¿Cómo encontrará al
cerverismo el quinto año de la gestión gubernamental de su fundador y conductor? Durante
cinco años, Víctor Cervera se aseguró de no formar cuadros que garanticen su
continuidad, como hizo en el interinato que protagonizó en los ochenta, cuando el
planificado acto de retorno demandó delegar la presencia del cerverismo en figuras
locales que no desaparecieran del primer plano hasta su anunciado retorno en los 90.
En estos cinco años, Cervera se
empeñó en mostrar el bajo perfil de los integrantes de su equipo y los otros grupos
políticos con claras intenciones: asegurar que de los grupos opositores suyos no surgiera
nadie que pudiera mejorar su obra, así como operar rodeado de gente que en ningún
momento desafiara su autoridad.
Maestro de los tiempos, Cervera supo
abrir la llave para dar paso a algunas oportunidades, pero la cerró cuando fue necesario
por abrupta e injustificada que pudiera parecer una conducta de esa índole, como ocurrió
cuando enfiló a Eric Rubio Barthell hacia la alcaldía de Mérida sólo para
terminar sepultándolo en el discurso memorable de los macropozos que fortaleció una
intención negativa de voto al gamboísta, al que alejó aún más de cualquier
posibilidad de triunfo al alentar un conflicto artificial entre el Sindicato Pamplona y el
Ayuntamiento.
Tampoco fue sutil en el manejo del partido.
No permitió la intromisión de ninguno de los presidentes nacionales del PRI que ocuparon
el cargo durante su gestión gubernamental en las decisiones fundamentales del instituto
político en Yucatán. Los delegados del CEN ocuparon, como sucede hasta ahora, cargos
meramente honorarios, y ésta sin duda figura como una de sus mayores virtudes en el
ámbito político al rechazar y desalentar las incursiones muchas veces grotescas de los
jerarcas centrales del partido, acostumbrados a tratar a los priístas provincianos como
lacayos. Sin embargo, su conducta fue igual con los dirigentes locales. Puso a Jorge
Carlos Ramírez Marín al frente de una forma tan súbita como cuando lo quitó.
Los cerveristas lucen diversas caras ante
la inminencia del V Informe, cuyo mensaje sin duda establecerá líneas de conducción.
Los punteros en la sucesión priísta por la gubernatura, Orlando Paredes Lara y Carlos
Berlín Montero, aparecen cada vez más enfrentados: el primero no se cansa de
propalar que uno de los principales obstáculos de su campaña fue la labor del segundo, e
incluso en una plática de sus numerosas y concurridas sobremesas aseguró que los 35 mil
votos que aportó al PRI lo convierten en el único y legítimo aspirante.
Ambos son las únicas cartas que le quedan
al cerverismo, sin mencionar la dificultad que representan las nominaciones en Mérida,
donde encontrar siete nombres para los distritos capitalinos es una auténtica trivia de
moda. Rolando Zapata, Víctor Caballero, Edwin Chuc..., en fin, los
cuadros jóvenes del cerverismo afrontan un futuro especialmente difícil, lleno de
acertijos.
Por esa razón el equipo menos dañado en
la elección, el de la presidencia nacional del PRI, Dulce María Sauri, hace
amarres en México con el propósito de limitar o de plano impedir que sea Víctor
Cervera el operador de la elección local. Sauri Riancho arropa a Carlos
Sobrino, más fortalecido; a Feliciano Moo, a Ignacio Mendicuti, y
reorganiza sus fuerzas para señalar que el suyo es el único grupo en condiciones para
conducir un proceso de esa índole.
El panorama de plano es difícil para el
grupo de Emilio Gamboa Patrón. No es previsible que Eric Rubio establezca
una plataforma sólida que lo impulse desde la capital del País, como tampoco, al margen,
lo logrará Orlando Paredes, quien ni siquiera ha logrado tender puentes entre la
lideresa de la CNOP, Elba Esther Gordillo, y Cervera Pacheco, de quien sólo
reconoce un antiguo encono.
Ahora llegó el tiempo de los equipos
emergentes, de las combinaciones hasta ayer impensables, para asegurar la estabilidad del
partido en el complicado proceso de las nominaciones a la gubernatura, las alcaldías y
las diputaciones. ¿Harían equipo, por ejemplo, Ramírez Marín y Federico
Granja Ricalde cuando aquél, como presidente de la Comisión de Hacienda del Congreso
local, se negó a contribuir a la demanda de juicio político contra Dulce María Sauri
cuando "Cuco" fue fugaz gobernador?
¿Resucitarán personajes como Álvaro
López Soberanis? ¿Podría Mario Gamboa Patrón emerger como candidato a
alcalde? ¿El propio Emilio Gamboa podría ser el aspirante? El balón, sin duda,
está en la cancha de Víctor Cervera y muchos esperan que innove para dar
respuesta a los nuevos tiempos. Incluso, en algunos ámbitos fundamentados de la política
local se asegura que no habrá el esperado enfrentamiento entre Vicente Fox y Víctor
Cervera, y que éste será capaz de operar un proceso aún con el único factor que no
presupuestó: la derrota del candidato presidencial del PRI.
En este contexto, no son pocos los que
aseguran que luego de su V Informe Cervera hará cambios en su gobierno e incluirá
a figuras de otros grupos para "airarlos". Es probable que ceda la nominación a
la gubernatura pero conserve el estratégico control de la fracción priísta de la
siguiente legislatura en un cargo que bien podría desempeñar Rafael Casellas
Fitzmaurice, quien sería nominado a uno de los distritos "seguros" para el
PRI en el interior del Estado o incluido en un sitio preferencial de la lista
plurinominal.
Sin duda, el domingo Cervera
empujará el balón hacia la dirección que considera la más adecuada para su causa.
Quizá sea capaz de responder de acuerdo con los buenos tiempos. No hay que olvidar su
asombrosa e inagotable capacidad de sobrevivencia y que él está acostumbrado a bregar
contra la corriente, aun a costa del presidente saliente, pese a la voluntad del
presidente entrante, contra los otros grupos priístas.
La pregunta insistente es si responderá
con las viejas formas o dará la sorpresa e innovará ante los nuevos tiempos. Pronto, sin
duda, lo sabremos. (Mérida, Yucatán, Méx., julio de 2000)
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