Hoy por hoy, en el fútbol
mexicano sólo hay tres equipos que están obligados a ser campeones campaña tras
campaña: Cruz Azul, América y Guadalajara. No por casualidad, los primeros tres
volúmenes que historian a los clubes del balompié mexicano editados por Clío
están dedicados a esas grandes escuadras que han forjado, de manera muy diversa,
tradiciones campeoniles que les han atraído a miles de seguidores. El libro de León
Krauze* está consagrado a dar cuenta de la memoria azul.
De esas tres grandes franquicias, la que ha
cimentado en menos tiempo su tradición en la Primera División ha sido la cementera. Sin
embargo, tiene una historia larga: allá por los años veinte, los trabajadores de la
Compañía Manufacturera de Cemento Portland "La Cruz Azul", S. A., en un
plebiscito decidieron cuál sería el deporte que practicarían en sus horas de solaz y
esparcimiento: el béisbol o el fútbol. Está por demás decir cuál triunfó. La fecha
en la que un grupo de cementeros decidieron hacer los primeros esfuerzos balompédicos
azules fue la del 22 de marzo de 1927, en Jasso, Hidalgo.
De allí en adelante, la historia
cruzazulina es de un ascenso constante: en 1932 es fundado el Club Deportivo y Social Cruz
Azul, A. C. Posteriormente, los azules ganaron 15 campeonatos estatales consecutivos, y
empezaron a obtener buenos resultados en los campeonatos nacionales. Allá por principios
de los años sesenta, el equipo se profesionaliza de manera definitiva y es aceptado en la
Segunda División. El equipo se reforzó, llamó al técnico húngaro Jorge Marik
para que se hiciera cargo del equipo y guiarlo hacia la máxima división del futbol
mexicano, lo que lograría en 1963, en un equipo en el que ya figuraba un jovencito que
sería una leyenda cementera: Fernando Bustos.
Posteriormente, vinieron campañas más
bien mediocres del equipo, en las que quedo en lugares de la media tabla para abajo. Aún
así, en 1965 el Cruz Azul logró una gran hazaña: golear por un terrible 7-1 a las
campeonísimas Chivas del Guadalajara en el mismísimo Estadio Jalisco.
El primer campeonato que se vistió de azul
fue el de la temporada 1968-1969. Pese a los esfuerzos de los campeonísimos tapatíos,
Cruz Azul fue el mejor equipo de aquella temporada y consiguió el título varias fechas
antes de que terminara el torneo. Unos meses después, por decreto del estado de Hidalgo,
Jasso cambió su nombre al de Ciudad Cooperativa Cruz Azul. Así inició la tradición
ganadora del equipo.
En 1970, en un torneo algo irregular por el
Mundial de áquel año, Cruz Azul se llevó el título. En 1971, el legendario Estadio 10
de Diciembre era ya insuficiente para dar cabida a la afición de la escuadra y se
trasladó al Estadio Azteca. Ya allí, en la temporada 1971-1972, los azules escribieron
una de sus mejores páginas al vencer en la gran final al América por un contundente 4-1.
Ya para entonces, portaban el uniforme celeste jugadores de la talla de Miguel Marín
el cruzazulino por excelencia-, Alberto Quintano, Javier "Kalimán"
Guzmán, Javier Sánchez Galindo, Octavio "el Centavo" Muciño,
Eladio Vera, Héctor Pulido, Nacho Flores, Cesáreo Victorino, Horacio López Salgado.
Ellos se encargaría de dar vida y leyenda
al mejor Cruz Azul de la historia, el que obtuvo el tricampeonato. Después, a finales de
la década, bajo la magistral dirección técnica de Ignacio Trelles, los
celestes obtuvieron un bicampeonato que los convirtió en el equipo de la década.
Todavía hay quienes recordamos aquella vibrante final contra los Tigres de la Universidad
de Nuevo León, y los hombres que la ganaron: nuevamente Marín, Guillermo
"Wendy" Mendizábal, Miguel Ángel "el Confesor"
Cornero, Gerardo Lugo, Carlos Jara Saguier, José Luis "el
Chaplin" Ceballos.
Vino entonces el retiro prematuro de Miguel
Marín, y con ello una alarmante sequía de títulos. Ya sin "Superman"
como atinadamente lo apodó Ángel Fernández, quien también bautizó al
equipo como "la Máquina Celeste"- en la portería, Cruz Azul perdió varias
finales: contra Pumas, Chivas, Aguilas y Necaxa. Fueron años en los que Cruz Azul, pese a
varias campañas buenas, vivió en un páramo de títulos. Lo más rescatable de esa
época es el tricampeonato de goleo que obtuvo Carlos Hermosillo merced a los
grandes servicios de Julio Zamora.
El más reciente campeonato lo gana el Cruz
Azul en 1997, con aquel famoso penalty que cobró un Hermosillo disminuido y
sangrante ante un León agresivo.
El libro contiene también algunos
apartados acerca de varios de los grandes hombres azules. Quiero destacar sólo dos: don Guillermo
Álvarez Macías, el gran directivo que cimentó al equipo y lo hizo el
mejor de toda una década, y Miguel Marín, el arquero líder, viril, noble, fuerte
y ganador. Ambos son las figuras esenciales que dieron realidad al sueño azul de
grandeza. Son todavía el prototipo del ser azul, paradigmas del quehacer celeste. Ese
espíritu se sintetiza en las palabras de don Guillermo que, como bien anota Krauze,
están grabadas en sus instalaciones de La Noria: "Honor y lealtad a nuestra patria,
valor y nobleza en el deporte". (A.R.M. México, D.F., agosto de 2000)
* León Krauze. De sangre azul.
Historia del club Cruz Azul. México, Clío, 1999. 85 p.
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