El desaseo cometido por
las autoridades municipales al ocultar que debían cubrir una fuerte suma en dólares
aunada a numerosas partidas del presupuesto que se siguen erogando en miles de pesos
al amparo de ese "premio" para usufructuar el título de Capital Americana
de la Cultura, parece tener sus orígenes en otros reconocimientos similares que desde
hace varios años se acostumbra otorgar en Europa.
La Dra. Laura Ibarra,
coordinadora del Programa de Estudios Europeos de la Universidad de Guadalajara, escribió
para la gaceta universitaria de ese plantel que en 1985 la ministra de Cultura
de Grecia, Melina Mercouri, propuso otorgar cada año el título de
"Capital de la Cultura" a alguna ciudad europea, con el fin de lograr un
diálogo vivo entre las culturas de Europa, respetando sus particularidades.
A partir de esa fecha, cada año los
ministros de cultura de los países de la Unión Europea se ponen de acuerdo para tal
designación dice la investigadora.
En 1999, la pequeña ciudad de Weimar
obtuvo el título. Las razones para su elección tienen un sólido fundamento: apenas
existe un espacio tan pequeño que concentre de manera tan densa la historia cultural de
Alemania y de Europa. Ahí vivió se informa en este relato universitario, en
una casa que aún se conserva frente a la plaza principal, el pintor Lucas Cranach
(1549) y Johann Sebastian Bach, organista y músico de cámara de la corte
de Weimar, de 1708 a 1716.
(Note el lector que los motivos que se
dieron para otorgar a Mérida el título de Capital Americana de la Cultura están muy
lejos de siquiera parecerse a los que dieron vigencia a su contraparte europea.)
El ciudadano más famoso de la ciudad de
Weimar lo fue sin duda Goethe, quien llegó allí a la edad de 26 años por
invitación del conde Carlos Augusto y permaneció casi hasta su muerte. Testigos
de la importancia de Goethe para la ciudad, son su residencia de verano, que se
encuentra en un hermoso parque, y su casa en Franenplan, que da albergue al Museo Nacional
Goethe.
La personalidad de Goethe
fungió como un extraordinario imán que permitió la concentración de intelectuales de
la época. Aquí residieron recuerda la autora del texto el poeta y escritor Schiller,
con quien Goethe comparte la cúspide entre los escritores del periodo clásico
alemán, y los filósofos Herder y Wieland. Entre los tesoros culturales con
que cuenta la ciudad están los archivos del filósofo y poeta Friederich Nietzsche.
Aún después de haber pasado su época
dorada, Weimar mantuvo un lugar significativo en el panorama cultural europeo. De allí
salieron impulsos importantes para el modernismo. Franz Liszt, el pianista y
compositor húngaro, fue dirigente de la orquesta de la corte, de 1848 a 1859. Henry
van der Velde y el grupo alrededor de Walter Gropius, conocido
como Bauhaus, tuvieron igualmente su residencia.
Después de la Primera Guerra Mundial, en
Weimar se reunió la Asamblea Nacional para promulgar la Constitución Nacional. Por ello
se conoce al periodo entre las dos guerras en Alemania como República de Weimar. Sin
embargo, la ciudad tiene, como toda la historia alemana, una enorme sombra. Durante la
Segunda Guerra Mundial, el gobierno nacionalsocialista construyó en sus cercanías uno de
los mayores y más crueles campos de concentración, Buchenwald, el cual es ahora un museo
y puede ser visitado.
Weimar cuenta con una población un poco
mayor a los 60 mil habitantes. La ciudad puede disfrutarse toda ella como un museo. En el
periodo en que Weimar fue parte de la República Democrática Alemana, surgieron horribles
construcciones, pero también permitió la sobrevivencia de la atmósfera antigua,
apacible y nostálgica que enmarcó a una impresionante producción cultural.
Hasta aquí la información obtenida vía
Internet de la universidad jalisciense sobre el origen que dio pie a este reconocimiento.
El premio del año 2000
De acuerdo con investigaciones realizadas
por nuestro semanario, en 1994 Santiago de Compostela presentó su candidatura para ser
Capital Cultural Europea del Año 2000 al Ministerio de Cultura español, en competencia
con las candidaturas de Barcelona, Valencia y Salamanca.
Según se explica en la página del tema,
el Consejo de Ministros de España del 30 de junio de 1995 nominó a Santiago de
Compostela en representación de todo el Estado, por considerar que su proyecto hacía
importantes y novedosas aportaciones a la idea de la tradicional celebración europea,
creando una red de ciudades que diera mayor magnitud al evento.
El 20 de noviembre de 1995, los ministros
de Cultura de los países pertenecientes a la Unión Europea designaron a Santiago de
Compostela, junto con Aviñón, Bergen, Bolonia, Bruselas, Helsinki, Cracovia, Praga y
Reykiavik, Ciudad Europea de la Cultura para el año 2000. De este modo nació la red
europea de ciudades encargadas de celebrar culturalmente la llegada del Nuevo Milenio.
Al parecer, en toda Europa está "de
moda" este tipo de reconocimientos que evidentemente tienen la finalidad de
"posicionar" turísticamente a las ciudades.
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