El resultado electoral del
2 de julio tuvo pleno impacto en el PRI yucateco y alteró los cimientos de la estructura
del espectro político local e impulsó corrientes centrífugas hacia todos los extremos,
y puso al partido político en un punto de quiebra que altera el equilibrio de fuerzas en
un ámbito caracterizado por el fiel de la balanza que imponía la coexistencia de los
grupos.
Enfrentado al mayor desafío de su
historia, el PRI yucateco no tiene, por vez primera, un claro sucesor a la gubernatura a
10 meses de las elecciones locales que prometen ser las más competidas en la entidad.
Esta es la condición más notoria del priísmo vernáculo y la situación constituye una
extrema paradoja en función de la identidad de quien ejerce el poder Ejecutivo, Víctor
Cervera Pacheco, quien también posee el liderazgo político del partido.
Diversos factores internos fracturan la
estructura monolítica de un mando con fortaleza suficiente para negociar con los otros
grupos, aunque a menudo opta por la abierta imposición. La situación extrema y los
episodios inéditos que día tras día ocurren en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI,
obligan al jefe político a dedicar gran parte de sus fuerzas en la conformación de
nuevas fuerzas nacionales que asuman el control de la organización, que ya no tendrá un
líder moral, por primera vez en toda su historia, desde la presidencia de la República.
Los episodios inéditos, sin embargo, no
ocurren sólo en el ámbito nacional del PRI. En Yucatán, la situación global del
partido proyectó una densa sombra de inestabilidad en la conformación de los grupos
políticos cuyas cabezas locales figuraban como lógicos contendientes por la nominación
a la gubernatura.
Un día después de una reunión de cuadros
jóvenes del PRI en Villa Balbek, caracterizada por un fuerte ejercicio de autocrítica y
de rechazo a los grupos internos y los sectores, Orlando Paredes Lara, quien hasta
antes del 2 de julio era uno de los contendientes más fuertes por la nominación y se
distinguía como el delfín del cerverismo, abandonó la cautela y la tolerancia que le
dejó la jornada electoral y asumió una posición triunfalista, beligerante y populista,
tan característica del más rancio y anacrónico estilo paleolítico, cuando recibió del
IFE su constancia de mayoría.
El resultado de la elección federal
multiplicó de manera súbita a los aspirantes del PRI a la nominación por la gubernatura
y dejó en claro que Paredes Lara no entendió el mensaje. Al cabo de recibir el
documento, salió a las puertas del IFE para recibir los vítores de sus acarreados, ante
quienes virtualmente se autodestapó. Eric Rubio Barthell, el delfín de Emilio
Gamboa Patrón y compañero de fórmula al Senado de la República, que también
recibió su documento, ocultó apenas su profunda molestia cuando fue colocado ante las
huestes de Paredes Lara como uno más de los partidarios del cerverista.
Desde una esquina de la colonia México, el
presidente del Comité Directivo Estatal, Roberto Pinzón Alvarez quien forma
parte del equipo de la presidenta nacional del PRI, Dulce María Sauri
observó el autodestape de Paredes Lara en Itzimná. La escena adquirió visos
kafkianos en función del resultado electoral del domingo 2. El único signo de los
cambios que mostró Paredes Lara fue cosmético, pues abandonó la acartonada
guayabera blanca por una camisa de color y manga corta.
Tras cierto nivel de enfrentamiento que
caracterizó a las campañas de Paredes Lara y Rubio Barthell, pues ambos se
sabían lógicos sucesores en la gubernatura, el enorme susto y la paliza que les propinó
a ambos la Alianza por el Cambio al cabo del proceso electoral dejó desgastados en
extremo a ambos como los principales precandidatos, al grado que es creciente un consenso
en el PRI yucateco: ninguno debe ser el candidato porque no tienen posibilidades de
preservar para el PRI la gubernatura.
La debacle electoral de los candidatos del
PRI yucateco al Senado, que estuvo a punto de truncar la carrera política de Rubio
Barthell, lo llevó a hacer sorprendentes declaraciones acerca de lo que los priístas
hace mucho tiempo sospechaban: todo lo conseguido en su trayectoria política se debe a Emilio
Gamboa Patrón; carece de un equipo confiable de operación política, pues a tres
días de la elección no sabía si conseguiría la senaduría; la política es un
accesorio en su verdadera ocupación privada, a la que pensaba retornan en caso de perder.
Sin embargo, aunque ambos tienen las
ambicionadas senadurías, parece que la incógnita principal a despejar es si están
dispuestos a jugar con el nuevo esquema derivado de la situación interna, pero sobre
todo, externa del PRI yucateco. A fin de cuentas, fuentes bien informadas aseguran que Cervera
Pacheco se apresta a seguir los pasos de Ernesto Zedillo y sostendría la
nominación de Paredes Lara sólo para entregar la gubernatura a otro partido.
