José
Agustín. "El hotel de los corazones solitarios". México, Nueva
Imagen, 1999. 171 p. (Col. Grandes Autores)En la segunda mitad de los años sesenta, apareció una corriente
nueva en la literatura mexicana, bastante distanciada de los cánones tradicionales: la
llamada Onda, que tuvo entre sus principales representantes a José Agustín,
Parménides García Saldaña y Gustavo Sáinz. Fue una literatura de
jóvenes y para jóvenes, celebratoria de la mocedad, desmadrosa, malhablada, irreverente,
fresca. Uno de los principales temas, que a la vez fue inspiración para los noveles
escritores, lo fue el rock, que en aquellos tiempos vivió su mejor época con la
actividad de grupos y solistas hoy convertidos en figuras legendarias de la música.
El rock ha sido una presencia constante en
la obra de José Agustín, que no ha dejado de elaborar textos acerca de ese tipo
de música. En la colección de artículos reunidos en este libro, el escritor deja ver
una vez más su sapiencia acerca del tema, cuyo título es un híbrido constituido
con un par de canciones: un éxito famosísimo de Elvis, "Heartbreak
Hotel", y la que le dio nombre a una obra célebre del Fab Four de
Liverpool, "Sergeant Peppers Lonely Hearts Club Band".
La primera parte del libro está dedicada a
un repaso de las influencias de la música negra en el rock, del formidable estilo vocal
llamado doo wop que los mismo fue admirado y utilizado por Elvis que
por Frank Zappa al rhythm and blues, cuyo efecto se sigue dejando
sentir hasta la actualidad. Asimismo, el autor reconoce a los dos Elvis Presley: el
"chingonsísimo", el negro, el grueso de la tradición ranchera norteamericana
que se movía de manera lasciva en sus actuaciones; y el otro, el que hizo su servicio
militar, el que fue devorado por la industria del show bussines.
El autor también reitera su admiración
por las Piedras Rodantes (Rolling Stones) es, en su
propia palabra, "estonsómano", con dos textos escritos en ocasión de la
segunda visita de Jagger y sus muchachos a nuestra ciudad, y otra en la que relata
lo que ocurrió en el mítico programa de televisión grabado en 1968, "Rocknroll
circus", en el que las Piedras reunieron a tocar junto a ellos a
otros titanes del rock, estilo John Lennon, The Who, Eric Clapton
y Jehtro Tull. De los Stones y del paso del tiempo, dice:
"Ahora, que soy veterano de las guerras psíquicas, ya no soy fan, ya no
siento el brío con que admiraba a los Rolling Stones en los sesenta, pero
los aprecio y los admiro más, porque sé por experiencia cuán difícil es conservarse
fiel a uno mismo y, como dice el I Ching, saber cambiar sin perder la
naturaleza esencial".
Agradecible es que en otro texto escrito
con motivo de la aparición de sendas novedades discográficas de los Beatles
y los Rolling, José Agustín cintradiga aquella célebre versión
que hace aparecer a los primeros como los "blancos", "buenos" y
"decentes", y a las Piedras como lo "sucio", lo
"inmoral" y lo "malo". De la relación entre ambos titanes del rock,
anota: "Desde 1963 entre estos dos grandes grupos se dio una relación dinámica,
mutuamente estimulante, complementaria e incluso compensatoria. La amplitud de alcances
hizo que inevitablemente los dos se irguieran como grupos emblemáticos del rock en su
mejor expresión, pues juntos componían un fino tejido de los múltiples matices del
rock. A más de treinta años de distancia, Beatles y Rolling Stones
aún comparten la naturaleza mítica y sus caminos con frecuencia se entrecruzan. Su
estatura no ha disminuido en lo más mínimo".
El mejor trabajo del libro es un largo
ensayo acerca de Bob Dylan, en el que el autor hace un repaso de la prolongada
carrera del formidable Zimmerman. Con una carrera en la que los altos han sido
muchos más que los bajos, Dylan representa un interesante caso de rockero cuyos
orígenes se encuentran en el folk, en la canción de protesta. Además, con él,
el rock alcanzó letras de niveles poéticos que lo han hecho uno de los compositores más
interpretados y gran figura de la contracultura. Queda para citar una frase de una vieja
canción dylaniana: "Para vivir fuera de la ley hay que ser honesto".
En adelante, hay una gran cantidad de
breves artículos acerca de diversos artistas y subtemas como Leonard Cohen, Frank
Zappa, Ry Cooder, Rockdrigo, Real de Catorce,
algunos de ellos bastante prescindibles (pienso, por ejemplo, en los artículos "El
rock en 1967 y 1968", que no es más que una relación discográfica, y "La
cocina del alma", listado del viejerío rockero). Hay que destacar el
reconocimiento que José Agustín hace al gran grupo del rock mexicano, El
Tri, del que escribe: "La banda de Alex Lora resultó nada menos que
el piso del rock que tenemos actualmente, pues aunque los estilos y las ideas variaron
después, las principales batallas las habían librado ellos y además habían asentado
las bases de las que se partiría: resistencia al sistema, identificación con los jodidos
y rocanrolez de corazón". Pocas cosas tan justas se han publicado en libro acerca
del grupo prototípico del rock mexicano.
Libro entretenido, pero que resulta
bastante disparejo. Además, el autor incurre en algunos errores de nombres y títulos
(por ejemplo, apellida "Miller" al baterista de la Jimi Hendrix
Experience, o encoge el título del libro maldito de los cuentos de H. P.
Lovecraft para dejarlo en "Necromicón") que sería bueno resarcir
para una próxima edición. En lo personal, de los libros rockeros de José Agustín
sigo prefiriendo "La nueva música clásica", el cual más valdría
reimprimir. (A.R.M., México, D.F., agosto de 2000)
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