Llanto indeciso
"...lloraba como ahogado."
Federico García Lorca
(Fragmento de "Yerma")
Llanto indeciso, el que nos aborda cuando las letras nos invaden y sus sonidos a rumor hueco nos
remiten al bálsamo de las orillas, al dulce tacto de la melodía y al compás gracioso de
los capullos al reventar el mediodía.
Decisión
Por Alicia Ferreira
¡No me empujes hacia lo
imposible! me dijo mientras su cuerpo era recorrido por aquella luz azul, que le
imprimía destellos inusitados.
¿Perderlo? En realidad ya lo había
perdido hacía tiempo. ¿Distanciados? Ya lo estábamos.
Soy algo lenta en tomar decisiones, pero ya
tenía la idea de la necesaria separación.
Mi madre me decía desde niña: "No
retienes junto a ti lo que más quieres, lo prodigas como si fuera una ofrenda y luego te
quedas sola".
Él llegó a mi vida como un ángel, de
improviso, en forma mágica; cuando más lo necesitaba.
Completó mi existencia sin que yo hiciera
demasiadas preguntas. ¡Era tan cómoda su presencia! ¡Su sentido de lo que iba a
suceder, su táctica de estar siempre alerta para solucionar mis problemas! ¡Su forma de
poner en mi boca las palabras adecuadas y la advertencia de lo no debido!
Me acostumbré a sus órdenes, a su
dedicación de veinticuatro horas, el trato posesivo que me brindaba.
Dejé olvidadas las malas temporadas que me
habían provocado mi madre autoritaria y el padre ausente.
Así son las cosas, organizó mi vida y me
sentí tranquila. Por un tiempo. Luego, fueron en aumento sus imposiciones. La palabra
"debes" me pareció insoportable.
Aprendí a ser tan ordenada, cuidadosa y
con buen criterio, que se introdujo en mi vida el aburrimiento.
Él me enredaba con sus murmullos de lo
propio y lo adecuado, en modificar mis sentimientos para que nada me hiriera y entonces
empecé a sentir su peso sobre mis hombros.
Y me escapaba, a pecar sin conciencia
decía yo a lo desconocido, hacía lo que me entusiasmaba, lo nuevo; la
aventura.
Hace tres días le di un ultimátum:
¡Déjame vivir o tendrás que marcharte! Él lloró toda la noche a los pies de mi cama,
pero no podía cambiar. Era su oficio, preservarme, hacerme feliz, a su manera.
Así que hoy me decidí. Interpuse mi libre
albedrío a su esclavizante tutela. Sin remordimientos. Pronuncié las terribles palabras
de despedida.
La luz azul lo desintegró ante mis ojos y me sentí
relajada, maravillosamente libre, inconsciente, casi afiebrada por la certeza de que he
perdido mi Ángel de la Guarda.
Una
lágrima...
Por María del Pilar Acevedo Brito
Una lágrima puede ser: abismo,
garfio, veneno, anatema y hiel;
una lágrima puede ser lo mismo
que tempestad de clavos en la piel.
Una lágrima puede ser averno
y puede ser peñasco que rebota
en mi pecho camino al infierno,
ser tortura, cilicio y ala rota.
Temblaba en tus pestañas cual brillante
cristal de hielo, signo de mi suerte,
gota de savia cruel que mi alma huella.
Si no fuera porque amo tu desplante,
¡Te juro que pudiera ser mi muerte
tu apasionada lágrima por ella!
Grafías
Por Sendy Capetillo
Hoy los dolores de parto se me dan en
la cabeza y siento que no podré soportar ni esperar un poco más a esta idea que vuelve
alfiletero mi cerebro, que pide y exige unas gotas de tinta para dejarme descansar libre
de la angustia nocturna.
Contracción a contracción mi jaqueca se
vuelve una migraña intensa, zumbante y perversa al borde del momento crítico.
Intensamente pienso en darme un tiro pero... pasa, cede y fluye a su propio alumbramiento
a través de las yemas ciegamente llagadas que surgen desconocidas en mis dedos, después
de haber gastado en los laberintos mentales guardianes de mi pasado y se van olvidando mi
agonía, va quedándose lejos la mañana de dolor palabra a palabra, con cada trazo, con
cada grafía e idea que se vuelve paloma hecha con las manos puras antes de todo tiempo de
versos. Vuela libre de mí, libre de todos, lejano, vivo y perfecto aquel poema olvidado
dentro de un viejo libro.
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