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Una introducción a la democracia
Ariel Ruiz Mondragón
Dahl, Robert A. "La democracia. Una guía para los
ciudadanos". Traducción de Fernando Vallespín. Madrid, Taurus, 1999. 246
p.
Uno de los grandes problemas que
existen cuando se habla de democracia es la indefinición y la vaguedad con la que
se utiliza esa palabra. Generalmente es usada en un sentido muy positivo, sin más. Pero
también implica dificultades y plantea retos. Por eso, se requiere aclarar el significado
del concepto, su trayectoria, sus ideales, los problemas reales que enfrenta y su
proyección hacia el futuro. El libro de Robert Dahl, el gran teórico de la
poliarquía, es una sencilla y rica introducción a la democracia.
La primera parte del texto está dedicada a
una magistral síntesis de los orígenes de la democracia, que según el autor provienen
de algunas sociedades primitivas. Llevadas éstas hacia otras formas de gobierno, hacia el
año 500 a. C., en la Grecia y la Roma clásica se asentaron sistemas de gobierno que
permitieron la participación popular de un buen número de ciudadanos. La bases de esa
democracia se mantuvieron durante varios siglos. Si bien ese régimen desapareció por
mucho tiempo, sus prácticas fueron recuperadas mil años después en ciudades del norte
de Italia. Interesante es la exposición de la tradición democrática de Europa del
Norte, derivada de los vikingos, la que con el correr de los siglos y como resultado de
complejas transformaciones, desembocó en el Parlamento inglés y la separación de
poderes. Sin embargo, aún faltaban muchos pasos para alcanzar la democracia moderna.
Dahl se ocupa fundamentalmente de la
democracia del siglo XX. Describe la democracia ideal: Establece cinco criterios de
igualdad política necesarios para la democracia: la participación efectiva, la igualdad
de voto, oportunidad de instrucción acerca de políticas alternativas, control sobre la
agenda de los asuntos públicos y los derechos de ciudadanía para todos los adultos. Con
ellos se puede medir qué tan democrática es una asociación que se presuma como tal.
¿Por qué es deseable la democracia? Entre
otras razones, porque ayuda a evitar la tiranía, garantiza los derechos ciudadanos y la
libertad, autodeterminación, da una mayor responsabilidad en las decisiones, fomenta la
igualdad política, favorece el desarrollo de la paz y tiende a generar una mayor
prosperidad general.
Después, Dahl explica los
componentes de la democracia real. Entre las instituciones que la hacen posible se
encuentran los cargos públicos electos, las elecciones libres, imparciales y frecuentes,
la libertad de expresión, acceso a diversas fuentes de información, autonomía de las
asociaciones y una ciudadanía inclusiva. Todas integran lo que el autor llama poliarquía,
que no es sino una democracia representativa moderna con sufragio universal, distinta
de las formas democráticas anteriores al siglo XX. Es un gobierno a escala del
Estado-nación o país.
En el libro se discute sustancialmente el
dilema entre democracia representativa y la democracia de asamblea. La poliarquía es
funcional para unidades grandes; las asambleas pueden funcionar en unidades pequeñas. De
ello Dahl desprende una ley que dice así: "Cuanto menor sea una unidad
democrática, tanto mayor será el potencial de la participación ciudadana y tanto menor
la necesidad de que los ciudadanos deleguen las decisiones políticas en representantes.
Cuanto mayor sea la unidad, tanto mayor será la capacidad de éstos para lidiar con los
problemas importantes de sus ciudadanos y tanto mayor será la necesidad de que los
ciudadanos deleguen decisiones en sus representantes."
Es evidente que un país debe tener un
sistema representativo. Pero eso también tiene sus inconvenientes, ya que en los procesos
políticos se da un regateo oscuro entre las élites políticas y burocráticas. Pero
éstas deben tomar en cuenta la opinión popular, ya que ésta ejerce cierto control a
través de las elecciones.
¿Qué constitución y qué sistema
electoral son los mejores para una democracia? Existe una gran variedad de tipos, que van
de acuerdo a las características específicas de cada país. Pero una constitución debe
satisfacer varios criterios para ayudar a la democracia: el mantenimiento de la
estabilidad, la equidad en la representación, la transparencia, la comprensibilidad, la
receptividad y un gobierno eficaz deben ser sus atributos. Pero una buena constitución no
servirá si las condiciones del país son desfavorables.
Hay varias condiciones que permiten que
florezca la democracia. Dahl encuentra las siguientes: la inexistencia de un
control exterior a la democracia; el control del poder militar y policial por parte de
cargos electos; la interiorización de valores y cultura democráticos; débiles
conflictos culturales, y el crecimiento económico con economía de mercado. Esas
características permiten preservar y desarrollar la democracia en un país. Pero no todas
están exentas de problemas.
Para Dahl, el capitalismo de mercado
provocó mayor crecimiento económico y bienestar general, lo que alteró la sociedad al
crear una amplia clase media proclive a la democracia. Además, argumenta que la
democracia no ha sobrevivido en un país que tuviera el predominio de una economía que no
fuera de mercado. Pero también reconoce que la economía de mercado genera grandes
desigualdades sociales, lo que limita el potencial democrático al crear desigualdades en
la distribución de los recursos políticos. Dice el autor: "El resultado es que los
ciudadanos no son iguales políticamente ni mucho menos y así, la
fundamentación moral de la democracia, la igualdad entre ciudadanos, se ve seriamente
vulnerada."
Pese a que menciona otros, el gran desafío finisecular de
la poliarquía o democracia es el que plantea Dahl con toda claridad: la relación
entre el sistema político democrático de un país y su sistema económico no
democrático es el magno reto que se plantea para los fines y prácticas democráticos.
Allí está un nudo gordiano esperando a su Alejandro. (A.R.M., México, D.F.,
octubre de 1999)
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