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¿Quiénes Somos? Cartas a La Revista
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Viernes, 29 de Octubre de 1999.

Edición No. 523

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Crónica citadina
Día de Muertos, tradición que se pierde
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Ignacio Herrera Muñoz
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Rescatar, preservar y conservar las costumbres, así como identificar nuestras raíces, es la tarea histórica, social y cultural que todo conglomerado social en forma ininterrumpida generacionalmente debe realizar para contribuir y fortalecer la identidad que a todo entorno en que se nace o convive le corresponde de acuerdo a su idiosincracia.

No obstante que Payo Obispo, hoy Chetumal, se fundó con un gran número de inmigrantes de diferentes partes de la República y de algunos países extranjeros, las costumbres y tradiciones regionales aún se conservan; nuestra entidad es parte de la Península de Yucatán; Chetumal está ubicado en el centro de la zona maya mesoamericana, como lo denotan los sitios de interés arqueológicos como Oxtanká, Bacalar, Kohunlich, Dzibanché, Kinichná y otros que los arqueólogos están rescatando del manto de maleza que por cientos de años los han ocultado.

Ante estas razones, y para incentivar la actividad turística como se pretende, es necesario fortalecer las acciones culturales, sobre todo las tradiciones de esta región, y no permitir que a causa de dogmas extranjeras se diluyan nuestras costumbres.

En la celebración del Día de Muertos (o de los Finados, como aquí nuestros abuelos le llamaban) aún se recuerdan los rezos que se decían en esos días significativos para los mexicanos con características o costumbres diferentes, que identifican a los Estados y regiones del País; los rezos que muy temprano se realizaban en casas de los barrios de la ciudad el día 1 de noviembre para los difuntos (niños); al término de esa ceremonia se ofrecía a los asistentes, chocolate, atole, pan casero o criollo (como conocen los chetumaleños al pan de levadura que se horneaba domésticamente), dulces de coco, papaya, yuca, manjar blanco, arroz con leche, caña y tamalitos; el día dedicado a los difuntos mayores los rezos se ofrecían a partir del medio día y era peculiar ver en las casas y rancherías aledañas a esta ciudad reunirse las familias para hacer mucbipollos (o sea, el pan de muerto maya) que cocían debajo de la tierra; algunos repartían tamales o comidas como chirmole, relleno negro, dulces o calabaza melada que también se cocía enterrada; había invitación recíproca entre el vecindario ya que numerosas familias cumplían con esta costumbre.

Existían varias rezadoras, pero aún así en estos días no se daban abasto. Cabe recordar entre otras a doña "Candita", doña Tomasa, doña "Chelo", doña Pastora, doña "Polita", Antonio Chimal, "Suit", quienes eran muy solicitados en estas fechas de muertos, además de ser las maestras rezadoras de las diferentes novenarias que aunque a poca escala se siguen conservando en nuestra capital.

La algarabía de los niños que asistían a estos rezos se manifestaba cuando se cantaba el "Bendito y alabado", porque sabían que al terminar venía la repartición.

Son buenas las intenciones de preservar tradiciones y costumbres. Desafortunadamente se va al saco roto ante circunstancias que se observan en los medios televisivos y más aún la postura de algunas instalaciones y agrupaciones que a causa del mercantilismo se olvidan de nuestras tradiciones y propagan otra: basta leer los periódicos, escuchar noticias por la radio, "Noche de brujas", "Noche de Halloween", ¿qué tiene que ver con la tradición mexicana del Día de Muertos? Con esta postura tal parece que en lugar de rescatar tradiciones que se pierden, pretendemos pulverizarlas en lugar de fortalecer esa costumbre, demostrando falta de respeto para los que se han adelantado al viaje eterno al convertirlo en halloween. Esto no es culto, sino burla a los muertos.

Hoy las discos celebran "las noches de Halloween", o de "Brujas", para dejar brujos a los vivos a la memoria de los finados.

Se ha acabado la costumbre de juntarse para enterrar los mucbipollos; por razones de promiscuidad y de la urbanización, hoy las familias que luchan por conservar esas costumbres las llevan al horno de las panaderías; pocos son quienes hacen aquellos rezos y pocas rezadoras se ocupan de ello; bonita tradición y costumbre que año con año vamos matando a causa de nuestra apatía y machismo.

Nos hemos olvidado que quienes conquistaron esta región no encontraron la riqueza material que era el codiciado oro pero como tal; lamentablemente, aunque no querramos, es tradición que si no se va al rescate paulatinamente se irá diluyendo al igual que otras. Vayamos pero con veracidad a su rescate. (I.H.M., Chetumal, Quintana Roo, Méx., octubre de 1999)

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