Por primera vez desde que
surgieron a la luz pública, las fuerzas paramilitares que operan en Chiapas fueron
retratadas por fotógrafos de prensa y hasta entrevistado uno de sus líderes, por
reporteros de diversos medios.
Con sus negros y relucientes uniformes de
campaña, muy parecidos a los que usan las fuerzas de seguridad chiapanecas con las
cuales se confunden y sus armas de grueso calibre (las Ak 47, los famosos
"cuernos de chivo") estos cuerpos irregulares, llevados a primer plano por los
diarios del País la semana pasada, se desplazan libremente a lo largo y ancho de un
territorio dominado por el Ejército que se hace de la vista gorda ante las
múltiples tropelías que estas bandas armadas a diario cometen, causando terror y
muerte entre los indígenas no priístas del Estado.
Sistemáticamente negadas por los más
altos personeros del ancien régime, sobre todo, el presidente Zedillo y el
procurador Madrazo, estas fuerzas han estado, sin embargo, muy activas en la
política chiapaneca, desde hace mucho tiempo, por lo menos cinco años, haciéndole el
trabajo sucio a quienes desde el poder político las crearon, con la ingenua ilusión de
liquidar el grave problema de los indios de aquella entidad mediante los asesinatos, las
violaciones, las expulsiones de sus comunidades y, en fin, el amedrentamiento y el terror.
Hoy, cuando está en puerta una elección
importantísima, como es la que se va a celebrar el próximo 20 de este mes, para renovar
el Poder Ejecutivo de la entidad, la actividad de dichas fuerzas se ha hecho más intensa,
como parte de una estrategia para burlar la voluntad de los electores tratando de meterles
miedo para espantarlos y que no acudan a las urnas.
Son éstas las primeras elecciones
realizadas en territorio mexicano después de las celebradas el 2 de julio. Su importancia
radica, precisamente, en que servirán para medir el grado de cimentación que la
democracia mexicana ha logrado establecer en nuestro país después de muchos y muy
grandes esfuerzos y tras la demostración que dio al quitarle al PRI la presidencia de la
República en aquella memorable fecha.
Sin embargo, los comicios chiapanecos se
van a producir en condiciones difíciles porque, aún debilitado, el tricolor no se
resigna a dejar de ser partido de Estado. Y como en los mejores tiempos, quienes lo
regentean, encabezados por el prefecto político en Chiapas del enmohecido sistema, el
tristemente célebre "interino del interino", el gobernador del Estado, Roberto
Albores Guillén, mejor conocido como el "Croquetas", está echando la casa
por la ventana en materia de compra de votos y coacción de votantes.
Así es que, mientras por un lado, las
fuerzas del viejo sistema no se miden en el uso y abuso del dinero público, al través
del gobierno del Estado y de los presidentes municipales priístas (que, como en el
Yucatán de Cervera, tienen licencia para disponer del presupuesto como les dé la
gana), para sobornar votantes paupérrimos que en Chiapas son la inmensa
mayoría, para amenazar y para corromper, por el otro, buscan crear el clima de
tensión e inseguridad propicio para que haya abstencionismo.
No es ajeno a ese clima de violencia, que
con su conducta beligerante están creando los que se sienten dueños del poder en
Chiapas, el "pesazo" (le tiraron con una pesa de balanza, usada como proyectil)
que le asestaron al candidato priísta a gobernador Sami David en la cabeza,
supuestos o reales partidarios del candidato de la Alianza por Chiapas, Pablo Salazar
Mendiguchía, en una reyerta entre éstos y quienes acompañaban a aquél en un
recorrido de su campaña.
Las fuerzas priístas que detentan no sólo
el gobierno de Chiapas sino los gobiernos de otras entidades, entre éstos el cacique
yucateco, están en el plan de hacer todo lo que sea necesario para preservar sus
gubernaturas y usarlas como base de relanzamiento para la reconquista del gran poder que
el pueblo les quitó, esto es, el poder presidencial, a la par que mantener sus Estados
como cerrados reductos del autoritarismo que practican.
Es por eso que están usando todos los
recursos a su alcance para lograr su propósito, entre otros, llevar a Chiapas el mayor
número posible de gobernadores priístas, que no sólo van ahí para hacer campaña o
darle impulso a la que David lleva al cabo, sino para dividirse la entidad y
hacerse cargo, con equipo y recursos propios, de la cooptación de ciudadanos, tratando de
revertir las tendencias electorales que auguran la apabullante derrota del candidato
oficial. Estas tendencias hablan de una ventaja de 10 puntos porcentuales a favor de Salazar
Mendiguchía.
De ahí la desesperación de los
patrocinadores de las bandas armadas chiapanecas y el incremento de sus acciones de
terrorismo. Esta es la razón para decir que en Chiapas no se está jugando sólo una
simple gubernatura sino el futuro de la entidad y la paz del País. Es requisito
indispensable para que se resuelva el conflicto chiapaneco que salgan del poder quienes
quieren acabar con el problema llevando al cabo la guerra de baja intensidad que practican
y con la que buscan eliminar o neutralizar a los contrarios. El genocidio, pues.
(F.P.S. Mérida, Yucatán, Méx., agosto de 2000)
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