Panistas y perredistas simplemente no se pueden ver. Se atacan
verbalmente y, más que procurar una postura de sus partidos ante un acontecimiento de
trascendencia e interés nacional, exhiben una inmadurez política que podría costarles
caro a la hora de cobrar facturas.
Más que contra el partido oficial, son los propios partidos de
oposición los que se están enfrascando en una guerra de "declaracionitis" que
cada vez es más aguda.
Las campañas proselitistas de los candidatos del blanquiazul, Francisco
López Mena, y del partido del sol azteca, Gastón Alegre López, por la
gubernatura de Quintana Roo, propiciaron la visita de importantes figuras políticas que
son líderes de opinión, pero que en vez de reforzar dichas candidaturas sirvieron para
llevar más agua a su molino y aumentar su propia popularidad.
Sin embargo, es precisamente dentro de los partidos de oposición donde
se puede encontrar a políticos con cierta capacidad de llamar la atención de la
sociedad. En el Partido Revolucionario Institucional (PRI) no hay por el momento una
figura que no esté en campaña o que no sea candidato a algún puesto de elección
popular, capaz de atraer a las masas como en otros tiempos lo hizo Manuel J. Clouthier,
por mencionar un ejemplo.
Porfirio Muñoz Ledo, Felipe Calderón Hinojosa, Carlos
Medina Plascencia y Vicente Fox Quesada coincidieron en Quintana Roo, una
entidad que hasta hace poco tiempo prácticamente no llamaba la atención nacional el
hecho de tener elecciones gubernamentales, sin embargo, la coyuntura del problema del
narcotráfico y la presunta vinculación en él del gobernador Mario Villanueva Madrid,
están colocando a la entidad no sólo en el plano nacional, sino en el internacional.
Para Vicente Fox, el PRD es un partido de caciques con
ideas obsoletas, en referencia a Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo.
Para Porfirio Muñoz Ledo, el PRI y el PAN son lo
mismo; son peores que un "animal de dos cabezas", un "PRI-azulado";
identifica a Fox como un candidato "inmoral".
Para Felipe Calderón Hinojosa, el PRD padece de "impotencia
política" para enfrentar cualquier problema serio y resolverlo.
Carlos Medina Plascencia ve en el PRD a un partido de "ruptura
y de confrontación".
Así las declaraciones y los dimes y diretes, las declaraciones de
perredistas y panistas son más que encontradas y son tan afiladas que pueden tener los
efectos de una puñalada..
Estas polémicas figuras políticas tienen una justificación para su
forma de actuar: "Hay que alertar y advertir a la opinión pública", opina Muñoz
Ledo.
Todos están conscientes de la importancia de la popularidad. Incluso
se habla de un "populómetro" que se ejemplifica perfectamente en el caso de Cuauhtémoc
Cárdenas. Dice el diputado federal panista Carlos Medina Plascencia que el
rezago en el que vive la Ciudad de México da como resultado la escasa popularidad del
gobernador perredista.
El coordinador de la fracción parlamentaria del PAN en la Cámara de
Diputados tronó contra el PRD al tacharlo como un partido de ruptura y confrontación,
pero fue más allá al lanzar una propuesta al partido del sol azteca para que cambie su
lema a: "Demagogia ya, patriarca para todos".
En opinión de Medina Plascencia, Porfirio (alias "Porfis",
según lo bautizó) ya vio cerrado el paso, porque Cárdenas será aparentemente
"el bueno en el 2000".
Pero para su compañero de curul, Porfirio Muñoz Ledo, el PAN
le tiene sin cuidado en el sentido de que no lo considera un partido de oposición.
"Es un PRI-azulado y eso hay que advertírselo a la opinión pública".
Acusó al PRI y al PAN de ser un mismo partido. "Son peores que un
animal de dos cabezas", y dijo enfático que ambos institutos políticos están
amafiados, aparte de que han realizado un mal gobierno que ha venido a perjudicar a
millones de mexicanos
Es más, a Vicente Fox lo acusó de malinchista: "A él le
gustan todos los que tienen apellidos en inglés; ésa es una debilidad de él".
Sin mesura y sin ningún tipo de freno, estos líderes hablan y no
desaprovechan ningún micrófono para despotricar en contra de sus opositores políticos.
(E.M.L., Cancún, Quintana Roo, enero de 1999)