En Roma hay más de sesenta catacumbas, con cientos de kilómetros de
galerías y decenas de miles de tumbas. También hay catacumbas en Chiusi, Bolsena,
Nápoles, Sicilia oriental y Africa del Norte.
El sistema de excavación subterránea no lo inventaron los cristianos
ni lo causaron las persecuciones. Las catacumbas eran simplemente cementerios colectivos
cristianos, excavados en la profundidad de la tierra.
Los cristianos adoptaron la técnica de la excavación que ya existía
y la desarrollaron en gran escala con una vasta red de galerías en niveles superpuestos.
Esta fue la solución para los problemas del entierro para una gran comunidad con un
número creciente de miembros. El rápido y enorme desarrollo de algunas catacumbas se
explica con el culto de los mártires que se sepultaban en ellas, porque muchos cristianos
insistían en tener una tumba cerca de los venerados sepulcros, para asegurarse su
protección.
Las catacumbas, por la importancia que encierran, reciben hoy la visita
de miles de peregrinos de todas las partes del mundo. Por su precioso patrimonio de
pinturas, inscripciones, esculturas, etc., son consideradas auténticos archivos de la
Iglesia primitiva, que documentan los usos y costumbres, los ritos y la doctrina cristiana
como se entendía, se enseñaba y se practicaba entonces.
Los primeros cristianos no sepultaron su fe y su vida bajo tierra, sino
que vivieron la vida común del pueblo en la familia, en la sociedad, en todos los
trabajos, empleos y profesiones. Dieron testimonio de su fe en todas partes, pero fue en
las catacumbas donde aquellos heroicos cristianos encontraron la fuerza y el apoyo para
afrontar las pruebas y las persecuciones, mientras oraban al Señor e invocaban la
intercesión de los mártires.
Los cristianos de los primeros tiempos dieron un maravilloso testimonio
de Cristo, muchos de ellos hasta el derramamiento de la sangre, de modo que su martirio se
convirtió en un distintivo glorioso de la Iglesia.
A pesar del hecho de que las catacumbas no son, después de todo, más
que cementerios, hablan a la mente y al corazón de los que las visitan con un lenguaje
silencioso y eficaz. En las catacumbas todo habla de vida más que de muerte. Cada
galería, cada símbolo o pintura que se encuentra, cada inscripción que se lee, hace
revivir el pasado y ofrece un claro mensaje de fe y de testimonio cristiano.
Por tanto, la visita a las catacumbas no se puede reducir a una
excursión turística o a una meta artístico-cultural; sino que, imitando los ejemplos de
innumerables peregrinos del pasado, la visita debe ser una auténtica peregrinación de fe
a uno de los monumentos históricos más significativos de la vida y del martirio de la
Iglesia romana de los primeros siglos.
LOS SIMBOLOS
Los primeros cristianos vivían en medio de una sociedad
mayoritariamente pagana y hostil. Desde la persecución de Nerón (64 después de Cristo)
se consideraba que su religión era "una superstición extraña e ilegal". Los
paganos desconfiaban de los cristianos
y se mantenían a distancia, sospechaban de ellos y los acusaban de los
peores delitos. Los perseguían, los encarcelaban y los condenaban al destierro o a la
muerte.
Como no podían profesar abiertamente su fe, los cristianos se valían
de símbolos que pintaban en los muros de las catacumbas y, con mayor frecuencia, grababan
en las lápidas de mármol que cerraban las tumbas.
Como a todos los antiguos, a los cristianos les agradaba mucho el
simbolismo. Los símbolos expresaban visiblemente su fe.
El término "símbolo" se aplica a un signo concreto o a una
figura que, de acuerdo con la intención del autor, evoca una idea o una realidad
espiritual. Los símbolos más importantes son el Buen Pastor, el "orante", el
monograma de Cristo y el pez.
El
Buen Pastor con la oveja sobre los hombros representa a Cristo salvador y al alma
que ha salvado. Este símbolo se encuentra con frecuencia en los frescos, en los relieves
de los sarcófagos, en las estatuas, así como grabado sobre las tumbas.
El orante: esta figura, representada con los brazos abiertos, es símbolo
del alma que vive ya en la paz divina.
El monograma de Cristo está formado por dos letras del alfabeto griego: la
X (ji) y la P (ro) superpuestas. Son las dos primeras letras de la palabra griega
"Christòs" (Jristós), es decir, Cristo. Este monograma, puesto en una tumba,
indicaba que el difunto era cristiano.
El pez. En griego se dice "IXTHYS" (Ijzýs). Puestas en
vertical, estas letras forman un acróstico: "Iesús Jristós, Zeú Yiós,
Sotér" = Jesucristo, Hijo de Dios, Salvador. Acróstico es una palabra griega que
significa la primera letra de cada línea o párrafo. Es un símbolo muy difundido de
Cristo, emblema y compendio de la fe cristiana.
Otros símbolos son la paloma, el Alfa y la Omega, el ancla, el ave
fénix, etc.
La
paloma con el ramo de olivo en el pico es símbolo del alma en la paz divina.
El Alfa y la Omega son la primera y la última letra del alfabeto griego.
Significan que
Cristo es el principio y el fin de todas las cosas.
El
ancla es el símbolo de la salvación, símbolo del alma que ha alcanzado felizmente
el puerto de la eternidad.
El ave fénix, ave mítica de Arabia que, según creían los antiguos,
renace de sus cenizas después de un determinado número de siglos, es el símbolo de la
resurrección.