Semanario de Información y Análisis Político No. 564
Agosto 11 de 2000


Editorial

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¿Qué gloria más grande puede haber para
un hijo que la conducta honrada de su padre?
Sofocles

Los "Durazos" de Yucatán

Es una virtud. Muy pocos dudan que la honestidad es una conducta que engrandece al ser humano que la ejerce, y envilece a aquellos que prefieren la deshonra que resulta de la falta de ésta. Desafortunadamente muy pocos eligen a favor de la primera senda y son los más quienes prefieren seguir el camino lodoso de la corrupción.

México vive tiempos luminosos. Por vez primera en muchos años, se escucha del orgullo que significa pertenecer a un país que tenía como símbolo la trampa. En las últimas semanas —posteriores a la elección del 2 de julio— los testimonios de personas que en el extranjero reciben loas y felicitaciones por la conducta ciudadana ejercida en los comicios presidenciales, se multiplican.

De pronto, nuestro país resurge y se eleva como ejemplo democrático ante la comunidad internacional. Y no precisamente por el triunfo de Vicente Fox, sino por la muestra de honestidad que dio la sociedad mexicana al ejercer en una inmensa mayoría su derecho a elegir democráticamente a sus autoridades. México se mostró honesto, y dio el primer paso para sacudirse a aquellos que creen que la mayor virtud del hombre es la que lo lleva a engañar a los demás.

Yucatán es de nuevo una triste muestra de deshonestidad. La presunción de enriquecimiento inexplicable que reiteradamente pesa sobre varios alcaldes en el estado no es ya sorpresa. Desafortunadamente, la corrupción imperante se ejerce a plenitud gracias a la impunidad que aquí reina.

El poder suele ser enfermizo para aquellos que lo ejercen para beneficio propio. Luis Rodríguez Canto y Porfirio Trejo son otros dos peones del gobierno cerverista que se hacen famosos gracias al engolosinamiento que resulta de un ejercicio indebido de la función pública, o cuando menos, apoyados en el acostumbrado silencio cómplice que se tiende cuando el río suena.

Ranchos, coches, lujos, se les atribuye a muchos ediles adquiridos con recursos del pueblo. La historia ya tradicional de un sistema que fue derrotado en una elección debido al hartazgo de la gente luego de años de corrupción miserable.

Los negocios del ganadero, empresario, político y demás actividades, Rodríguez Canto, parecen ser un secreto a voces en el oriente del Estado. Muchos tizimileños han cuestionado el enriquecimiento apresurado de su alcalde, especialmente el adicional de estos últimos años, que se sumó a su fortuna medianamente conocida. Historias de un funcionario que se revuelve en el lodo de la corrupción. Caballos, vehículos, ranchos adquiridos por una persona que apenas gana 18 mil pesos mensuales de sueldo, pero que aclara que heredó fortuna de su padre.

El jueves, ante los mayoritarios medios oficiales, el acusado rindió una patética defensa de su caso. Aseguró que la riqueza es producto de su pasado y dice que el temor le impide actuar con transparencia y por ello no manifestaba el monto (¿real?) de su fortuna. Lástima por él que ignora que muchos en Tizimin lo conocen y por tanto rechacen tal aseveración. Hoy, para desgracia del edil, la memoria está viva en muchos.

Pero no es el único. Resurgen las pruebas que implican al alcalde de Progreso en actos de corrupción. De muchos conocido, el actuar de Porfirio Trejon Sozaya es de nuevo relacionado con la podredumbre. Licitaciones no realizadas, mentiras repetidas. Hoy se cuestiona si las entregas de dádivas del "Ferretero del año" (Víctor Cervera) salieron de las arcas municipales para que el gobernador hiciera caravanas con sombrero ajeno.

Éstas, que pudiesen ser historias de risa o de terror, son parte de una realidad política en nuestro estado. El oscurantismo y el secreto son la marca de los recursos públicos en Yucatán. Tal parece que la honestidad no es una virtud que quieran tener.

Las noticias sobre la corrupción aparecen en los días en que un icono de la deshonestidad vuelve a las primeras planas de los periódicos. La muerte del tristemente celebre Arturo "el negro" Durazo Moreno, nos recuerda a todos los mexicanos que la corrupción en este país ha permitido que algunos políticos hagan fortunas que hacen palidecer a casi cualquiera.

Coincidencias y destino. La muerte del "negro" —un general que nunca lo fue— se da en un momento en que el país entero se atreve a dar el paso para terminar con un sistema que fue rico en ejemplares como el temido jefe de la policía capitalina.

Las casas del "negro" Durazo son el emblema de la deshonestidad. Ojalá en unos años no veamos los ranchos del tizimileño como una muestra del México que ya no queremos ver. Estamos a tiempo de impedirlo.

No hay que fabricar más durazos, por chiquitos que sean.

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