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Viernes, 15 de Octubre de 1999.

Edición No. 521

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Ecos de una charla

Vicente Leñero:
un escritor universal

Santiago Canales y Alejandro Fitzmaurice

El viernes pasado, cuando la edición anterior ya había salido a la luz, el reconocido escritor Vicente Leñero ofreció una conferencia en el café-librería La Vía, al término de la cual charló con dos de nuestros colaboradores. A continuación, ofrecemos la conversación sostenida:

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El escritor Vicente Leñero.
El escritor Vicente Leñero.

La Revista: ¿Cómo observa Vicente Leñero un premio tan importante como el Biblioteca Breve, después de estos años?

Vicente Leñero: En nuestros tiempos era un premio de una editorial que significaba mucho para los escritores de mi generación. Era el premio que nos había abierto a la literatura europea, la literatura importante.

Surgió en España de la unión entre dos personajes de la vida cultural: Seix, que era una distribuidor maravilloso, y Carlos Barral, un editor que publicaba en español a los autores más experimentales de ese tiempo. Representó, en los años setenta, la editorial que nos lanzaba a las nuevas corrientes literarias, por lo tanto, eran libros muy especiales.

El premio había estado muy cerrado a España y de pronto se abre a la literatura latinoamericana y ahí entramos escritores como Vargas Llosa, Cabrera Infante, Adriano González Menéndez… Es entonces cuando nos damos cuenta de que somos hermanos en la lengua y, entre otras cosas, esto provoca el "boom latinoamericano". Yo sí me consideré un escritor que estaba creando una literatura más universal. Después de este fenómeno España volvió a cerrarse debido a que los escritores latinoamericanos barrieron con la literatura europea; Gabriel García Márquez es la cúspide del boom latinoamericano. La literatura española queda muy deslavada, opacada por la nueva literatura latinoamericana, por lo que se acabó Seix-Barral, se acabó el premio y la literatura latinoamericana pasó un poco de moda. Los españoles intentaron ser de nuevo "punta de lanza", lo que originó una literatura española fuertísima. Pasa el tiempo y el fenómeno se vuelve a dar, España se vuelve a abrir, y al reinstalarse el premio Biblioteca Breve, lo gana un mexicano, lo cual es muy significativo.

Al escritor le sirve mucho recibir un premio; un premio puede dar cierta popularidad, pero yo creo que al escritor, así como publicar un libro, le da la seguridad saber que es un escritor.

La primera prueba de que uno es escritor es que el libro se venda, y cuando éste está avalado por un premio se lee más. Siempre que uno empieza como escritor se pregunta cómo desarrollarse; el escritor que tarda mucho en publicar, el florecimiento de su carrera es más lento.

L.R.: ¿Con quién se identifica más Vicente Leñero: con el Vicente Leñero periodista o con el Vicente Leñero escritor?

V.L.: En el fondo con el Vicente Leñero escritor. Ante todo he sido siempre un escritor. Yo incursioné en el periodismo por una necesidad; como no tenía preparación ni un suficiente bagaje cultural, pues estudiaba ingeniería en la UNAM y eso no tiene nada que ver con la cultura, vivía totalmente al margen. Entré a una escuela de periodismo porque pensé que ahí me iban a enseñar a escribir, yo quería la herramienta, un instrumento para escribir; incluso en mis trabajos periodísticos era muy tímido, muy miedoso, no era un reportero muy acometido, dudaba de su calidad (de los textos) pero pensaba que al escribirlos mejorarían; puedes hacer un mal trabajo como reportero y hacerlo bien en el campo de la escritura.

L.R.: "Los Albañiles", su novela capital, es un pilar de la literatura contemporánea, a la altura de "La Ciudad y los Perros" y "Crónica de una muerte anunciada". ¿Al crear una nueva novela no siente el peso de aquella otra?

V.L.: No la considero así de grande. Hay niveles, yo respeto mucho a mis contemporáneos como los grandes maestros de la literatura contemporánea. Yo pienso que Vargas Llosa, García Márquez, Borges, están en otro nivel, el escritor tiene que tener conciencia de cuáles son sus niveles. Claro, eso le facilita a uno tener libertad para escribir; cuando el escritor siente que ha escrito un gran libro, una novela capital, es más difícil escribir. A Juan Rulfo le pasó con "Pedro Páramo"; yo no sé si "Los Albañiles" sea mi mejor novela, pero muchos problemas no resueltos en "Los Albañiles" pude tratarlos en otras novelas.

Se me dificultaba mucho el género de la novela; yo abandoné durante mucho tiempo la novela, así que cuando regresé fue como volver a empezar, como la primera vez, un poco con la inocencia y la frescura del que escribe la primera vez, aunque con el conocimiento y la experiencia; inclusive el final de mi última novela ("La vida que se va") es muy similar al final de "Los Albañiles"; cuando estuve escribiendo el borrador me detuve un poco porque sentía que estaba escribiendo lo mismo; para mí, lo que empiezo con "Los Albañiles" terminó con "La vida que se va".

L.R.: ¿Por qué Vicente Leñero se decide a reescribir "Los Albañiles" en teatro?

V.L.: No lo recuerdo bien. Yo había escrito una primera vez una obra de teatro que había representado en México, y que había tenido una buena respuesta del público en México. Quise abrirme un poco al teatro; el teatro es muy diferente a la novela, (ya que) se ve representado en un foro, y pues aprovechando que ahí tenía "Los Albañiles", adaptar el lenguaje era algo que me entusiasmaba. Es la misma historia con un lenguaje diferente. Mi director tenía el interés de adaptar "Los Albañiles" al teatro. Creo que así fue pero ya hace tanto tiempo que no me acuerdo.

