Víctor Cervera
hizo uso de los medios más sucios e ilegales que tuvo a su alcance para cumplir con Francisco
Labastida y el régimen al que ambos pertenecen que ya ha comenzado a
derrumbarse, su compromiso de llenar, con votos a su favor, las ánforas electorales
instaladas en el Estado, pero no pudo salvar, ni a uno ni a otro, de la derrota en la
entidad. Su compra masiva de electores y su coacción inmisericorde de votantes apenas le
sirvió para sacar adelante a tres de sus candidatos a diputados los que jugaron en
los distritos donde están los hombres y mujeres económica y socialmente más vulnerables
del Estado y, a duras penas, a sus dos candidatos a senadores de mayoría (éstos
últimos, de todos modos, impugnados ya por el PAN).
Decenas de miles de boletas cruzadas a
favor de estos candidatos y de Labastida fueron producto de la brutal presión
ejercida sobre los votantes de las zonas rurales, como ha salido a la luz pública gracias
a los informes de observadores independientes y de representantes de partidos. El fraude
cometido por Cervera y sus secuaces se extendió a toda la entidad, con la
excepción de amplias porciones de la zona urbana de Mérida, porque hasta en las
comisarías de este municipio, donde los caciquillos priístas tienen el control de los
habitantes, los números, invariablemente, favorecieron a la camarilla que detenta
todavía el poder en Yucatán.
De ninguna manera puede aceptarse que, como
dijo el presidente Zedillo en su mensaje radiofónico del sábado 8, "gracias
a las nuevas leyes y reglas que acordamos, así como a las instituciones electorales
autónomas, fortalecidas y plenamente confiables que construimos, la jornada electoral del
domingo fue ejemplar". ¿O es que puede ser ejemplar una elección en la que los
presidentes municipales de los pueblos más atrasados no sólo usan el presupuesto para
comprar votos sino que, además, el mismo día de los comicios están en las casillas o en
sus cercanías para dar órdenes a los funcionarios de éstas y a los auxiliares del IFE y
vigilar que no fallen los mecanismos de presión que obligan a los electores a enseñar su
voto?
No. De ninguna manera. Lo que estamos
viendo es que se nos quiere hacer creer por quienes practican estas mañas o quienes los
encubren que ellas son inocuas y que no influyen en los procesos electorales; que no
importa que en éstos haya presiones contra millones de electores ni que se use el dinero
público en el acarreo y alimentación de votantes; que debemos acostumbrarnos a que esto
sea así, porque en los países más avanzados estos hechos son normales.
Pero no. Nadie puede estar de acuerdo con
lo que, por ejemplo, hizo nuestro cacique en el Estado de Yucatán porque gracias a ello,
se alteró brutalmente, en el caso de sus cinco candidatos triunfadores, la voluntad de
los electores yucatecos. Poco a poco han estado saliendo a la luz pública gracias a
los relatos de quienes de manera heroica, porque tuvieron que enfrentarse a los operadores
cerveristas del fraude en las comunidades rurales, realizaron labores de verdadera
observación electoral toda la podredumbre que rodeó a este proceso en los lugares
donde los priístas y Cervera pensaron que estaban a cubierto del escrutinio
público.
¿Cuantos miles de votos obtenidos por Cervera
mediante la compra y la coacción a los electores incluso, el día mismo de las
elecciones fueron los que se sumaron a los votos realmente de convicción emitidos a
favor del PRI? ¿Cincuenta mil? ¿Cien mil? ¿Ciento cincuenta mil? No se sabe. Lo único
que sí se sabe es que fueron los suficientes para alterar la voluntad del pueblo. Sería
interesante realizar una investigación sociológica que nos permitiera saber cuántas
lavadoras, pisos de cemento, rollos de alambre, bicicletas, etc., y cuántas
intimidaciones efectivas hicieron la diferencia de votos entre los que obtuvo el PRI y los
que obtuvieron los demás partidos en cada caso.
Sin embargo, lo importante es no sólo
denunciar estos hechos, que engrandecen las victorias de la oposición porque muestran las
condiciones monstruosamente adversas en que fueron obtenidas, sino prepararse para el
futuro. Haciendo uso de sus malas mañas, el desgobernador yucateco dispuso, y sus
órdenes fueron acatadas por su "muñequita de square" del Congreso, que
no hubiera modificaciones a la ley electoral del Estado para que las elecciones locales
del próximo año se den en un ambiente de antidemocracia que le permita repetir la faena
realizada en las que acaban de terminar.
La bestia no está muerta todavía. Con
toda seguridad, muy pronto nuevos escándalos motivados por la conducta del cacique, que
encontrará la manera de reiniciar su campaña de compra, coacción e inducción del voto
sacudirán la modorra local, pues para él en el País no ha pasado nada, ya que todavía
no le cae el veinte. Por eso, hay que ayudarlo a que se le resbale. (F.P.S. Mérida,
Yucatán, Méx., julio de 2000).
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