Eran los primeros días de
diciembre de 1990; el salón principal de la llamada "Casa de Visitas" de la
todavía empresa estatal Cordemex se encontraba lleno a toda su capacidad. Al frente, un
enorme presídium, encabezado por los convocantes a la reunión: el Prof. José
Guadarrama Márquez y el Lic. Juan José Abraham Achach, delegado nacional y
encargado del despacho de la Presidencia del CDE del PRI, respectivamente; la asistencia
estaba conformada por todos aquellos priístas que durante el proceso electoral recién
culminado habían fungido como comisionados políticos en uno o más seccionales del
municipio de Mérida.
La incredulidad, el estupor, la tristeza y
el miedo campeaban en el ambiente, y no era para menos ya que después de 23 años, el
Partido Revolucionario Institucional perdía oficialmente el ayuntamiento de la ciudad
capital del Estado ante el Partido de Acción Nacional por poco más de 700 votos
(cantidad consignada por las instancias autorizadas, pero que ni por asomo se acerca a la
realidad). De muy poco habían servido nueve meses del Pronasol y los "100 comités
urbanos formados en 50 días", ni la visita de Silvia Hernández (en ese
tiempo secretaria general de la CNOP, que estrenaba el nombre de UNE), ni las visitas y
preocupaciones del Lic. Luis Donaldo Colosio Murrieta, entonces presidente del
Comité Ejecutivo Nacional del PRI: la mayoría de los meridanos que salieron a ejercer su
voto lo depositaron en contra del PRI.
La reunión transcurría en medio de algo
que intentaba ser un ejercicio de análisis; varios de los asistentes habían hecho uso de
la palabra, unos para quejarse de la falta de apoyo del partido, otros para quejarse de
los candidatos, de las estructuras, de las autoridades municipales y de todo lo que podía
ocurrírseles. En el uso de la palabra la Q.F.B. María Eugenia Núñez
mencionó que la derrota se había producido porque "nos traicionaron", y de
inmediato pasó al frente el Ing. Alfonso Pereira para gritar: "¡Nos
traicionó el Gobernador!". Orquestada y ejecutada la señalización de un presunto
culpable, la mayoría se sintió libre de responsabilidades e incluso con
"autoridad" para descargar sus incapacidades en el señalado. Incluso uno de los
asistentes, que hoy es aspirante a la candidatura al gobierno del Estado, expresó
proféticamente: "Esta bala va a dar muchos rebotes, pero al final se incrustará en
el Gobernador", tal y como sucedió dos meses y medio después.
Hace 10 años el Lic. Víctor Manzanilla
fue tildado de "traidor al Partido" por haberse negado, tal y como lo ha
declarado en varias ocasiones, a permitir que "Pepe" Guadarrama
entrara la madrugada previa al conteo oficial a las oficinas de la Comisión Electoral
Municipal de Mérida a "componer" los paquetes de algunas casillas en las que
"tenía dudas"; por haber evitado la violencia poselectoral y la movilización
de las huestes gamberriles, al reconocer la derrota de su partido en una rueda de prensa
en horas de la madrugada con la frase: "Señores, ganó Ana Rosa"; en
síntesis, por respetar la voluntad de elección de los ciudadanos de Mérida.
Durante los últimos 60 días este pasaje
de nuestra historia vernácula se ha hecho presente ante la similitud (guardadas las
debidas proporciones) de las acusaciones de "traidor al Partido" que se le han
imputado al presidente de la República, el Dr. Ernesto Zedillo Ponce de León.
De ninguna manera se pretende defender o ignorar el cúmulo de errores, injusticias,
mentiras y malas políticas del actual gobernante; precisamente eso es lo aberrante: que
durante seis años se le haya perdonado todo lo malo, y ahora, cuando asume su
responsabilidad de jefe de Estado, entonces se le acuse y se le denueste. El Presidente no
permitió que se operara una "caída del sistema", evitó la vorágine de
inestabilidad que se hubiera producido si los diversos grupos de poder hubiesen lanzado a
sus hordas a las calles a tomar el IFE, las Juntas Locales y los Consejos Distritales
Electorales, con los consecuentes enfrentamientos de alcances insospechados para algunos;
pero principalmente cumplió con respetar el veredicto de la sociedad que eligió, no
podemos asegurar si bien o mal, pero que utilizó su inalienable derecho a ejercer su
soberanía.
¡Que fácil es gritar: "Perdimos
porque el Presidente nos traicionó"! ¡Que cómodo deslindarse de la parte de
responsabilidad que a cada priísta sobre todo a los que integran la llamada
"clase dirigente" le compete! ¡Qué forma tan ridícula de pretender
ocultar sus incapacidades, sus prepotencias, sus complicidades, sus servilismos
obsequiosos, sus desprecios a la legalidad! ¡Qué manera de olvidar y pisotear los
conceptos señalados en la declaración de principios del PRI, que se resumen en la frase
"Democracia y Justicia Social"! ¡Qué terror a la pérdida del poder!
¿Quiénes son los traidores: los que
desechan aunque sea por una sola vez la utilización de prácticas
fraudulentas, o los que se empeñan en mantenerse en el presupuesto público comprando y
coaccionando el voto ciudadano, alterando actas e incluso "botando el sistema"?
¿Quiénes son los traidores: los que evitan la ingobernabilidad asumiendo sus
responsabilidades y los costos que éstas conlleven, o los que son capaces de incitar a la
violencia y al enfrentamiento entre hermanos a los más necesitados, para después
abandonarlos a su suerte? ¿Quiénes son los traidores: los que en un momento de sensatez
deciden respetar la voluntad de la mayoría del pueblo, o aquellos seguidores de la
máxima de Maquiavelo de "el fin justifica los medios" y que hoy exigen
la negación de la democracia para mantener sus prebendas?
¿Acaso no traicionaron al PRI los que han
saqueado las arcas públicas, los que llegaron o se mantienen en el poder ilegalmente, los
prepotentes que desprecian a los ciudadanos, los líderes venales que medran con la fuerza
de trabajo de sus "representados", los que han engordado sus cuentas bancarias
con las ganancias de negocios realizados al amparo del tráfico de influencias, los que
han sido capaces de coludirse con el hampa organizada brindándoles protección o
tolerancia, los que adoptaron la "cultura de la línea" y se convirtieron en
serviles de los poderosos para mantenerse en "la jugada", los que han aprobado
leyes que benefician a unos pocos y lesionan al pueblo trabajador, los que mienten y
engañan a los marginados, los que en sus discursos retóricos hablan de la Revolución
pero en su interior sueñan con el imperio? ¿Y los cobardes que fueron incapaces de
levantar la voz y ejercer la crítica para intentar sanear a su partido, por miedo a
perder lo que la mayor parte de las veces ni siquiera tenían?
La derrota del PRI no fue una coyuntura que
se diera el 2 de julio de manera casual y espontánea, no; la construyeron durante varios
años con sus acciones todos y todas las que hoy se rasgan las vestiduras y
que, como el asaltante callejero que busca distraer la atención para salvarse, grita
desaforado mientras señala con el índice un punto lejano: ¡Allá va el ladrón,
agárrenlo!
Este viernes 1 de septiembre, el Presidente
de México rinde ante el Congreso de la Unión el sexto y último informe de su gobierno,
y probablemente lo único aceptable que tenga para informar es que, por la circunstancia
que haya sido, respetó la voluntad electoral de la mayoría de los ciudadanos mexicanos.
Ante esto, ¿quiénes son los traidores? (Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)
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