Semanario de Información y Análisis Político No. 561
Julio 21 de 2000


Entre el hábito y la innovación, el proceso sucesorio en el PRI
¿Podrá Cervera responder a los nuevos tiempos?

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¿Cómo encontrará al cerverismo el quinto año de la gestión gubernamental de su fundador y conductor? Durante cinco años, Víctor Cervera se aseguró de no formar cuadros que garanticen su continuidad, como hizo en el interinato que protagonizó en los ochenta, cuando el planificado acto de retorno demandó delegar la presencia del cerverismo en figuras locales que no desaparecieran del primer plano hasta su anunciado retorno en los 90.

En estos cinco años, Cervera se empeñó en mostrar el bajo perfil de los integrantes de su equipo y los otros grupos políticos con claras intenciones: asegurar que de los grupos opositores suyos no surgiera nadie que pudiera mejorar su obra, así como operar rodeado de gente que en ningún momento desafiara su autoridad.

Maestro de los tiempos, Cervera supo abrir la llave para dar paso a algunas oportunidades, pero la cerró cuando fue necesario por abrupta e injustificada que pudiera parecer una conducta de esa índole, como ocurrió cuando enfiló a Eric Rubio Barthell hacia la alcaldía de Mérida sólo para terminar sepultándolo en el discurso memorable de los macropozos que fortaleció una intención negativa de voto al gamboísta, al que alejó aún más de cualquier posibilidad de triunfo al alentar un conflicto artificial entre el Sindicato Pamplona y el Ayuntamiento.

Tampoco fue sutil en el manejo del partido. No permitió la intromisión de ninguno de los presidentes nacionales del PRI que ocuparon el cargo durante su gestión gubernamental en las decisiones fundamentales del instituto político en Yucatán. Los delegados del CEN ocuparon, como sucede hasta ahora, cargos meramente honorarios, y ésta sin duda figura como una de sus mayores virtudes en el ámbito político al rechazar y desalentar las incursiones muchas veces grotescas de los jerarcas centrales del partido, acostumbrados a tratar a los priístas provincianos como lacayos. Sin embargo, su conducta fue igual con los dirigentes locales. Puso a Jorge Carlos Ramírez Marín al frente de una forma tan súbita como cuando lo quitó.

Los cerveristas lucen diversas caras ante la inminencia del V Informe, cuyo mensaje sin duda establecerá líneas de conducción. Los punteros en la sucesión priísta por la gubernatura, Orlando Paredes Lara y Carlos Berlín Montero, aparecen cada vez más enfrentados: el primero no se cansa de propalar que uno de los principales obstáculos de su campaña fue la labor del segundo, e incluso en una plática de sus numerosas y concurridas sobremesas aseguró que los 35 mil votos que aportó al PRI lo convierten en el único y legítimo aspirante.

Ambos son las únicas cartas que le quedan al cerverismo, sin mencionar la dificultad que representan las nominaciones en Mérida, donde encontrar siete nombres para los distritos capitalinos es una auténtica trivia de moda. Rolando Zapata, Víctor Caballero, Edwin Chuc..., en fin, los cuadros jóvenes del cerverismo afrontan un futuro especialmente difícil, lleno de acertijos.

Por esa razón el equipo menos dañado en la elección, el de la presidencia nacional del PRI, Dulce María Sauri, hace amarres en México con el propósito de limitar o de plano impedir que sea Víctor Cervera el operador de la elección local. Sauri Riancho arropa a Carlos Sobrino, más fortalecido; a Feliciano Moo, a Ignacio Mendicuti, y reorganiza sus fuerzas para señalar que el suyo es el único grupo en condiciones para conducir un proceso de esa índole.

El panorama de plano es difícil para el grupo de Emilio Gamboa Patrón. No es previsible que Eric Rubio establezca una plataforma sólida que lo impulse desde la capital del País, como tampoco, al margen, lo logrará Orlando Paredes, quien ni siquiera ha logrado tender puentes entre la lideresa de la CNOP, Elba Esther Gordillo, y Cervera Pacheco, de quien sólo reconoce un antiguo encono.

Ahora llegó el tiempo de los equipos emergentes, de las combinaciones hasta ayer impensables, para asegurar la estabilidad del partido en el complicado proceso de las nominaciones a la gubernatura, las alcaldías y las diputaciones. ¿Harían equipo, por ejemplo, Ramírez Marín y Federico Granja Ricalde cuando aquél, como presidente de la Comisión de Hacienda del Congreso local, se negó a contribuir a la demanda de juicio político contra Dulce María Sauri cuando "Cuco" fue fugaz gobernador?

¿Resucitarán personajes como Álvaro López Soberanis? ¿Podría Mario Gamboa Patrón emerger como candidato a alcalde? ¿El propio Emilio Gamboa podría ser el aspirante? El balón, sin duda, está en la cancha de Víctor Cervera y muchos esperan que innove para dar respuesta a los nuevos tiempos. Incluso, en algunos ámbitos fundamentados de la política local se asegura que no habrá el esperado enfrentamiento entre Vicente Fox y Víctor Cervera, y que éste será capaz de operar un proceso aún con el único factor que no presupuestó: la derrota del candidato presidencial del PRI.

En este contexto, no son pocos los que aseguran que luego de su V Informe Cervera hará cambios en su gobierno e incluirá a figuras de otros grupos para "airarlos". Es probable que ceda la nominación a la gubernatura pero conserve el estratégico control de la fracción priísta de la siguiente legislatura en un cargo que bien podría desempeñar Rafael Casellas Fitzmaurice, quien sería nominado a uno de los distritos "seguros" para el PRI en el interior del Estado o incluido en un sitio preferencial de la lista plurinominal.

Sin duda, el domingo Cervera empujará el balón hacia la dirección que considera la más adecuada para su causa. Quizá sea capaz de responder de acuerdo con los buenos tiempos. No hay que olvidar su asombrosa e inagotable capacidad de sobrevivencia y que él está acostumbrado a bregar contra la corriente, aun a costa del presidente saliente, pese a la voluntad del presidente entrante, contra los otros grupos priístas.

La pregunta insistente es si responderá con las viejas formas o dará la sorpresa e innovará ante los nuevos tiempos. Pronto, sin duda, lo sabremos. (Mérida, Yucatán, Méx., julio de 2000)

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