"A los meridanos, les pido que nos sigan
exigiendo,
que participen más con su gobierno municipal,
que no callen cuando tengan que hablar, que
sientan Mérida con orgullo y suya, es de ustedes".
Xavier Abreu Sierra, en su
Segundo Informe de Gobierno
No le
quedó otra cosa qué hacer al alcalde de Mérida, Xavier Abreu Sierra al
verse descubierto, que reconocer que invirtió millonaria suma en pago por los
"servicios" de nominación de la Capital Americana de la Cultura.
Apenas la semana pasada, La Revista
adelantaba por conducto de su colaborador en la Ciudad de México, Baltasar Barbolla,
que el Alcalde de Mérida tenía un futuro muy promisorio al lado del presidente electo, Vicente
Fox Quesada, dado su perfil de urbanista y de promotor de la cultura. Parece
que tras el penoso suceso de la compra del premio disfrazada con otro nombre, el primer
regidor meridano ya incluyó en su currículum un expediente negro.
Paralelamente, nuestro semanario dio a
conocer que ya se había detectado el millonario pago en dólares que el Alcalde realizó
para llevar al cabo su capricho de celebrar durante un año una supuesta nominación de la
Ciudad como "Capital Americana de la Cultura".
Sin embargo, poco le duró el gusto al
llegar los primeros comprobantes al Congreso del Estado, en su prisa por enviar los
documentos a la Contaduría Mayor de Hacienda; creyó que su amistad con el Gobernador
sería una patente de corso para hacer lo que quisiera con el dinero de los meridanos.
Pero... ¿qué es lo que obligó al Sr. Abreu
a caer en este desprestigio? Veamos primero los antecedentes:
En su oportunidad, Ana Rosa Payán
Cervera tuvo a su cargo la celebración del 450 aniversario de la fundación de la
Ciudad, merecimiento que por sí solo obtuvo una gran aceptación de propios y extraños y
llevó muy lejos el nombre de Mérida.
Patricio Patrón Laviada dejó el
Nuevo Olimpo para trascender, y ahí está, a la vista de todos.
Cabe señalar que Luis Correa Mena
quien fue alcalde después que la Srita. Payán, pragmático y
menos dedicado al cultivo de su imagen, no perdió su tiempo ni el dinero de los impuestos
en "fabricar" nada que no fuera de provecho y de utilidad para esta ciudad y
prescindió de títulos superfluos que luego fueran materia de críticas. Él también
gozó de las simpatías del gobernador de ese entonces, Federico Granja Ricalde,
sin que ello sirviera para dilapidar el dinero.
El alcalde cerverista de Mérida, a la
mitad de su gestión, descubrió que no tendría nada que legarle a su ciudad más que
calles, avenidas y fachadas remozadas, pues las grandes celebraciones de interés cultural
ya habían tenido lugar y las obras de gran envergadura ya estaban en pie.
Por eso se le ocurrió entonces pagar más
de 425 mil dólares por la nominación de Capital Americana de la Cultura, como él mismo
ya reconoció. Al amparo del nombramiento de marras, millonarias sumas han sido erogadas
sin que hayan sido aprobadas por el Cabildo del presupuesto que administra
vía impuestos y participaciones, y menos se contemplan en el presupuesto de su ejercicio
de egresos realizado el año anterior.
Así las cosas, conviene citar lo que en el
antepenúltimo párrafo de su mencionado II Informe señala: "Hay dos motivos para
estar orgullosos de Mérida: el haber marcado la historia con ser la primera Capital
Americana de la Cultura y la amplia trayectoria de nuestros ciudadanos en la lucha
democrática".
Ahora vemos que sólo nos queda
continuar con la lucha democrática. (Mérida, Yucatán, Méx., agosto de 2000)
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