
El escritor Vicente Leñero.
|
La
Revista: ¿Cómo observa Vicente Leñero un premio tan importante como el
Biblioteca Breve, después de estos años?
Vicente Leñero: En nuestros tiempos
era un premio de una editorial que significaba mucho para los escritores de mi
generación. Era el premio que nos había abierto a la literatura europea, la literatura
importante.
Surgió en España de la unión entre dos
personajes de la vida cultural: Seix, que era una distribuidor maravilloso, y Carlos
Barral, un editor que publicaba en español a los autores más experimentales de ese
tiempo. Representó, en los años setenta, la editorial que nos lanzaba a las nuevas
corrientes literarias, por lo tanto, eran libros muy especiales.
El premio había estado muy cerrado a
España y de pronto se abre a la literatura latinoamericana y ahí entramos escritores
como Vargas Llosa, Cabrera Infante, Adriano González Menéndez
Es entonces cuando nos damos cuenta de que somos hermanos en la lengua y, entre otras
cosas, esto provoca el "boom latinoamericano". Yo sí me consideré un escritor
que estaba creando una literatura más universal. Después de este fenómeno España
volvió a cerrarse debido a que los escritores latinoamericanos barrieron con la
literatura europea; Gabriel García Márquez es la cúspide del boom
latinoamericano. La literatura española queda muy deslavada, opacada por la nueva
literatura latinoamericana, por lo que se acabó Seix-Barral, se acabó el premio y la
literatura latinoamericana pasó un poco de moda. Los españoles intentaron ser de nuevo
"punta de lanza", lo que originó una literatura española fuertísima. Pasa el
tiempo y el fenómeno se vuelve a dar, España se vuelve a abrir, y al reinstalarse el
premio Biblioteca Breve, lo gana un mexicano, lo cual es muy significativo.
Al escritor le sirve mucho recibir un
premio; un premio puede dar cierta popularidad, pero yo creo que al escritor, así como
publicar un libro, le da la seguridad saber que es un escritor.
La primera prueba de que uno es escritor es
que el libro se venda, y cuando éste está avalado por un premio se lee más. Siempre que
uno empieza como escritor se pregunta cómo desarrollarse; el escritor que tarda mucho en
publicar, el florecimiento de su carrera es más lento.
L.R.: ¿Con quién se identifica
más Vicente Leñero: con el Vicente Leñero periodista o con el Vicente
Leñero escritor?
V.L.: En el fondo con el Vicente
Leñero escritor. Ante todo he sido siempre un escritor. Yo incursioné en el
periodismo por una necesidad; como no tenía preparación ni un suficiente bagaje
cultural, pues estudiaba ingeniería en la UNAM y eso no tiene nada que ver con la
cultura, vivía totalmente al margen. Entré a una escuela de periodismo porque pensé que
ahí me iban a enseñar a escribir, yo quería la herramienta, un instrumento para
escribir; incluso en mis trabajos periodísticos era muy tímido, muy miedoso, no era un
reportero muy acometido, dudaba de su calidad (de los textos) pero pensaba que al
escribirlos mejorarían; puedes hacer un mal trabajo como reportero y hacerlo bien en el
campo de la escritura.
L.R.: "Los Albañiles",
su novela capital, es un pilar de la literatura contemporánea, a la altura de "La
Ciudad y los Perros" y "Crónica de una muerte anunciada". ¿Al
crear una nueva novela no siente el peso de aquella otra?
V.L.: No la considero así de
grande. Hay niveles, yo respeto mucho a mis contemporáneos como los grandes maestros de
la literatura contemporánea. Yo pienso que Vargas Llosa, García Márquez, Borges,
están en otro nivel, el escritor tiene que tener conciencia de cuáles son sus niveles.
Claro, eso le facilita a uno tener libertad para escribir; cuando el escritor siente que
ha escrito un gran libro, una novela capital, es más difícil escribir. A Juan Rulfo
le pasó con "Pedro Páramo"; yo no sé si "Los Albañiles"
sea mi mejor novela, pero muchos problemas no resueltos en "Los Albañiles"
pude tratarlos en otras novelas.
Se me dificultaba mucho el género de la
novela; yo abandoné durante mucho tiempo la novela, así que cuando regresé fue como
volver a empezar, como la primera vez, un poco con la inocencia y la frescura del que
escribe la primera vez, aunque con el conocimiento y la experiencia; inclusive el final de
mi última novela ("La vida que se va") es muy similar al final de "Los
Albañiles"; cuando estuve escribiendo el borrador me detuve un poco porque
sentía que estaba escribiendo lo mismo; para mí, lo que empiezo con "Los
Albañiles" terminó con "La vida que se va".
L.R.: ¿Por qué Vicente Leñero
se decide a reescribir "Los Albañiles" en teatro?
V.L.: No lo recuerdo bien. Yo había
escrito una primera vez una obra de teatro que había representado en México, y que
había tenido una buena respuesta del público en México. Quise abrirme un poco al
teatro; el teatro es muy diferente a la novela, (ya que) se ve representado en un foro, y
pues aprovechando que ahí tenía "Los Albañiles", adaptar el lenguaje
era algo que me entusiasmaba. Es la misma historia con un lenguaje diferente. Mi director
tenía el interés de adaptar "Los Albañiles" al teatro. Creo que así
fue pero ya hace tanto tiempo que no me acuerdo.
L.R.: "La Gota de
Agua", novela sin ficción, tiene una fuerte carga de lenguaje técnico. ¿Por
qué?
