El rito del Hana-K´ool

Comunión entre dioses y hombres

Jesús Solís Alpuche

Cada fin de año, al terminar 1998, la familia de los Tec Poot que jefatura don Ezequiel Tec May celebra el ritual del Hana-Kool (comida de milpa) en agradecimiento a los dioses del monte, los santos de la iglesia y al propio Jesucristo, por los beneficios obtenidos en su rancho ganadero, denominado "Pop" y los dones que la tierra les dio para cosechar.

Los rituales y ceremoniales mayas aún no están del todo perdidos con la atroz imposición de la cultura mercantil occidental, y en ocasiones la comunidad mestiza recurre a la tradición de viejos ceremoniales, como en este caso, asistidos por un Jmen o hierbatero indígena para que los dioses no se olviden de asistirlos con sus favores.

La familia Tec Poot de Kinchil en reconocimiento de la protección de los bakabes (dioses de los cuatro vientos alrededor del mundo) y para que los sigan favoreciendo en sus cosechas y su ganadería, como en otras ocasiones, convinieron los servicios de don Pedro Lino Balam, conocido Jmen en la región que radica en la comisaría de Tam-chen para la celebración.

Bajo una añosa mata de mango, que según don Ezequiel tiene aproximadamente 5 katunes (100 años mayas) el Jmen se encarga personalmente de la elaboración de las viandas: el muyal-juaj, con 12 bollos de masa de maíz, que representa a los 12 apóstoles de Jesucristo; estos 12 bollos, condimentados con achiote y frijoles envueltos en hojas de chú —que es un platanillo de monte, con palmas gruesas que no se carbonizan ya cocido bajo tierra—, le da cuerpo al alimento en forma de k’ool que se hace caldo de aves de corral sacrificadas a propósito.

Otro alimento específico es el tuti-huaj, un enrollado también de masa de maíz en frijoles machacados también envueltos en hojas de chú; ambos alimentos, el muyal-huaj y el tuti-huaj, son enterrados (mucbil) para su cocimiento. Y al ser enterrados después de una hora, ya hechos pib, antes de sacarlos, son ofrecidos entre oraciones en maya y baños de ron sobre las veintenas de envoltorios aún en el cráter hecho a propósito, a los bakabes que han de disfrutar sus emanaciones desde el seno de la tierra donde se hicieron pibil.

Según don Pedro Lino Balam, el nojol-ik, viento del sur; el zac-ik, viento del oriente, son vientos buenos y ayudan en todo a los campesinos. Pero el Xaman-Kaan, viento del norte y más el Chikin-Ik, vientos del poniente son dañinos para los campesinos y sus animales y destructivos para las cosechas.

Sin embargo —el Jmen explica— que cuando todos los vientos están en calma, armonizan el desarrollo de las milpas, de los animales y de todos los bienes que los hombres y las mujeres tienen en el campo.

Dice Pedro Lino que Jesucristo, Nuestro Señor, es el que ordena, a su entender, el manejo con la ayuda de todos los santos y las vírgenes del cielo a los dueños de los vientos que en ocasiones se descontrolan por causa de las maldades que se hacen entre hermanos los hombres. Desde que Caín mató a Abel, Dios se enojó mucho con nosotros y cada que los hombres pelean o maltratan a las mujeres, Dios le da libertad a los vientos para que nos castiguen.

Dice también que por eso hay que invocarlos a todos juntos en el ofrecimiento de estos sagrados alimentos en la convivencia que aquí se realiza. Me asegura incluso que esto lo ha consultado con algunos sacerdotes que han respondido que sus invocaciones son correctas, porque el Dios de Jesucristo está en los ranchos y en todos los lugares del monte y el mar.

En el ofrecimiento que hace de los alimentos a los cuatro puntos cardinales del terreno, menciona a innumerables santos católicos, a Nuestra Señora de Kinchil, a la Virgen de Tetiz, de Guadalupe, de Lourdes y de otras diversas partes del mundo. La mayor parte del Santoral de la iglesia mundial en su conjunto con los cuatro bakabes que rigen los cuatro puntos cardinales del rancho "Pop" y del mundo son invitados a participar en el ritual.

De rodillas, frente a cuatro velas rodeado de todas las viandas bajo el añoso árbol de mango, el jmen, ramas de sip-ché en mano, echa incienso a un pequeño bracero cercano y el humo con su dulzón característico se mezcla con el acre de la leña con que se hacen los conocimientos.

En sus rezos en lengua maya no deja de pedir protección y cosechas en el rancho "Pop" y ranchos y aguadas circunvecinas, "para que ningún mal les caiga encima": Xel-ac-tun, Bella Esperanza, Bella Flor, Nock-Ac, Dzit-Och-Can, Zuuc-Tun, Kakal-Ha, Yax-Chun Ha, Ka-Nah, Pakan...

En cada invocación para la ofrenda, primero está Jesucristo, a quien se le habla de "tu": "Ven a bendecir estos santos alimentos que te ofrecemos a tí y a tu corte celestial".

El trato de rey o autoridad que se le confiere no implica jerarquía, en cambio, según entiendo, sí un profundo respeto al poder dador y organizador que rige el universo en el que existen, y hoy conviven los dioses del monte, los dioses de la iglesia y los campesinos mayas.

En su momento el Jmen tiene el poder de atraer a los bakabes y cuidadores del monte a compartir la escencia del Hana-Kool y el Sac-Ha que es una refrescante bebida de maíz cocido sin cal para que no pierda la cascarilla, que se distribuye entre los presentes en ritual; la bebida originalmente es endulzada con miel de abeja india (Xunan-cab) que amortigua el ayuno de los participantes mientras la ceremonia concluye y se comparten los alimentos, cuya esencia los dioses y los santos han compartido a petición del Jmen- durante su elaboración y en cada uno de los cuatro puntos cardinales del plantel donde quedan sus respectivas ofrendas, trabajadas únicamente por los hombres mientras las mujeres esperan expectantes la repartición.

El Hana-Kool, verdadera comunión entre dioses y campesinos mayas en ocasiones pierde su interés sincrético bajo la influencia de la transcultura, pues la cerveza suple el ron y los refrescos embotellados o enlatados, el Sac-Ha. En lugar del Jmen se contrata una rezadora que realiza "un 15 misterios" y en lugar de hacerlo para los intereses de una comunidad como en el caso de los Tec Poot, se hace para los intereses individuales de personas adineradas, como algo folklórico que destruye la mística del ceremonial auténtico. (J.S.A. Mérida, Yucatán, Méx., enero de 1999).

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La Revista Peninsular

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