La presidenta nacional del
PRI, Dulce Ma. Sauri Riancho, se dolió de las nefastas consecuencias de haber
prohijado su partido durante toda su existencia, a grupos gangsteriles que han degradado y
siguen degradando la vida política del País. En Chimalhuacán estas consecuencias se
tradujeron en 15 muertos, 92 heridos, 34 desaparecidos y 121 detenidos.
En víspera de las elecciones de Chiapas
que finalmente perdió el decadente régimen al que representa, Dulce
hizo sus declaraciones. Dijo que su partido asumía "su responsabilidad histórica
por haber tolerado a dirigentes y agrupaciones cuya conducta condenable lastima y
destruye". Como todos sabemos, en el lugar donde un día después se celebrarían
elecciones, es decir, en Chiapas, existe también esta clase de grupos, financiados,
armados y adiestrados por gente del gobierno priísta chiapaneco y del federal.
Un "¡ya basta!" y un
"¡nunca más!" se escucharon en la voz indignada de la ex gobernadora interina
de Yucatán al condenar las acciones de sus compañeros mexiquenses que, como si fueran
adversarios en una guerra a muerte entre dos países extranjeros y no militantes de una
misma causa (que, supuestamente, los debe hermanar), se enfrentaron fieramente a golpes y
a balazos.
Una sola palabra, sin embargo, no dijo la
lideresa acerca de los "Chinchulines", los "Paz y justicia", los
"Máscara roja" y demás basura que ha proliferado en Chiapas con el aval de Zedillo,
Albores, Carrasco y los propios dirigentes del (todavía en algunos Estados)
partido oficial, y cuya misión ha sido aterrorizar al pueblo para facilitar la labor de
los caciques y explotadores locales. No podía ser de otra manera porque en Chiapas los
grupos de fascistas al servicio del PRI todavía, a esas horas, estaban brindando
servicios al partido con el fin de que horas después Sami David se levantara con
el triunfo, cosa que, para su desgracia, no ocurrió.
Como el de "la Loba" y el
de Antorcha Popular en Chimalhuacán, que por disputarse cargos públicos para el
enriquecimiento ilícito de sus líderes y prebendas para sus apoyadores fueron capaces de
chocar sangrientamente, existen muchos grupos priístas en toda la geografía del País.
El PRI los usa para amenazar y sembrar el terror entre ciudadanos que no se pliegan a sus
órdenes y a las de quienes, como resabios del podrido sistema de partido de Estado que se
niega a morir, están, por desgracia, aún en el poder en algunas entidades de la
República.
Estos grupos han sido no sólo tolerados,
sino fomentados por quienes dirigen al PRI y por quienes encabezan a los gobiernos
priístas, comenzando con el actual Presidente de la República y terminando con muchos
presidentes municipales, pasando, por supuesto, por los gobernadores de los Estados. En
algunos lugares son más violentos que en otros, pero en todos lados donde quien gobierna
es el PRI, son formados para el trabajo sucio que los gobernantes necesitan hacer para
atemorizar a rivales y evitar protestas por su modo de actuar.
En nuestro Estado también existen. En gran
medida, gracias a estos grupos el cacique que actualmente nos gobierna ha podido levantar
su feudo y mantener durante largos años su dominio. El lumpen de las colonias, que forma
bandas como la de "Los trompos" y otras muchas, ha sido con frecuencia utilizado
para golpear a ciudadanos renuentes a obedecer consignas oficiales o para asaltar o
intentar asaltar casillas.
La propia Dulce ha de recordar que
hace cerca de una década, siendo ella gobernadora, grupos violentos a su servicio
desalojaron a golpes a decenas de campesinos que protestaban a las puertas de Palacio y,
de común acuerdo, policías y golpeadores detuvieron a muchos y los metieron en la
cárcel.
Es por eso que para bastantes observadores
fueron lágrimas de cocodrilo las declaraciones vertidas por la dirigente priísta al
condenar la violencia de los militantes de su partido en el municipio chimalhuacanense.
Y es que, mientras por una parte la
indignación de la dirigente sólo se produjo una vez que la sangre llegó al río y que
la sociedad mexicana condenó la barbarie de estos grupos de priístas, por otra parte no
dijo nada acerca de los grupos que practican la misma violencia en otros lugares del
País, como en Chiapas, donde desde semanas atrás los paramilitares estuvieron actuando
para infundir terror entre los indígenas con el fin de que no acudieran a votar y de que
no triunfara el candidato opositor, Pablo Salazar Mendiguchía.
Afortunadamente, paso a paso el sistema
está siendo desmontado. El triunfo de la oposición al PRI en Chiapas representa la
caída de uno de los bastiones de los dinosaurios del partido. La sociedad está
resultando mucho más fuerte que los grupos violentos usados por el viejo régimen para
perpetuarse en el poder. Siguiendo la línea del 2 de julio, los pueblos están decididos
a no parar en su movimiento democratizador hasta no ver liquidado el último reducto del
antidemocrático sistema que durante muchas décadas lo sojuzgó.
Como hemos pronosticado, después de
aquella memorable fecha en que los mexicanos le quitamos al PRI el cargo más importante
del País, lo que sigue es cuestión de tiempo. Cada día los caciques, sin el apoyo de la
Presidencia (que, ahora aunque quiera, ya no les puede dar), están perdiendo piso. El
siguiente en la lista es Madrazo. Luego seguirá Cervera. Nada los podrá
salvar. Sus días están contados. Cada 24 horas, decenas de sus interesados partidarios
los abandonan. (F.P.S., Mérida, Yucatán, Méx., agosto de 2000)
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