El desgaste de quienes eran los principales
contendientes del PRI a la nominación del 2001 generó una lógica multiplicación de
antiguos aspirantes y nuevos prospectos. El más significativo es el caso de Carlos
Berlín Montero, quien ganó por amplio margen su distrito electoral federal y que a
últimas fechas surge como la nueva carta del gobernador Cervera. Empero, lo que
constituye su principal impulso podría ser también el principal motivo de su
inaccesibilidad a la postulación, pues son muchos los grupos políticos que no le
perdonan la buena estrella de su ascendencia cerverista.
De repente se suman los desayunos y las
comidas. Tanto Berlín como Feliciano Moo Can, otro ganador distrital,
gustan de convocarlas y organizarlas. Los aspirantes de siempre también comienzan a
hacerse notar, como Carlos Rubén Calderón Cecilio, aunque muy a la zaga por los
descalabros electorales que le atribuyen a su Movimiento Territorial, por desmantelar
estructuras territoriales en el País; mantiene su sueño imposible Carlos Sobrino
Sierra, quien ahora más que nunca pondera la posibilidad de saltar hacia plataformas
políticas de otras siglas y colores.
En el ojo del huracán permanece el aparato
priísta operado por el CDE. El resultado electoral del día 2 derribó a las cabezas de
grupo y el mando principal está más interesado por el contexto nacional del PRI y por
conducir el bloque de gobernadores del Sureste, que lo pondría al mando del nuevo partido
a fin de dejar en la gubernatura a personajes como José Toraya Baqueiro, quien
operaría el complicado proceso electoral de las diputaciones y las alcaldías con Pinzón
Alvarez en la presidencia del CDE, aunque la posibilidad de ambos en este contexto es
hipotética en extremo, pero no imposible y menos descartable.
Sin embargo, el PRI yucateco no se ha
repuesto del impacto electoral ni a las cabezas de grupo que cayeron como bolos en una
chuza cuyos efectos se proyectan a todos los sentidos del espectro político. Hasta ahora
no hay una reunión para definir estrategias y sólo han ocurrido tibias juntas de los
equipos de campaña y con los alcaldes, quienes no salen de su asombro.
Hay signos inquietantes de este marasmo del
trabajo político y del creciente número de desayunos y comidas convocadas por los
grupos. La más característica de la situación, de acuerdo con fuentes bien informadas,
en la comida de cumpleaños de Rubio Barthell, quien reunió no sólo al mismo Emilio
Gamboa sino hasta a Luis Felipe Saidén, y que derivó, de acuerdo con
versiones, en un enfrentamiento verbal entre el responsable estatal de un instituto de
seguridad social y el responsable de las finanzas estatales. Ante los reclamos del
primero, que atribuyó el resultado electoral del PRI en Yucatán al control político
excluyente del mandatario estatal y la política de reparto que éste promueve, el
encargado de las finanzas estatales llamó traidor al quejoso y a duras penas fueron
contenidos por el presidente de la feria anual más popular de Yucatán.
Este episodio distintivo derivó en la
petición de renuncia que se le habría formulado este miércoles al funcionario local del
Instituto de seguridad social, poseedor de numerosos ex de diversos cargos en varias
administraciones.
Así las cosas y al margen de los grupos,
la situación de sus líderes y los constantes viajes del principal jefe político, en el
PRI comienzan a surgir corrientes emergentes no identificadas propiamente con alguno
de los clanes, integradas por políticos jóvenes que a menudo han sido marginados y
que se aprestan a reclamar un trabajo de mayor protagonismo y actividad.
Estos grupos comienzan a adquirir
conciencia de la única certidumbre del PRI yucateco, que siempre ha estado aislado del
Comité Ejecutivo Nacional: solo, aislado, dependiente únicamente de sus propias fuerzas,
tendrá que afrontar el proceso electoral más difícil de su historia ante el Partido
Acción Nacional más fortalecido que haya enfrentado jamás.
¿Protagonizará el PRI yucateco esta lucha
desigual y vital no sólo por la gubernatura, sino por su misma sobrevivencia con la
esencial unidad de quienes lo integran y con la necesaria tolerancia e inclusión de sumar
y no con base en el ánimo de restar? ¿Persistirá el sectarismo que distingue a algunos
de los principales grupos, los cuales promueven las mismas fórmulas anquilosadas de hacer
política, o se le permitirá y estimulará los nuevos métodos, como aconseja la lógica
elemental?
En medio de este panorama desolador, este
es el dilema shakesperiano del PRI yucateco: luchar con nuevas y renovadas formas,
métodos y personajes, o claudicar con las viejas y anquilosadas prácticas. La elección
lo llevará a la gloria... o al infierno. (Mérida, Yucatán, México, julio de 2000)
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