente, en otoño,
sabía ya que había sido llamado. Veía claramente qué era lo que debía abandonar y el
objetivo que debía alcanzar "sin una mirada atrás".
Sería sacerdote.
Habiendo escuchado e identificado con claridad el
llamado del Señor, Karol emprende el camino de su preparación para el sacerdocio,
ingresando al seminario clandestino de Cracovia, en 1942. Dadas las siempre difíciles
circunstancias, el hecho de su ingreso al seminario que se había establecido
clandestinamente en la residencia del Arzobispo Metropolitano, futuro Cardenal Adam
Stepan Sapieha debía quedar en la más absoluta reserva, por lo que no dejó de
trabajar como obrero en Solvay. Años de intensa formación transcurrieron en la
clandestinidad hasta el 18 de enero de 1945, cuando los alemanes abandonaron la ciudad
ante la llegada de la "armada roja".
El 1 de noviembre de 1946, fiesta de Todos los Santos, llegó el día anhelado:
por la imposición de manos de su Obispo, Karol participaba desde entonces y
para siempredel sacerdocio del Señor. De inmediato el padre Wojtyla fue
enviado a Roma para continuar en el Angelicum sus estudios teológicos.
Dos años más tarde, culminados excelentemente los
estudios previstos, vuelve a su tierra natal: Regresaba de Roma a Cracovia dice el
Santo Padre en Don y Misteriocon el sentido de la universalidad de la misión
sacerdotal, que sería magistralmente expresado por el Concilio Vaticano II, sobre todo en
la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium. No sólo el obispo, sino
también cada sacerdote debe vivir la solicitud por toda la Iglesia y sentirse, de algún
modo, responsable de ella.
Como Vicario fue destinado a la parroquia de Niegowic,
donde además de cumplir con las obligaciones pastorales propias de la parroquia, asumió
la enseñanza del curso de religión en cinco escuelas elementales.
Pasado un año fue trasladado a la parroquia de San
Florián. Entre sus nuevas labores pastorales le tocó hacerse cargo de la pastoral
universitaria de Cracovia. Semanalmente iba disertando para la juventud
universitaria sobre temas básicos que tocaban los problemas fundamentales sobre la
existencia de Dios y la espiritualidad del ser humano, temas que eran necesarios
profundizar junto con la juventud en el contexto del ateísmo militante, impuesto por el
régimen comunista de turno en el gobierno de Polonia.
Dos años después, en 1951, el nuevo Arzobispo de
Cracovia, mons. Eugeniusz Baziak, quiso orientar la labor del padre Wojtyla
más hacia la investigación y la docencia. No sin un gran sacrificio de su parte, el
padre Karol hubo de reducir notablemente su trabajo pastoral para dedicarse a la
enseñanza de Ética y Teología Moral en la Universidad Católica de Lublín. A él se le
encomendó la cátedra de Ética. Su labor docente la ejerció posteriormente también en
la Facultad de Teología de la Universidad Estatal de Cracovia.
Nombrado Obispo por el Papa Pío XII, fue consagrado el
23 de setiembre de 1958. Fue entonces destinado como Obispo auxiliar a la diócesis de
Cracovia, quedando a cargo de la misma en 1964. Dos años después, la diócesis de
Cracovia sería elevada al rango de Arquidiócesis por el Papa Pablo VI.
Su labor pastoral como Obispo estuvo marcada por su
preocupación y cuidado para con las vocaciones sacerdotales. En este sentido, su
infatigable labor apostólica y su intenso testimonio sacerdotal dieron lugar a una
abundante respuesta de muchos jóvenes que descubrieron su llamado al sacerdocio y
tuvieron el coraje de seguirlo.
Asimismo, ya desde entonces destacaba entre sus grandes
preocupaciones la integración de los laicos en las tareas pastorales.
Mons. Wojtyla tendrá una activa participación
en el Concilio Vaticano II. Además de sus intervenciones, que fueron numerosas, fue
elegido para formar parte de tres comisiones: Sacramentos y Culto Divino, Clero y
Educación Católica. Asimismo formó parte del comité de redacción que tuvo a su cargo
la elaboración de la Constitución pastoral Gaudium et spes.