L.R.: "La Gota de Agua", novela sin ficción, tiene una fuerte carga de lenguaje técnico. ¿Por qué?

V.L.: Es la novela que he escrito con mayor sentido del humor; alguien pensaba que los escritores latinoamericanos eran muy solemnes, se añoraba lo divertido de la literatura. Vargas Llosa hace esta reflexión cuando escribe "Pantaleón y las Visitadoras", una novela humorística; nosotros teníamos a Ibargüengoitia, que era un humorista natural. Fue una preocupación por hacer una novela fácil o divertida y también un acontecimiento de nuestra vida personal: en la vida de nuestra casa nos quedamos sin agua y fue una tragedia.

Fue un libro en el cual quería reflejar ese acontecimiento de mi vida, volcar mis conocimientos ingenieriles; además necesitaba escribirlo para desahogarme de lo que sentía en ese momento. Ya no se volvió a editar ese libro.

L.R.: ¿Qué experiencia toma Vicente Leñero de la Subdirección de Proceso?

V.L.: Es una experiencia inevitable. Cuando yo trabajaba en Excélsior trabajaba en Revista de Revistas, estaba muy cansado de ser periodista. Tenía un tiempo laboral muy ocupado y añoraba dedicarme a la literatura. Yo tenía ganas de abandonar el periodismo y había hablado con Julio Scherer; le dije que iba a dejar Revista de Revistas, que me iba a dedicar a escribir. Scherer me insistía en continuar en la revista, entonces surge el golpe a Excélsior, que fue un fenómeno político. A Echeverría le molestaba el periódico, la dirección de Scherer, porque era un periodista "sin pelos en la lengua"; en fin, (fueron) muchas razones político-periodísticas. Los que salimos de ahí empezamos a conformar una revista y trabajé en esa revista siempre esperando el momento de jubilarme, de irme, apoyando el hecho de que la literatura siempre ha sido más importante para mí que el periodismo. Tuvieron que pasar veinte años en la revista Proceso para dejarla en manos de un grupo nuevo que la continuara; entonces pude dedicarme a escribir esta nueva novela que tenía mucho tiempo gestándose. Toda experiencia humana le sirve al escritor, porque de ahí parte para escribir.

L.R.: ¿Cómo surge la magistral estructura de "Los Albañiles"?

V.L.: Nace sobre carencias. Yo solicité una beca para el Centro Mexicano de Escritores; tenía treinta años, había escrito una novela pequeña llamada "La Voz Adolorida", entonces con esa novela como aval me dieron la beca. Le daban a uno una cantidad mensual, pero yo la había solicitado para cuento y me la dieron para novela. Yo había pensado escribir un libro de cuentos sobre albañiles, iba a hacer un cuento sobre un velador que había amanecido muerto y tenía la imagen de un plomero, etc. Decido que, para cumplir el requisito de escribir una novela, juntaría los cuentos, y me sentía un poco frustrado pues pensaba que era más apto para el cuento que para la novela. Cada mes me tocaba leer el trabajo realizado en el CME y me iba muy mal, me criticaban mucho y ya había pasado medio año; fue entonces cuando Ramón Xirau me dio la idea de comenzar a escribir la novela de nuevo. Decepcionado, regresé a casa y tuve tiempo para pensar; me decidí en un arranque de decisión destruir lo que llevaba y reescribí con rapidez la novela. Con el trabajo anterior de análisis, reuní todos los cuentos alrededor de la historia del velador asesinado convirtiéndolo en el motor de la novela. La conciencia del manejo de las estructuras se adquiere posterior a su utilización.

L.R.: En el campo social, ¿cuál es la aportación de Vicente Leñero como escritor?

V.L.: El escritor trabaja sobre sus propias obsesiones, la posición del escritor frente al mundo; a diferencia de otras profesiones, otras vocaciones, otras actividades, es la de dar testimonio de la realidad.

La misión del escritor, la que yo quisiera realizar, es la de dar testimonio de esa parte que le toca vivir. El escritor está muy ligado con el principio cristiano de no juzgar a los demás. Gracias al escritor la gente se hace más conciencia de nuestra realidad.

L.R.: ¿Vicente Leñero es un autor que busca provocar placer en el lector o hacerlo pensar, reflexionar?

V.L.: Uno piensa escribir bien. Hay una preocupación por la estética. El placer estético es un valor muy sublime. La narrativa pocas veces toca los linderos del arte, en comparación con la música, la pintura, la poesía que están muy enfocadas a provocar placer estético. El estilo es algo muy difícil de conseguir, consiste en decir las cosas y decirlas bien, y es muy importante para mí. El escritor internamente sabe lo que tiene que decir, el problema es cómo lo dice. Debajo de un estilo bien definido hay mucho trabaja, como una construcción arquitectónica. El trabajo del escritor es de mucho empeño, tiene que hacer que las palabras fluyan y no parezca que dio esfuerzo construir la obra.

L.R.: ¿Cómo observa Vicente Leñero la ética periodística en México?

“Yo sí me consideré un escritor que estaba creando una literatura más universal.”"Yo si me consideré un escritor que estaba creando una literatura más universal."

V.L.: La ética es un problema moral que está regido por la misma profesión. Es un problema técnico del periodismo. El periodista no se corrompe porque sea mal periodista. El periodista se amarillea al sustituir la información por el escándalo, pues es más fácil amarillear que trabajar a fondo un asunto; lo es dar opiniones en un reportaje que trabajarlo bien. Cuando una nota tiene un buen trabajo de investigación, está bien redactada, no se necesita amarillear ni dar opiniones. Todos los problemas del periodismo —el amarillismo, la corrupción, etc.— lastiman la profesión.

La ética y la moral siempre están ligadas al bien hacer del escritor. (Mérida, Yucatán, Méx., octubre de 1999)

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