VIAJE A UN AYER
CERCANO.- ¡Que bárbaro! ¡Cómo me fluye hoy la inspiración! Que se cuiden esos de
la sección amarilla, si no, los dejo sin chamba.
Pero, no, no se trata de la página rosa de
La Revista, se trata de algo más comodino y prosaico; todo sucedió el otro día en que
en lugar de quemarme las pocas neuronas que me quedan después de tantos compartimientos
con Baco, café y tabaco, descubrí que es más cómodo el deporte de fusilarme temas que
La Revista ha tratado en otras épocas y así me puse a buscar en el dzapal que tengo en
mi oficina y salió la número 161 del día 21 de Agosto de 1992.
En ese entonces, como ahora, la sociedad
demandaba una nueva Ley Electoral, pues la que había ya estaba aceda. Para entonces, ya
había pasado el romance y ya no toda la luna era de miel y la sociedad en su conjunto
había descubierto ya que nos gobernaba en Yucatán un "Binomio Mefistofélico"
encarnado por doña Dulce y don José Luis, adornaban las páginas de
nuestra revista las imágenes del empresario "Paco" Palma (hermano
político del actual alcalde), Benito Rosel con muchos menos kilos que ahora, Guillermo
Vela (con pelo), un sonriente Federico Granja portando llamativo peluquín, el
"intelectual de izquierda" Manuel Santos, que resultó bien transa.
Cuando eso estaba de moda aquello de la
Teología de la Liberación y los comentarios al respecto no podían faltar dentro de
nuestro semanario de Leonardo Boff.
En aquel entonces, como ahora, tampoco
podía faltar la reseña social que constituyó el festejo del cumpleaños del
"Cuco", así como los escándalos por la corrupción que imperaba en las
dependencias del gobierno del Estado, como el que se comentaba con signos de
interrogación por un fraude en Desarrollo Rural que en aquel entonces estaba bajo el
mando de otro profesor de apellido Monforte.
Era tan fuerte entonces el aroma de
corrupción en los organismos del Estado, que hasta se hablaba de apuestas en torno a que
si aquel famoso "Fito" Peniche ("Fito rata" le llamaban sus
cuates) pasaría de funcionario del Estado a ocupar una curul pero no en el Congreso del
Estado sino en el CERESO, o sea en el bote, peni o chirona.
ESAS COSAS NO PASAN HOY, porque a
diferencia de otras épocas, hoy el gobierno del Estado se maneja como tradicionalmente se
manejan los municipios pueblerinos; o sea, que son cosas de una sola persona. Allá, el
presidente (como diría la "Tucha Manzanilla") es sota, caballo y rey y los
demás funcionarios no pasan de ser figuras decorativas o sirvientes del ejecutor; lo
mismo que en el poder ejecutivo actual, las maniobras se hacen desde el palacio y
cuidadito del que quiera actuar por su cuenta.
EN ESE TIEMPO, a pesar de los logros
de la revolución que ya nos había dado el Agua Potable, para no seguir ingiriendo el
caldo de microbios, buena parte del País y desde luego nuestro Estado, estaba padeciendo
un violento brote de cólera y para decir que eso no era cierto, nuestra ciudad se
engalanaba con la visita del doctor Kumate, que era el Secretario de Salud. El
vibrión estaba bravo y empezaba a causar bajas entre la población en las fondas, sobre
todo en las de Umán que invitaban a la gente a lavarse las manos antes de comer y
después de... También la gente empezó a evitar consumir aguas frescas y a darle
preferencia a los refrescos embotellados; fue entonces cuando la gente común y corriente,
se acostumbró a comprar sus botellones de agua "purificada" costumbre que hasta
hoy perdura. Cuando eso chambeaba yo en el H. Ayuntamiento de Mérida como
"jefe" de la contraloría social y tenía a mi cargo supervisar todos los
concursos y contratos relacionados con la obra pública, tanto los que se hacían con
recursos propios, como lo que se hacía mediante la mezcla; es decir, con dinero de la
federación, del municipio y del Estado. Don Ulises González, que era de Obras
Públicas, me decía: "yo no tomo agua purificada, yo tomo agua potable, así que si
me enfermo, me voy contra Willy Carrillo".
CUANDO ESO, el popular Severino
escribía desde el CERESO para desearle felicidades por su cumpleaños a la caramelo y se
lamentaba (y se la mentaba) por no haberle prestado atención a los señalamientos de
aquel Comité plural que se instaló el día 23 de junio con la finalidad de encausar las
inconformidades de los hombres del campo, motivadas por la liquidación del programa
henequenero.
Cuando eso, ya disputaban el derecho a la
primogenitura del matrimonio Sierra-Sauri, los hermanos Carlos Sobrino y Erik
Villanueva.
En ese entonces, Diarios y Revistas se
engalanaban con la bella figura de doña Cecilia Occelli (de Salinas) quien
fungía como la primera dama del País y andaba de visita por los bellos Cancunes,
haciendo felices a los del lugar con una sonrisa o un apretón de manos.
EN OTRA PÁGINA, como si ésta
hubiera salido de la nota roja, se veían los rostros de los prohombres del Caribe, José
Ascencio Navarrete, Miguel Angel Ortíz Cardín, Elias Abuxapaqui y José Luis Pech
Varguez; el primero andaba prófugo de la justicia (digno antecesor del chueco); el
segundo, como jefe policíaco "lo andaba buscando" mientras que el turco Abuxapqui
estaba encargado de las finanzas o finas transas. Y aunque este ayer es bastante cercano,
no cabe duda de que el panorama mucho ha cambiado ¡SALUD! (J.S.C. Mérida, Yucatán,
Méx., agosto de 2000)
|