V.L.: Es la novela que he escrito
con mayor sentido del humor; alguien pensaba que los escritores latinoamericanos eran muy
solemnes, se añoraba lo divertido de la literatura. Vargas Llosa hace esta
reflexión cuando escribe "Pantaleón y las Visitadoras", una novela
humorística; nosotros teníamos a Ibargüengoitia, que era un humorista natural.
Fue una preocupación por hacer una novela fácil o divertida y también un acontecimiento
de nuestra vida personal: en la vida de nuestra casa nos quedamos sin agua y fue una
tragedia.
Fue un libro en el cual quería reflejar
ese acontecimiento de mi vida, volcar mis conocimientos ingenieriles; además necesitaba
escribirlo para desahogarme de lo que sentía en ese momento. Ya no se volvió a editar
ese libro.
L.R.: ¿Qué experiencia toma Vicente
Leñero de la Subdirección de Proceso?
V.L.: Es una experiencia inevitable.
Cuando yo trabajaba en Excélsior trabajaba en Revista de Revistas,
estaba muy cansado de ser periodista. Tenía un tiempo laboral muy ocupado y añoraba
dedicarme a la literatura. Yo tenía ganas de abandonar el periodismo y había hablado con
Julio Scherer; le dije que iba a dejar Revista de Revistas, que me
iba a dedicar a escribir. Scherer me insistía en continuar en la revista, entonces
surge el golpe a Excélsior, que fue un fenómeno político. A Echeverría
le molestaba el periódico, la dirección de Scherer, porque era un periodista
"sin pelos en la lengua"; en fin, (fueron) muchas razones
político-periodísticas. Los que salimos de ahí empezamos a conformar una revista y
trabajé en esa revista siempre esperando el momento de jubilarme, de irme, apoyando el
hecho de que la literatura siempre ha sido más importante para mí que el periodismo.
Tuvieron que pasar veinte años en la revista Proceso para dejarla en manos
de un grupo nuevo que la continuara; entonces pude dedicarme a escribir esta nueva novela
que tenía mucho tiempo gestándose. Toda experiencia humana le sirve al escritor, porque
de ahí parte para escribir.
L.R.: ¿Cómo surge la magistral
estructura de "Los Albañiles"?
V.L.: Nace sobre carencias. Yo
solicité una beca para el Centro Mexicano de Escritores; tenía treinta años, había
escrito una novela pequeña llamada "La Voz Adolorida", entonces con esa
novela como aval me dieron la beca. Le daban a uno una cantidad mensual, pero yo la había
solicitado para cuento y me la dieron para novela. Yo había pensado escribir un libro de
cuentos sobre albañiles, iba a hacer un cuento sobre un velador que había amanecido
muerto y tenía la imagen de un plomero, etc. Decido que, para cumplir el requisito de
escribir una novela, juntaría los cuentos, y me sentía un poco frustrado pues pensaba
que era más apto para el cuento que para la novela. Cada mes me tocaba leer el trabajo
realizado en el CME y me iba muy mal, me criticaban mucho y ya había pasado medio año;
fue entonces cuando Ramón Xirau me dio la idea de comenzar a escribir la novela de
nuevo. Decepcionado, regresé a casa y tuve tiempo para pensar; me decidí en un arranque
de decisión destruir lo que llevaba y reescribí con rapidez la novela. Con el trabajo
anterior de análisis, reuní todos los cuentos alrededor de la historia del velador
asesinado convirtiéndolo en el motor de la novela. La conciencia del manejo de las
estructuras se adquiere posterior a su utilización.
L.R.: En el campo social, ¿cuál es
la aportación de Vicente Leñero como escritor?
V.L.: El escritor trabaja sobre sus
propias obsesiones, la posición del escritor frente al mundo; a diferencia de otras
profesiones, otras vocaciones, otras actividades, es la de dar testimonio de la realidad.
La misión del escritor, la que yo quisiera
realizar, es la de dar testimonio de esa parte que le toca vivir. El escritor está muy
ligado con el principio cristiano de no juzgar a los demás. Gracias al escritor la gente
se hace más conciencia de nuestra realidad.
L.R.: ¿Vicente Leñero es un
autor que busca provocar placer en el lector o hacerlo pensar, reflexionar?
V.L.: Uno piensa escribir bien. Hay
una preocupación por la estética. El placer estético es un valor muy sublime. La
narrativa pocas veces toca los linderos del arte, en comparación con la música, la
pintura, la poesía que están muy enfocadas a provocar placer estético. El estilo es
algo muy difícil de conseguir, consiste en decir las cosas y decirlas bien, y es muy
importante para mí. El escritor internamente sabe lo que tiene que decir, el problema es
cómo lo dice. Debajo de un estilo bien definido hay mucho trabaja, como una construcción
arquitectónica. El trabajo del escritor es de mucho empeño, tiene que hacer que las
palabras fluyan y no parezca que dio esfuerzo construir la obra.
L.R.: ¿Cómo observa Vicente
Leñero la ética periodística en México?
"Yo si me consideré un
escritor que estaba creando una literatura más universal."
|
V.L.: La ética es un
problema moral que está regido por la misma profesión. Es un problema técnico del
periodismo. El periodista no se corrompe porque sea mal periodista. El periodista se
amarillea al sustituir la información por el escándalo, pues es más fácil amarillear
que trabajar a fondo un asunto; lo es dar opiniones en un reportaje que trabajarlo bien.
Cuando una nota tiene un buen trabajo de investigación, está bien redactada, no se
necesita amarillear ni dar opiniones. Todos los problemas del periodismo el
amarillismo, la corrupción, etc. lastiman la profesión.
La ética y la moral siempre están ligadas
al bien hacer del escritor. (Mérida, Yucatán, Méx., octubre de 1999)
|