El fundador de esta
revista, Eduardo Menéndez (q.e.p.d.), hablaba con frecuencia de los
"empresarios boliteros", refiriéndose con desprecio a aquellos individuos que
invierten su dinero esperando recibir todas las ganancias al día siguiente.
Así también, y de modo similar,
podríamos hablar de los "políticos boliteros" refiriéndonos a aquellos que,
una vez llegados al poder, buscan la gloria instantánea. Es el caso del alcalde de
Mérida, Xavier Abreu Sierra, quien para entrar a la historia no encontró mejor
medio que la compra del título "Capital Americana de la Cultura" a una naciente
empresa catalana experta en vender sueños.
Víctima de las lisonjas y el
"cultivo" de los siempre presentes lambiscones, don Xavier se enteró
(gracias a otro catalán, empleado suyo) de que por medio de una "razonable"
cantidad de dólares (425 mil) podría convertirse de la noche a la mañana en el alcalde
de la Primera Capital Americana de la Cultura. "¿Tanta gloria por tan poco
dinero?", se habrá preguntado el gis edil algo incrédulo mientras
buscaba el dinero en las arcas municipales.
Y un buen día los meridanos nos enteramos
con sorpresa del inmerecido nombramiento. Aún no repuestos de nuestro súbito ascenso al
estrellato, quizás algo apenados, nos preguntamos entonces con sinceridad: ¿Y de verdad
nos merecemos este título rimbombante? ¡Si ni siquiera hay en las universidades
yucatecas la carrera de Filosofía o la de Letras Españolas! ¿Con qué derecho
podríamos figurar en el ámbito cultural por encima de México D.F., Buenos Aires,
Santiago de Chile...?
"Doble motivo de satisfacción y
orgullo para los meridanos. El haber sido nombrados y ser la primera en la historia del
Continente. Este es un reconocimiento internacional a los ciudadanos de la Mérida
muy Noble y muy Leal, un galardón a la vocación cultural y artística y a la naturaleza
sensible de las mujeres y hombres que conviven y han poblado esta ciudad", dijo
esponjado de vanidad don Xavier en su II Informe de Gobierno.
El político bolitero es mucho más
dañino que el empresario bolitero, porque éste finalmente invierte el dinero que es de
su propiedad, mientras que aquél utiliza el erario para financiar sus delirios de
grandeza. Y así, no repuestos aún los meridanos de nuestra sorpresiva y falsa irrupción
en el Primer Mundo de la cultura, empezamos a sentir los estragos de un alcalde que había
perdido el piso.
La primera magna obra de la frivolidad
criminal de Xavier Abreu fue la sustitución del concreto hidráulico en buen
estado de la calle 60 con "uno más bonito" de concreto estampado. Y ya se
anunció que ahora sigue la calle 62. ¡Válgame Dios! Pero no hay que ir muy lejos de la
recién remodelada Plaza Grande para caer de la nube más alta en que vive el Alcalde y
reencontrarnos con nuestra triste realidad: cerca del Mercado Grande, en dirección
sureste, las calles son un verdadero desastre: multitud de baches y pavimento ya deforme
por lo viejo que está. Y eso por no hablar de la pésima señalización vial que tiene
Mérida, principalmente en el sur de la Ciudad. Accidentes y reparaciones de vehículos
representan una constante fuga de dinero de los bolsillos de los meridanos.
Nadie escarmiente en piel ajena. Si
cotejamos el vanidoso discurso de Abreu Sierra con la realidad cotidiana de los
meridanos, podremos ver que el modelo de desarrollo al que se aspira gracias a nuestro
título de Capital Americana de la Cultura es uno muy parecido al que ha hecho de Cancún
un caos urbano: la erección de una Mérida celestial, cultural y turística al lado de
otra Mérida paupérrima y olvidada.
Pero eso no es todo: los humos del Alcalde
también se les suben a sus subalternos. Hace unas semanas el Arqto. Francisco Zetina
Espinosa, director de Desarrollo Urbano de la Primera Capital Americana de la Cultura,
dijo indignado a la prensa: "Mérida no es un rancho", en referencia a la radio
alternativa Aajen Kaj de la comisaría de Chablekal, que con bocinas instaladas en una
ceiba transmite programas eminentemente culturales. Pocos días antes los colegas del
Aajen habían recibido la sorpresiva amenaza de Zetina en el sentido de que o
cesaban sus programas o se atuvieran a las consecuencias.
¿Cómo es posible que en Mérida siga
habiendo periodistas que utilicen medios tan rudimentarios como los del Aajen? ¿Acaso no
saben que ya somos la Capital Americana de la Cultura? ¡Qué conciliación ni qué
conciliación, aquí no es rancho! ¡Su ruido no nos deja soñar a gusto! ¡O cierran o
los expulsamos del paraíso!
Finalmente, víctima de su propia soberbia
y de la razón que le asiste a los colegas de Chablekal, el Arqto. Zetina tuvo que
enrollar su cola y dar todas las facilidades para que el Aajen Kaj pudiera seguir
transmitiendo sus programas con su modesto equipo.
No sé si los cientos de miles de dólares
pagados por Xavier Abreu (es decir, por los meridanos) al membrete catalán
(propiedad de otro Xavier, apellidado Tudela) vayan a ser bien utilizados en
la promoción turística de nuestra Mérida. Lo que sí sé es que el título de Capital
Americana de la Cultura no solamente nos queda muy (pero muy) grande, sino que ya infló
atrozmente el ego y la vanidad de nuestras autoridades, lo cual sobra decirlo
es sumamente dañino para los meridanos. (J.C.F.M., Mérida, Yucatán, Méx., agosto de
2000)
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