DE LA EMBRIAGUEZ.
Hace ocho días (más bien siete) decíamos algo de las consecuencias que ha traído la
aplicación del nuevo Código Penal del Estado, que entre sus novedades trae el aumento de
la pena máxima que se puede aplicar a los sentenciados, que ahora es de 40 años y antes
sólo llegaba a 25, y el cambio del método para otorgar la libertad bajo fianza a los
procesados, ya que antes, mediante una sencilla operación matemática, sumando la
sentencia mínima y la máxima y dividiéndolas entre dos, si el resultado no pasaba de
cinco años ya se sabía cuándo un reo tenía derecho a su libertad bajo fianza y cuándo
no; por ejemplo, si el código decía que un delito se castiga con una pena que va de tres
a seis años de cárcel, tenemos: 3+6=9, entre dos igual a 4.5, entonces éste sí sale
bajo fianza, pero si la pena es de tres a nueve años no, porque 3+9=12, entre dos igual a
seis, y punto.
Ahora se otorga la fianza de una manera
arbitraria, ya que es según la clasificación del delito, que puede ser grave o no grave,
y los señores diputados, por órdenes superiores, pusieron entre los graves a los que
ellos quisieron, lo mismo que en la otra clasificación.
AHORA BIEN, y claro que no se trata
de hacer la apología de un delito o de algún vicio, pero ¿es realmente grave el asunto
de la embriaguez? Más aún, ¿es intrínsecamente un delito vender cerveza y/o licor?
Porque si es así, no sólo cometen este delito los pobres que venden sin permiso o fuera
del horario reglamentario, sino también: los bares, cantinas, salones cerveza,
restaurantes de primera, de segunda y de tercera, lo mismo que los salones de baile y los
alcaldes que venden chelas en los campos de béisbol, lo mismo que los dueños de
las cadenas de súpers, y no sólo los particulares, pues da la canija casualidad
que el otro día que era de quincena, me fui dentro de la tienda de doña Issstey a marcar
un kilo de azúcar para mi limonada y ¿qué creen que vi? Pues nada, que la mayoría de
los comprantes salía con su carrito lleno de víveres, pero mero arriba traía su chan
canastía de cerveza. Me llamó tanto la atención el asunto que le pregunté a una
familia en la cola para el pago por qué todos traían su canastía de cerveza, que
si estaba de oferta, y me contestaron: "¡Qué va! Es que tenemos que gastar los
vales porque no nos dan cambio y por eso compramos la six pac".
Y entre la burocracia del Estado que
compraba ese dilla, era notoria la presencia de los acólitos de don "Licho"
Saidén, o sea, que eran agentes de la SPV (vulgo tecolotes, cuicos o polecías).
POR ESO pregunto: ¿Es por sí mismo
delito vender o comprar huaro o chelas? Porque sí hay delitos que lo son
por su misma naturaleza; por ejemplo, si alguien se apodera de un bien ajeno sin derecho o
sin el consentimiento del que lo posee, comete el delito de robo, y el robo siempre será
robo. Y sin embargo, hasta en este caso existen excepciones, como es el caso del indigente
que toma una cosa para comer. Y hasta en el caso de homicidio, pues el que mata en defensa
de su vida, de su honor o el de su familia, ejerce un derecho y no puede ser juzgado como
delincuente.
A MÍ SE ME HACE que esta
legislación en la que se trata con tanto rigor a la embriaguez es para darse sus baños
de pureza esa gente que tanto lo necesita y que tiene mucha urgencia de ver subir sus
bonos ante la sociedad, sobre todo después de lo de Chiapas, ya que si en el 2000 cayó
el País primero y Chiapas después, no sería aventurado pensar que el 2001 sea para los
yucatecos; no hay que olvidar el dicho que dice: cuando veas la cola de tu vecino cortar,
pon la tuya a remojar.
Y LUEGO la escenografía, pues dice
don Pedro Hidelgardo: "Yo había comprado cuatro cartones para celebrar el
día del compadre decretado por Televisa, y en la Procuraduría me pararon
ante una estiba como de 200 cartones para impresionar al juez, y así no se vale".
Así que, señores legisladores, más seriedad.
TIRO AL "NEGRO". Y
para bajarme el coraje que me produce recordar todo esto, vamos a ver chismes más
agradables, ya que esto del "tiro al Negro" no se trata del popular juego que se
pone en la feria de Chelem, se trata de otro negro, del popular "Negro" Abreu
Sierra, al que últimamente le ha llovido en su milpota con eso del Carnavalito, al
grado que hasta su compadrito del alma ha opinado en contra del dictamen de uso del suelo.
Y es que, como se sabe, el Alcalde es la autoridad más próxima al pueblo y contra él se
van todos amigos o enemigos ya que no se quiere entender que en algunos casos
es muy poco lo que el municipio puede hacer, pues una vez que las autoridades federales y
estatales dan su O.K., ¿entonces?
TODAVÍA recuerdo el tango que las
lobillas del patio le armaron al "Pato" por "haber autorizado la
apertura de la gasolinera en la avenida Juan Pablo II", allá merito enfrente de su panaderilla
de don "Licho" Medina Cantillo, y sin embargo hoy "todos los
abajo firmantes" y sus familias se surten en dicho expendio de combustible.
Vamos a ver si todos los que ahora
protestan contra la construcción de Walt Disney del Carnavalito el día de mañana
se abstienen de ir a comprar allá en señal de protesta. Digo, por aquello que se llama
congruencia.
- Como en feria de pueblito
- (me dijo Román Alegro)
- hoy le están tirando al "Negro"
- por lo del Carnavalito.
(J.S.C., Mérida, Yucatán, Méx.,
agosto de 2000)
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