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Cría fama...
Extrañado por la dimensión que tomó el
asunto de su alcalde favorito en la prensa local y el premio que tuvo a bien negociar en
beneficio de la Ciudad con su amigo catalán, nuestro ejemplar gobernante decidió tomarse
una tarde de esta semana para meditar. Pocas veces lo hace porque él es de los que
piensan que no hay que perder tiempo ni para pensar. Es mejor actuar y luego se
cuantifican los daños.
En ese raro momento de reflexión que tuvo
esta semana tras su retorno de la Ciudad de México donde sostuvo un encuentro cercano del
tercer tipo con el afectado, el Gran Gobernador arribó a la conclusión de que la jugada
del Congreso fue muy especial, porque ya le estaba afectando a su imagen de estadista el
hecho de que hasta las cosas malas de sus oponentes se las carguen a él.
No cabe duda que he luchado
dicen que murmuró mientras meditaba.
Dice D. Víctor y con
razón que si algún panista es descubierto robando dinero de las arcas públicas,
la gente no lo vería mal y que incluso la mayoría justificaría el hurto, perdonándolo
de inmediato y hasta dándole chance de que devuelva la lana a plazos o como quiera.
Dice también que si a un opositor le falta
algún documento a la hora de llenar sus comprobantes fiscales como autoridad, lo más
probable es que se lo pidan y vea cómo lo consigue, pero nunca por ello sería sometido a
juicio alguno.
Vaya que tienen suerte y no
precisamente de tenerme aquí expresa.
Pero si nuestro distinguido jefe se ahorra
unos buenos pesos comprando bicicletas chinas, y les da la vuelta con la ayuda de los
gringos, se le arma todo un escándalo que no se lo quita nunca.
Pero no olviden que el M.I.G.* no es
vengativo y menos rencoroso. Eso sí, es un muy visionario y sabe adelantarse a los
tiempos, aún a los políticos, usando las piezas políticas a la medida de sus
necesidades.
Pero dejemos estos momentos de trance para
comentar lo que realmente preocupa a nuestro distinguido jefe: resulta que recibió muy
disgustado el rumor que anda corriendo por las calles de Mérida y algunos cafés del
centro, en el sentido de que ya se sospecha que don Óscar no está en California u
otro país vecino, sino que se encuentra hospedado en alguno de sus ranchos allá por el
oriente del Estado.
Sólo eso me faltaba. Seguro que
inventarán que entró a mi oficina de la Petronila y que salió por la puerta eléctrica.
Lo mismo dijeron de Mario... que yo lo ayudé, que lo escondí, etcétera, y eso no
es cierto señaló molesto.
Así que quede claro. D. Víctor
no tiene escondido a nadie en su casa y tampoco en la Petronila. Menos a D. Óscar.
Basta de infundios dijo a gritos.
Nosotros sabemos que tampoco está en el
rancho. A don Mario no le gusta que nadie más use su cuarto. Y si acaso habla con
él nuestro guía, sólo es para darle consejos de que no aparezca. Ya no. (Mérida,
Yucatán, México, agosto de 2000)
(*) Menos ilustre gobernador
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