El Volcán de Fuego de Colima
El Volcán de Fuego de Colima, (3,860 m sobre el nivel del mar, msnm) es
un estratovolcán andesítico que forma parte, junto con el Nevado de Colima (4,330 msnm),
de un complejo volcánico del Cuaternario situado en el Cinturón Neovolcánico Mexicano y
cuyas coordenadas geográficas (19º 30 44" N y 103º 37 02" W) lo
sitúan entre los Estados de Colima y Jalisco, en los municipios de Tuxpan, Zapotitlán,
Tonila, Comala y Cuauhtémoc.
A
lo largo de los últimos 500 años el Volcán de Fuego de Colima ha tenido una frecuencia
de actividad de tipo explosivo con un número que supera las 30 erupciones, entre las que
destacan las de 1585, 1606, 1622, 1690, 1818, 1869, 1890, 1903 y 1913, por citar sólo
algunas. Adicionalmente, se debe tener en cuenta la actividad de menor grado, todo lo cual
nos demuestra que a lo largo de los últimos siglos este volcán ha incrementado su
proceso eruptivo, y la actividad que sigue manteniendo actualmente es el motivo por el
cual se deben seguir realizando estudios sobre su peligrosidad y riesgo en el momento de
una nueva erupción.
Las manifestaciones evidentes que ha demostrado el Volcán de Fuego de
Colima durante sus períodos de actividad, son las erupciones de material magmático
expulsado en diferentes formas, presentando además otras manifestaciones pre-eruptivas
que nos dan la posibilidad de prevenir una gran erupción. Una de las recientes, la de
1913, produjo un cráter de aproximadamente 500 metros de profundidad que se ha llenado
lentamente con lava y ha sobrepasado el nivel de los labios del cráter formando un domo
que obstruye la chimenea principal del volcán, convirtiéndose en un tapón que impide la
salida del material desde el interior. En 1991, un episodio de crecimiento de domo de lava
en bloques generó un colapso parcial del cuerpo del mismo, produciendo derrumbes de
material incandescente y lahares posteriores. La reciente erupción de carácter efusivo
de hace unos días (20 noviembre de 1998), nos demuestra que la actividad interna del
volcán sigue el comportamiento de siglos anteriores, en los cuales el ciclo eruptivo
termina con un cambio en el estilo de actividad, culminando en erupciones explosivas y
finalizando en una erupción entre subpliniana y pliniana con la generación de una
columna eruptiva mayor a 10 km, y produciendo lluvia de ceniza en un radio mayor a 30 km,
generando además flujos piroclásticos por las pendientes hasta en un radio de 15 km, tal
y como ocurrió en 1818 y 1913.
 |
Detector acústico de
flujo y pluviómetro en "La Espinera". |
En el domo también se producen explosiones. Entre las
más recientes tenemos la ocurrida en 1987, y la mejor documentada del 21 de julio de
1994. Esta última fue una explosión considerable que provocó un cráter somero en la
superficie del domo formado en 1991 y alcanzando un diámetro de 130 metros por 50 metros
de profundidad, y produjo una ligera lluvia de ceniza hacia el oeste.
En la actualidad existen, tanto en los Estados de Colima y Jalisco, un
número de poblaciones vulnerables ante una posible erupción. El depósito de flujos
piroclásticos, lluvia de pómez y cenizas, así como flujos de lodo o lahares, podrían
afectar en primera instancia a las poblaciones de La Yerbabuena, La Becerrera, Barranca
del Agua, rancho El Jabalí, Suchitlán, San Antonio y rancho La Joya, en el Estado de
Colima, además de San Marcos, Tonila, Cofradía de Tonila, El Fresnal, Juan Barragán,
Atenquillo, El Embudo y El Chayán, en el Estado de Jalisco, y en segundo término a otras
poblaciones un poco más alejadas de ambos Estados, como son Quesería, Ciudad Guzmán,
Tuxpan, la capital Colima, Villa de Alvarez, Comala y Cuauhtémoc, por citar sólo
algunas.
El Volcán de Fuego de Colima presenta otras manifestaciones que nos
permiten prever la posibilidad de una erupción. A este respecto, el conocimiento de la
actividad sísmica es muy importante, para lo cual se cuenta con el apoyo de la Red
Sismológica Telemétrica del Estado de Colima (Resco).
Buena parte del monitoreo de la actividad del Volcán de Fuego lo lleva
a cabo el personal del Observatorio Vulcanológico de la Universidad de Colima, apoyado
por el Sistema Estatal de Protección Civil.
 |
Estación central de
registro y procesamiento de información. |
En 1988 se inició un proyecto de colaboración entre el
Instituto de Geofísica de la UNAM y la Universidad de Colima para instalar un sistema de
monitoreo. Actualmente la Universidad de Colima opera una red sísmica (Resco) que incluye
cinco estaciones de vigilancia sísmica sobre el volcán. También cuenta con un
espectrómetro de correlación (Cospec), para medir el bióxido de azufre y con otros
dispositivos especializados de monitoreo.
El Cenapred ha participado como asesor en el monitoreo y en la
evaluación de riesgo del Volcán de Fuego.
La nueva etapa en actividad volcánica del Volcán de Fuego se inició
en noviembre de 1997 con un enjambre de sismos que duró 12 días. A partir de allí
sucedió una serie de enjambres con diferentes duraciones e intensidades.
Hacia finales de junio de 1998 se presentó un cuarto enjambre con
eventos de frecuencia intermedia que culmina con un evento explosivo leve el 6 de julio.
 |
Técnicos del CENAPRED. |
A partir de allí, la sismicidad comienza a incrementarse
de manera sostenida con períodos de ascenso y descenso dentro de la tendencia general de
aumento. Aparecen esporádicamente señales de baja frecuencia el 11 de julio (0.3 Hz), el
22 de julio (0.7-1 Hz), así como señales monocromáticas de frecuencias variables como
las de julio 19 y 23, con frecuencias de 0.6, 1.3 y 2.8 Hz.
En octubre 30 comienza el último enjambre que culmina con la erupción
del 20 de noviembre de 1998. Los eventos ocurridos durante este período son en general de
magnitud baja, aunque se dan eventos relativamente grandes que saturan los sismogramas,
como el ocurrido el 12 de noviembre (M~3.0), que fue sentido en algunas poblaciones
cercanas al volcán. También, a lo largo de todo desarrollo se presentan derrumbes cada
vez con mayor frecuencia. El número de eventos fue tan grande que se imposibilitó el
conteo; en su lugar se llevó a cabo el monitoreo de las amplitudes de los registros
sísmicos.
A partir del 20 de noviembre, día en que apareció el domo, la
actividad sísmica decae dramáticamente y las señales sísmicas que aparecían en los
sismogramas son sustituidas por señales de derrumbes que indican el avance del material
expulsado por el volcán: lava y flujos piroclásticos. (Información obtenida
vía Internet) |