Es creado Cardenal por el Papa Pablo VI en 1967, un año
clave para la Iglesia peregrina en tierras polacas. Fue entonces que la Sede Apostólica
puso en marcha su conocida Ostpolitik, dando inicio a un importante "deshielo" a
nivel de las frías relaciones entre la Iglesia y el Estado comunista. El flamante
Cardenal Wojtyla asumiría un importante papel en este diálogo, y sin duda
respondió a esta difícil y delicada tarea con mucho coraje y habilidad. Su postura
la postura en representación de la Iglesiaera la misma que había sido tomada
también por sus ejemplares predecesores: la defensa de la dignidad y derechos de toda
persona humana, así como la defensa del derecho de los fieles a profesar libremente su
fe.
Su sagacidad y tenacidad le permitieron obtener también
otras significativas victorias: tras largos años de esfuerzos, en contra de la
persistente oposición de las autoridades, tuvo el gran gozo de inaugurar una iglesia en
Nowa Huta, una "ciudad piloto" comunista. Los muros de esta iglesia, cual
símbolo silente y a la vez elocuente de la victoria de la Iglesia sobre el régimen
comunista, habían sido levantados con más de dos millones de piedras talladas
voluntariamente por los cristianos de Cracovia.
En cuanto a la pastoral de su arquidiócesis, el
continuo crecimiento de la cuidad planteaba al Cardenal muchos retos. Ello motivó a que
con habitual frecuencia reuniese a su presbiterio para analizar las diversas situaciones,
con el objeto de responder adecuada y eficazmente a los desafíos que se iban presentando.
En 1975 asiste al III Simposio de Obispos Europeos.
Allí en el que se le confía la ponencia introductoria: «El obispo como servidor de la
fe». Ese mismo año dirige los ejercicios espirituales para Su Santidad Pablo VI y para
la Curia vaticana. Las pláticas que dio en aquella ocasión fueron publicadas en un libro
titulado Signo de contradicción.
Sucesor de Pedro
Elegido pontífice el 16 de octubre de 1978, escogió
los mismos nombres que había tomado su predecesor: Juan Pablo. En una hermosa y
profunda reflexión, hecha pública en su primera encíclica (Redemptor hominis), dirá
él mismo sobre el significado de este nombre: ya el día 26 de agosto de 1978, cuando él
(el entonces electo Cardenal Albino Luciani) declaró al Sacro Colegio que quería
llamarse Juan Pablo un binomio de este género no tenía precedentes en la
historia del Papadodivisé en ello un auspicio elocuente de la gracia para el nuevo
pontificado. Dado que aquel pontificado duró apenas 33 días, me toca a mí no sólo
continuarlo sino también, en cierto modo, asumirlo desde su mismo punto de partida.
Esto precisamente quedó corroborado por mi elección de
aquellos dos nombres. Con esta elección, siguiendo el ejemplo de mi venerado Predecesor,
deseo al igual que él expresar mi amor por la singular herencia dejada a la Iglesia por
los Pontífices Juan XXIII y Pablo VI y al mismo tiempo mi personal disponibilidad a
desarrollarla con la ayuda de Dios.
A través de estos dos nombres y dos pontificados conecto con toda la
tradición de esta Sede Apostólica, con todos los Predecesores del siglo XX y de los
siglos anteriores, enlazando sucesivamente, a lo largo de las distintas épocas hasta las
más remotas, con la línea de la misión y del ministerio que confiere a la Sede de Pedro
un puesto absolutamente singular en la Iglesia. Juan XXIII y Pablo VI constituyen una
etapa, a la que deseo referirme directamente como a umbral, a partir del cual quiero, en
cierto modo en unión con Juan Pablo I, proseguir hacia el futuro, dejándome guiar
por la confianza ilimitada y por la obediencia al Espíritu que Cristo ha prometido y
enviado a su Iglesia (...). Con plena confianza en el Espíritu de Verdad entro pues en la
rica herencia de los recientes pontificados. Esta herencia está vigorosamente enraizada
en la conciencia de la Iglesia de un modo totalmente nuevo, jamás conocido anteriormente,
gracias al Concilio Vaticano II. (Con información vía Internet) |