Semanario de Información y Análisis Político No. 566
Agosto 25 de 2000


El contrapeso del absurdo

Carlos Castillo López

1x1.gif (807 bytes)
5x5.gif (814 bytes)

Hablar de música es hablar arte… Es referirse a una creación humana que, por nacer de lo humano, se encuentra repleta de sentimientos conjugados en palabras (cuando no es instrumental) y ordenados en pentagramas por medio de notas. Por provenir de una sensación, y en consecuencia, la música es un arte, es el talento de algunos que deleita el silencio de la mayoría.

Sin embargo todos cantamos. No creo que exista quien, en algún momento de su vida, no se haya detenido frente a un paisaje, en el cruce de una calle o en la soledad de un elevador, a tararear las frases que dan forma a alguna canción, o las notas que, por medio de un silbido, expresan el recuerdo de alguna melodía. O al revés: quien no haya volteado en alguna ocasión (o por lo menos reconocido momentáneamente) en busca de la fuente del sonido conocido, así sea una radio anónima o un peatón pasajero. Definitivamente, se trate de instrumentos o de palabras, los acordes y las letras de muchas canciones ocupan un buen espacio de nuestra memoria aunque no sean un recuerdo constante, es decir, aquel que tenemos siempre presente, el que con relativa frecuencia suele acudir al llamado "Mundo de las ideas".

En particular, me considero admirador de las canciones que, en su expresión, conducen al oyente a través de experiencias con las cuales se identifica, con las que se comparte alguna frase y se piensa: "Quizá yo hubiera dicho eso si supiera escribir". Canciones que más que una expresión revelan confesiones profundas por medio de palabras en las que el sentimiento desborda y se comunica, quizá sin mayor intención que platicar un desamor casi olvidado, un suceso recordable, una mañana de lluvia, una flor que se marchita, una noche bajo el embrujo de la luna y, así, mil y un escenarios para elegir1. En fin de cuentas, canciones en que el amor es protagonista y cuya experiencia es adaptada a una historia particular.

Actualmente, los géneros musicales en los que es posible encontrar lo descrito líneas arriba son innumerables: el bolero, la trova (con todas sus variaciones), el pop (aunque en ocasiones, por su comercialización, suele devenir en piezas un tanto banales) y hasta el rock, a pesar de ser considerado algunas veces, y por fama de algunos de sus representantes, como superficial, contestatario e incluso agresivo. No obstante, quizá la variante más socorrida en nuestros días es la "nueva canción urbana" o "canción callejera", género que últimamente ha cobrado adeptos a gran escala, así como intérpretes que, armados con una guitarra y algunas canciones "fusiladas" la mayoría de las veces, propias en otras, recorren las calles de México en camiones públicos, ocupan espacios en pequeños bares y cafés, o deleitan a los viandantes en plazas y parques los días de mayor concurrencia.

Nacida de la "nueva trova cubana" que se dio a conocer en América principalmente por Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, la llamada "canción callejera" es el reflejo y el legado de artistas como Joaquín Sabina, Fito Páez, Juan Manuel Serrat, Luis Eduardo Aute, Milanés y Rodríguez. Estos exponentes son tal vez los más importantes y algo así como los "maestros" de los que actualmente, y a pesar de las enormes complicaciones que representa el carecer de disquera y publicidad, se encuentran en escena y han logrado conseguir un espacio y un nombre dentro de la música (aunque los "clásicos", cabe mencionarlo, no han pasado "de moda", a pesar de largos años de trayectoria musical). Entre los más escuchados hoy en día se encuentran Fernando Delgadillo (México), Hernaldo Zúñiga (Nicaragua), Pedro Guerra (España), Jorge Drexler (Uruguay) y Alejandro Filio (México).

