Cuando nacionalmente se
discutía la pertinencia de cobrar el IVA a las medicinas y los alimentos, dos noticias
locales sobre asuntos no tan novedosos nos sugirieron la conveniencia de reflexionar sobre
el tema de las finanzas públicas y la evasión fiscal. La primera de ellas relacionada
con el maloliente caso de la importación de bicicletas por parte de Cervera Pacheco
y la otra con la arraigada costumbre de algunos yucatecos de consumir energía eléctrica
sin pagarla.
Cada vez que el tema fiscal es objeto de la
atención general, analistas y comentaristas de los medios informativos nos remiten al
tema de la evasión fiscal como una de las graves deficiencias de que adolece el sistema
fiscal mexicano. A modo de justificación, es frecuente leer o escuchar que el manejo
discrecional del erario, la turbiedad con que se hace y la corrupción que se esconde
detrás favorecen la evasión de muchos contribuyentes quienes, desconfiados del manejo y
del destino final de sus impuestos, se desobligan de cumplir con su pago.
Un corolario de la anterior idea consiste
en creer que bastaría con que una nueva autoridad demuestre el manejo honrado tanto en la
recaudación como en el gasto público para que los evasores, una vez recuperada la
confianza en el gobierno, convengan en cumplir con la ley y sus deberes con la sociedad.
El asunto de la importación de 10 mil
bicicletas por Cervera Pacheco, denunciada como ilegal por la Asociación Nacional
de Fabricantes, prueba que los gobernantes, los más obligados a respetar las leyes para
hacerlas respetar, suelen ser los mayores promotores de la evasión fiscal, cuando sus
actos se convierten en los más exitosos ejemplos de impunidad con que proceden: el Diario
de Yucatán dio cuenta de las declaraciones de un funcionario federal de Hacienda que,
al confirmar que esas máquinas se habían devuelto al país de origen, tácitamente
admitió el carácter ilícito de la compra de esas 10 mil bicicletas en el exterior, cuyo
origen de fabricación fue deliberadamente ocultado por el gobierno de Yucatán. ¿ Qué
se puede esperar de los demás evasores si quienes deberían perseguirlos se dedican a
hacer lo mismo?
Parece lógico e inevitable que en un País
o Estado en donde los principales evasores fiscales son los mismos gobernantes, la
evasión del pago de impuestos debe ser muy elevada. Peor si, además, entre los causantes
hay los que reciben tratos de excepción, como el que reciben inversionistas cercanos o
socios de los que detentan el poder o los especuladores financieros de toda laya.
En cambio, en sentido inverso, nadie
garantiza que a un sistema fiscal eficiente y equitativo y una gestión escrupulosa de los
ingresos vayan a responder todos los ciudadanos con el cumplimiento puntual de sus
obligaciones fiscales, lo que no implica que no sean necesarias y hasta imprescindibles la
eficiencia y la equidad universal de los sistemas fiscales y el manejo esmerado de los
fondos públicos. Los practicantes de la "tecnología del diablito" de nuestra
ciudad son un buen ejemplo de lo que sostengo, que los evasores no van a cambiar porque
cambien los gobernantes.
¿Qué pretexto o coartada podrían argüir
los rateros de energía eléctrica? ¿Acaso la conexión eléctrica con apego a las normas
incluye el pago de extorsiones o el cobro de mordidas? ¿Los practicantes del
"diablito" son, para su desgracia, indigentes o personas de escasos recursos? La
información proporcionada por el jefe de comunicación social de la CFE en nuestro Estado
es muy esclarecedora: en el último semestre han detectado 197 nuevos casos; en su
mayoría se trata de tomas clandestinas de comercios, empresas y fábricas, y en el caso
de las tomas domiciliarias en su mayoría corresponden a las zonas residenciales más
notorias de nuestra ciudad: Villas la Hacienda, Campestre, Col. Alemán, México,
Itzimná, Pensiones, Jardines de Mérida y La Ceiba, entre otras.
Los que roban la energía eléctrica
tampoco pagan los impuestos correspondientes. Son parte del conjunto de evasores fiscales
que no renunciarán de manera voluntaria a sus ilegítimas e ilegales ventajas. No lo van
a hacer porque pertenecen a la parte más conservadora de nuestra sociedad. Se trata de
gente egoísta cuyo "éxito" personal no necesita de pretextos ni de coartadas
para justificarse.
Los evasores, se encuentren en el poder o
en la sociedad, nos sugieren una propuesta. Antes de pensar en incrementar los impuestos e
inventar otros, el nuevo gobierno federal surgido de la insurrección electoral
antipriísta del 2 de julio deberá empezar por detectar todas las deficiencias e
irregularidades en materia fiscal entre las que deberá incluir las injustas exenciones y
las evasiones fiscales y obligar a los beneficiarios de éstas últimas a pagar, si no
todo, cuando menos buena parte de lo que le han mermado a los recursos públicos que son
de todos, así se trate de evasores individuales o de personajes del sistema político que
se han enriquecido ilegalmente. Sólo entonces podrá ser bienvenido un nuevo sistema
fiscal eficiente y equitativo que permita devolver a los más pobres siquiera una parte de
la esperanza que les arrebataron los políticos egoístas y los que, a la sombra de los
actos ilegítimos de éstos, han medrado con similar éxito. Entre ellos, los evasores
fiscales. (R.A.S. Mérida, Yucatán, Méx., agosto de 2000)
|