Semanario de Información y Análisis Político No. 567
Septiembre 1 de 2000


Ineptitud, cerrazón y corrupción
El desplome del henequén:
un poco de historia
(primera parte)

Por Félix Rubio Villanueva

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Tristeza nos causa leer lo que pasó esta semana en Yucatán con relación al henequén, aquel otrora oro verde que en nuestra infancia veíamos crecer en los campos yucatanenses, y todavía cuando trabajé cómo guía de turistas a fines de los 60’s y principio de los 70’s, los visitantes extranjeros preguntaban que si eran campos de piñas (desde el aire es lo que parecía; no conocían el henequén por su nombre sino por el de Sisal, nombre que adoptó el agave por ser éste el puerto natural de salida de nuestros productos de exportación a mediados del siglo pasado, que llevaban el sello del puerto de embarque). ¿Cuánto nos hubiéramos ahorrado de no tener que tirar millones de metros cúbicos de piedra, gasolina, grava, polvo de piedra, asfalto, cemento etc.? Pero y entonces, ¿de donde saldrían los grandes negocios de los políticos y empresarios coludidos?

El henequén se convirtió en uno de los productos más deseados por todos los mercados del mundo, y Yucatán fue durante muchos años el único lugar donde se producía, creando una de las riquezas más espectaculares de fines del siglo pasado y de la primera mitad este que se nos va.

Dicen que en su mejor momento tuvimos más de mil haciendas henequeneras produciendo; Yucatán fue el único Estado que trajo braceros para trabajar en el campo: yaquis, coreanos, algunos cubanos y otros; todo lo arruinaron los gobiernos priístas.

La riqueza de Yucatán fue tanta —y en efectivo— que financió con oro la Revolución Mexicana en la segunda década; eso despertó la envidia de los del centro ("huaches", como les decía mi abuelita) e hicieron todo de su parte para desaparecerla (es probable que una de las encomiendas del sanguinario sinaloense Salvador Alvarado fue precisamente ésa); luego vino la expropiación agraria que casi quebró a los hacendados; muchos se fueron, otros invirtieron en el extranjero buscando la seguridad natural de sus inversiones gracias a "Tata" Lázaro Cárdenas, quien dio un estoconazo a los industriales henequeneros que producían y creaban empleos —tal y como hoy los maquiladores que trae el gobierno—, pero en ese entonces los hacendados y henequeneros eran satanizados por la clase priísta gobernante, los izquierdistas que engañaban a los pobres campesinos y la casta burocrática de rateros, identificada con el PRI, engañadores y falseadores de información —de esos de los que nos sacudimos el pasado 2 de julio— que trabajaban para el Banco Agrícola convertido en Banco Ejidal y Rural después, coludidos con los líderes campesinos, comisarios ejidales y lidercillos redentores de la clase trabajadora del campo, con el discurso demagógico de defenderlos, protegerlos, ayudarlos y salvarlos de las garras "explotadoras" de los pocos hacendados y cordeleros que quedaban; la mayoría de éstos, temerosa de que les fueran a quitar el resto de sus tierras y su maquinaria cordelera, doblaban la cerviz al paso del gobernador en turno.

Finalmente, en uno de los actos de corrupción más escandalosos, a fines de los 50’s y principios de los 60’s todos los cordeleros quebrados le vendieron su chatarra a precio de oro (dicen que 50% bajo la mesa) al gobierno federal.

En los 60’s, cuando paraba con mis turistas en las pocas haciendas henequeneras que todavía trabajaban para que vieran la raspa y el tendido del henequén al igual que la corchada a mano de las sogas para tender ropa y para jalar agua de pozo, platicaba con los corchadores o con los raspadores; todos con los que hablaba decían que años atrás tenían incluso escuelas, tiendas, médicos particulares y medicinas pagados por el patrón, y una modesta casa de tejas para vivir; la fiesta del santo patrono era costeada por los dueños con todo y comilona, incluyendo el licor; de la comida decían que siempre habían comido lo mismo, tal y como hoy hacen los empleados de las maquiladoras, que llevan su bolita de pozole para tomar a las 9 ó 10 de la mañana con su chilito habanero; en casa su sabroso frijol, chile y tortillas con sal y manteca, y el domingo su rico puchero.

Los políticos redentores no han podido elevar el nivel de vida del campesino henequenero porque en lugar de asesorarlos con mejor tecnología y conseguirles créditos para mejorar los hijos de las plantas, maquinaria, transportes, etc., se dedicaron a engañarlos haciéndoles creer que eran sueldos y no ministraciones a cuenta de sus pencas, convirtiéndolos en esclavos de la Federación y en carne de cañón para aviesos fines político-electorales, manteniéndolos —como hasta la fecha— en grupos de choque para aquietar y tranquilizar (viene de tranca) a la oposición.

Cuando un presidente llegaba a Yucatán, el gobernador priísta desde luego le pedía la cancelación de su adeudo y todo comenzaba otra vez. Salinas se cansó de todo el círculo de corrupción y encargó a Manzanilla Schaffer liquidar a los campesinos. Éste fue otro corrupto gobernador priísta que no tuvo el valor de rebelarse contra "el centro" por temor a que lo metieran a la cárcel; prefirió renunciar antes que demostrar su supuesta honradez frente a las acusaciones de colusión por todo el dinero que le quitaba a sus directores, como bien dijo en una ocasión su director de Artesanías, Alfredo Téyer.

Como la liquidación dejaría pingües ganancias a la clase política, dicen que uno de los políticos de excepción de la época convenció al Presidente para que forzara a Manzanilla a renunciar, creándole problemas a través de un joven líder de la Liga de Comunidades Agrarias, quien en la LVIII Legislatura Federal será diputado.

El Gobernador, quien no se presentaba a sus oficinas de Palacio, cometió el error de delegar muchas funciones a "huaches y yucahuaches arribistas y oportunistas" que demeritaron su gobierno.

Las condiciones estaban dadas, pero antes Manzanilla aprovechó su único acto de valentía para hacer respetar la voluntad de los meridanos: cuando el famoso "mapache"’ José Guadarrama Márquez, hoy premiado con una curul de senador de la República, intentó entrar al cuarto donde estaban custodiados los paquetes electorales, el todavía gobernador se opuso con un rotundo no, sacándolo de su casa. (Continuará) (F.R.V., Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)

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