Por fortuna, esta nueva variante de la trova no termina en sus actuales exponentes; son también muchos los que hoy continúan consolidando un movimiento musical que, al parecer, no es simplemente una tendencia más de la modernidad, sino un estilo, una forma de escribir, de componer y de cantar que lleva varios años de desarrollo en México, por no hablar de países como Argentina o España donde la "nueva canción urbana" es mucho más escuchada y apreciada. Quienes hoy en nuestro país ocupan el espacio "underground" que hace unos años era de los que ya han logrado salir del anonimato son: Enrique Quesada, Jaime Ades, Álvaro Arbitia y Enrique Muñoz, principalmente. Son ellos los que tocan y cantan en plazas públicas (Coyoacán, en el Distrito Federal), cafés y bares más o menos conocidos (El Péndulo y El hijo del cuervo, también en el D.F.). Son ellos también quienes, a pesar de enormes sacrificios, salen adelante en la grabación de casetes y discos —la mayoría de producción regular— para dar a conocer su trabajo, su labor, la expresión de sus sentires a través de una de las artes más antiguas y hermosas: la música.

Contrario a lo que lo actual expresa en modas, que devienen en aberraciones como la música electrónica, la nueva trova surge como contrapeso ante la vacuidad de un mundo donde el sonido estridente —que más bien cabría clasificar como ruido— parece expandirse como muestra del vacío sentimental dominante, del silencio y del núcleo en el que muchos se recluyen para ser absorbidos por las masa, por el anonimato o la indiferencia.

"Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás y el reconocimiento del mundo que lo rodea, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida2". Quizá esta nueva tendencia musical, la trova, pueda ser una propuesta para un encuentro con el corazón, con el orden de la expresión musical, con el diálogo entre dos interlocutores que escuchan, callan y meditan lo platicado. En fin de cuentas, escuchar una canción es solamente eso: escuchar. Y ésta es quizá la causa por la que la "canción callejera" carece de admiradores y evita conciertos tumultuosos: en un mundo donde las palabras pasan de largo como los días, difícilmente se encuentra a alguien dispuesto a contemplar, a deleitarse un instante el corazón y pensar que el tiempo empleado no ha sido un desperdicio, sino un recorrido por los sentimientos, la memoria y la razón.

Por otra parte, creo que la construcción de un Walmart en el Paseo de Montejo es una aberración para la ciudad de Mérida. (C.C.L., México D.F., agosto 2000)

Comentarios: xsharly@hotmail.com

 

Indice de análisis
EDITORIAL
CONTACTO CON LA POLÍTICA NACIONAL
DESDE PALACIO
TUNKUL
LA CAMINERA
COSAS DE MI CIUDAD
DESDE MI HAMACA
CRÓNICAS DE MI CIUDAD
Indice de artículos de información
LA AUTORIDAD MUNICIPAL, ANTE UNA CRISIS DE CREDIBILIDAD
LA AMBICIÓN QUE MATÓ A XAVIER
EL POSIBLE PECULADO DE XAVIER
¿QUÉ DIJO EL ALCALDE DE MÉRIDA EN SU II INFORME, SOBRE LA CAPITAL AMERICANA DE LA CULTURA?
EL FUTURO DEL CONSEJO ELECTORAL DEL ESTADO
CARTA PRIVADA DE UN PRIÍSTA ANÓNIMO A UN TAL "ABOGADO"
UN JOVEN DIRIGENTE VS UN PARTIDO VIEJO
LOS CANDIDATOS DE CERVERA
¿CÓMO QUEDARON LAS CURULES?
Indice de artículos de opinion
XAVIER Y SU "PREMIO" CULTURAL
LOS ENREDOS DE UN ALCALDE
EL CONTRAPESO DEL ABSURDO
EL FALSO ARREPENTIMIENTO DE DULCE
CHIMALHUACANES Y CHIMALHUACANITOS
EL PARTIDO REVOLUCIONARIO INSTITUCIONAL SE EXTINGUE
Indice de artículos sobre política peninsular
ESTADO DE CAMPECHE
MUNICIPIO DE CAMPECHE
ESTADO DE QUINTANA ROO
MUNICIPIO DE SOLIDARIDAD
MUNICIPIO DE BENITO JUAREZ
Poesía, cine, libros, etc.
FASES
CINET
1x1.gif (807 bytes)

1x1.gif (807 bytes)

Escríbanos, nos interesa su opinión:
revista@sureste.com
redaccion@informaya.com.mx