Ya se ha mencionado que la
corrupción será el primer problema a combatir en la administración del Lic. Vicente
Fox Quesada, al considerarlo presente en todos los renglones de la gestión
gubernamental; creemos que con esto se adelgazará el excesivo pago indebido que se hace
mediante miles de nóminas a aviadores y privilegiados que jamás han producido; pero la
corrupción que se presenta en el renglón de Seguridad Pública a nivel nacional es
sorprendentemente igual al que viven países carentes de cultura como los
centroamericanos, Haití, Indonesia y tantos otros, que ha llegado a contagiar a países
del viejo mundo, como a Italia con sus camorras, cosas nostras y mafias; a Alemania con
sus jóvenes emuladores de Hitler; a España con su ETA. Aquí en México,
peligrosamente se ha enseñoreado el vandalismo con todos sus matices, desde los delitos
llamados menores, como pequeños robos (a veces con violencia), lesiones con arma de fuego
o blanca, asaltos a transeúntes y a casas habitación, asalto y robo de vehículos,
violaciones con todas las agravantes, fraudes desde los más conocidos cometidos por
pequeños rufianes hasta los de cuello blanco donde el gobierno, constructoras y la banca
desde hace ya varios años hacen de las suyas a través de esos créditos de interés
social, donde por años se la lleva pagando intereses sobre intereses (anatocismo),
triplicando los precios de las famosas viviendas.
Pero no es allá en donde queremos
estacionarnos; los delitos violentos que llenan de temor al ciudadano son el de asalto y
el robo ya sea en la calle, en la oficina o en la casa; cuando a mujeres solas les es
arrebatado el bolso o quitado el vehículo por dos, tres o más gamberros protegidos con
pasamontañas y armados con pistolas de grueso calibre, y dispuestos a accionarlas y matar
como se ha sabido en muchas ocasiones, y darse a la fuga con el mayor descaro e impunidad.
Cuando a veces son atrapados y se instaura el expediente, en perentorio tiempo su abogado
defensor logra el amparo salvador que devuelve a la libertad a estos bandidos ¡esos
jueces de distrito!, ¡qué bárbaros! O sea, que todo el aparato policial está
inmerso en la corrupción, y hasta la presente fecha han faltado muchas agallas para
reivindicar este importante órgano de justicia.
En toda la nación, los cuerpos de policía
están integrados en porcentajes muy elevados por elementos que resultan un peligro para
la sociedad: bravucones de barriada, boxeadores que nunca llegaron, karatecas fracasados,
gentes que han visto en esta profesión su "modus vivendi e operandi" y sólo le
deben cuentas al jefe, sólo obedecen al jefe, y solamente su manifiesta preocupación es
para ese jefe, que debe entenderse que ese jefe inmediato es el gobernante, rompiendo el
orden y la esencia de la corporación. Por regla general el policía nace, no se hace. El
policía, por la razón misma del celo con que se desempeña, no conoce de horarios, por
lo que su retribución deberá ser con estricto apego a la ley; debe tener en mente con
diáfana claridad que al que le sirve es al pueblo, que es el que le paga a través de sus
impuestos, y no al gobernante, como así se ha estilado en nuestro lar; que las academias
que se le imparta a la corporación para aumentar conocimientos y técnicas sean
proporcionadas por personal verdaderamente calificado; hay que elevar el nivel de nuestra
policía hasta erradicar la acción en "moloch", como en los casos cuando van a
detener a esos grupitos que toman en la vía pública todos los días y a toda hora;
cuando ya están ebrios, cruzados y apastillados, se convierten en un
peligro para los vecinos: en estos casos la policía, carente de estrategia y de recursos
técnicos, a veces escoge la graciosa huida al reconocer en el grupo a verdaderos
pajarracos de cuenta que inclusive tienen órdenes de aprehensión y son peligrosos por lo
que venga después.
Cuando ha logrado alturas la criminalidad
de descontrol, cuando la misma autoridad participa directamente en los ilícitos graves
que se cometen en contra de la sociedad, cuando ni nuestro Juicio de Garantías funciona
por la venalidad de los jueces, estamos hablando del crimen organizado, y como se ha
visto, no hay organización policíaca que le haga frente y lo disminuya: ni el
"agrupamiento fuerza de tarea", ni los famosos "halcones", ni los
"lobos", ni la misma Caperucita; la mayoría se ha coludido en contra de
los agraviados. Cuando un robo se comete y son detenidos los responsables, siempre se
recupera solamente parte del robo. ¿Se imagina amable lector quién se queda con la otra
parte?
Puede hoy nacer la idea para dar el primer
paso en el combate de la delincuencia organizada o crimen organizado; hay que tomar
conciencia de que en el combate a este grave mal no se necesita ni automóviles oficiales
ni uniformes; es más, estorban; tienen que ser vehículos comunes y corrientes que se
confundan con los demás automóviles; agentes que no tengan facha de policías
perfectamente armados con sus estrategias bien delineadas; que tengan conocimiento en el
uso del radio del vehículo, y tengan elementos para intuir; que sean lo menos
identificables en la posibilidad, y sean prestos a la llamada del mando inmediato. Aquí
en Yucatán ha dado resultado el combate en "moloch" de la delincuencia, pero es
costoso por el número de elementos que se utilizan, así como los muchos vehículos
oficiales que intervienen... Se extralimitan...
Se hace necesario una renovación total de
las policías, preparando en perentorio tiempo a la oficialidad que impartirá los
conocimientos que reclama la actual sociedad. La pedagogía policial, los perfiles de
quienes conformarán la corporación deberán ser detectados por un mando de verdadera
capacidad y solvencia moral a toda prueba. Habrá que explicarles a los nuevos agentes de
policía por qué no detuvo Herrán Salvati cuando lo tenía a pocos metros de
distancia, me refiero a Mario Villanueva Madrid, para que el caso no se repita, si
es posible de viva voz que lo haga previa invitación.
El grupo especializado tendrá sus
instalaciones un poco retiradas de los del cuerpo común de la policía, estableciendo
reglas para la coadyuvancia; deberá existir un código de honor que regule los éxitos en
el combate a la delincuencia, los comportamientos de todos los elementos, y más que nada,
la permanente capacitación internacional para el combate a las drogas. Deberán
establecerse con exacta claridad las tareas y jurisdicciones, y la forma de entenderse
tratándose de otros Estados de la República, incluyendo a las Delegaciones del D.F. No
se deberá permitir exigencias hegemónicas que vayan en detrimento de la lucha contra el
crimen, ni se deberá aceptar la intervención de influencias de funcionarios de ningún
poder de la Federación.
La sociedad mexicana reclama tranquilidad y
exige castigo para toda la delincuencia, y también la revisión de todas las leyes
penales, incluyendo las de reciente promulgación como el tal Código Penal de Yucatán,
donde se apoya en un llamado delito de la embriaguez para combatir a los que en forma
clandestina venden caguamas (¡para Ripley!). Con este garlito se cometen
arbitrariedades en contra de ciudadanos de condición humilde; a ver qué abogado
desmenuza el tal delito de la embriaguez en la asociación del combate al clandestinaje.
Quedamos en espera de noticias. (G.S.M., Mérida, Yucatán, Méx., julio de 2000)
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