Algo de verdad ha de haber
en la afirmación que en Monterrey hizo Antonio del Valle Ruiz, presidente de
Bital, cuando dijo que el sector financiero apoya incondicionalmente al presidente electo,
Vicente Fox. A del Valle Ruiz le faltó añadir que el ahora presidente
también tiene el apoyo de los centros financieros del mundo. Pero, ¿qué tan
incondicional es ese apoyo? El banquero mexicano sí dijo: "Al Sr. Vicente Fox
el mensaje que le mandamos es el mismo que le dijo el pueblo de México (sic) en el Angel
de la Independencia: Vicente, no nos falles", lo que prueba que no hay tal
incondicionalidad.
Tal vez el mensaje fuera el mismo, pero los
anhelos de banqueros y de la gente del pueblo que festejó en la medianoche del dos de
julio el triunfo de su candidato son, por naturaleza de nuestro sistema, contrapuestos y
hasta antagónicos. Con su protagonismo en la aprobación de la anticonstitucional deuda
del Fobaproa y la creación del IPAB, Fox no les falló a los banqueros pero ¿qué
tal a la gente sencilla que votó por él y que pagará las consecuencias?
Es imposible que los banqueros esperen del
nuevo gobierno lo mismo que la mayoría de quienes votaron por el candidato de la Alianza
por el Cambio. ¿Qué esperan ellos? Del Valle Ruiz lo puso en claro: que el
gobierno de Fox siga el mismo rumbo del gobierno de Zedillo y que sólo
deberá introducir cambios pequeños.
Tienen una ventaja los hombres del sector
financiero para evitar que el presidente Fox les falle: su inmenso poder económico
y la capacidad de presión que les da el ser también los propietarios de las más grandes
empresas del País. Además, ellos y Fox comparten intereses, concepciones de
economía política y el modelo económico que se impulsa en el País. La élite
empresarial no sólo puede exigir a Fox que no le falle, pueden forzarlo a que les
cumpla. Además, muchos de ellos, amparados en la estructura paralela al PAN conocida como
"Amigos de Fox", aportaron cuantiosos recursos a su campaña, cuyos montos
seguramente nunca sabremos.
La absoluta mayoría de los cerca de 15
millones que hicieron a Fox presidente son víctimas de la política económica
neoliberal y de muchas de sus consecuencias; por ejemplo, la conversión en deuda pública
del rescate de los bancos. ¿Cuántos de ellos votaron por el cambio de la política
económica? ¿Cuántos por el simple cambio, esto es, por la derrota del PRI? Resulta
imposible saberlo. Sin embargo, en el "no nos falles" está implícita una
advertencia con motivaciones muy diversas pues mientras algunos quizás se conformen con
los cambios en materia electoral, en el combate a la corrupción y otras materias de
contenido político, probablemente hay algunos que crean que el cambio presidencial
traerá inevitablemente una mejoría automática e irreversible de sus condiciones de
vida.
Fox tendrá que decidir si cumple
con mantener el carácter laico de la educación o introduce la enseñanza de la religión
católica en las escuelas públicas, si aprueba que se abra el Fobaproa o protege a los
banqueros que ocultaron en él sus malos manejos, entre vender petróleo o mantenerlo como
propiedad de la nación, por mencionar sólo algunas de sus promesas contradictorias. Y
como esas hay otras todavía más importantes: crecer al 7% anual sin inflación, crear 1
millón 300 mil empleos anuales, reducir los impuestos y al mismo tiempo incrementar la
recaudación fiscal, llevar los acuerdos de San Andrés al rango de ley y algunas otras
más.
Quizás los que le piden a Fox que
no les falle se crearon expectativas que ellos, los votantes, creyeron alcanzar con el
triunfo de su candidato favorito. En todo caso, a diferencia de los poderosos miembros del
gran empresariado, esos millones de ciudadanos poco o nada podrán hacer si el presidente
que eligieron no les cumple por razones que sean: el poder de su voto se acabó en el
preciso instante en que cruzaron sus boletas electorales y salieron de las casillas
electorales. Ahora, el poder de decisión pasó a otras manos, no sólo las de Fox
ni todas ellas de mexicanos.
Sólo hay una manera de evitar que Fox
les falle: que se organicen de manera autónoma del poder político y se decidan a ser
participantes activos de la transformación que quieren para ellos y su país.
Organizados, vigilantes y, sobre todo, dispuestos a la movilización en defensa de sus
intereses comunes, los ciudadanos podrán lograr que el presidente de México al que
eligieron no les falle. Porque, si algo debiesen ya saber es que en México, como en
cualquier otra nación del orbe, no se le puede cumplir a todos. (R.A.S. Mérida,
Yucatán, Méx., julio de 2000).
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