DANZONES Y CORRIDOS.
¡Heeey familia! Bienvenidos a esta su Hamaca Cultural, con el perdón de los cultos
oficiales del Estado, esos que firman remetidos por encargo y que no sabemos quién
los nombró como los embajadores culturales de Yucatán, aunque tenemos la leve sospecha
que fue un señor que les da sus medallitas de corcholata. Bueno, el plan es por
esta única vez olvidarnos de la grilla y de los grillos; o sea, olvidarnos al menos
hoy de lo que ya es tradición y costumbre. ¿Por qué así?, dirá usted; pues porque de
otro modo tendríamos que ocuparnos de lo del informe del señor Zedillo, o de las
ignoradas andanzas del señor Oscar Espinosa y del otro señor Mario Villanueva,
o de los lobos, de las lobas y de los antorchistas (no los que corren cada año para
llegar a la Villa, sino los que se trompean cada campaña para llegar a la silla); tampoco
queremos hablar del Renave, porque como contamos con una modesta y destartalada nave, no
queremos que nos hagan manita de puerco y nos cobren el disfrazado impuesto además de la
tenencia. Por cierto, qué mal les ha ido a los principales personajes relacionados con
esta institución, pues al concesionario el argentino pernicioso ya lo
solicitan en todas las cortes del mundo que porque es más, pero más peor que Pinochet,
y al concesionador o sea, al señor "Exterminio" Blanco
le a caído tanta kk que ya perdió hasta el apellido.
ENTONCES hoy nos dedicaremos a la
música, al canto y a la poesía, así que entremos en materia:
La música, en todas sus manifestaciones y
matices, ha sido siempre la compañera del hombre desde que éste hizo su aparición sobre
la faz de la Tierra; y como todas las expresiones culturales y artísticas, las primeras
expresiones musicales sin duda fueron de corte religioso; luego, cuando la sociedad se fue
diversificando, aparecieron otras formas de expresión musical, como los cantos guerreros
para entrar en combate o simplemente los versos que se cantaban junto al fuego del vivac.
POR LOS DÍAS en que se hizo la
Revolución Social Mexicana (esa que impunemente se adjudican los priístas como obra
suya) se hicieron famosos los corridos; éstos servían para cantarle a los hombres, a las
mujeres y hasta a las bestias que participaban en ella; famoso es el "Corrido de
la Adelita", que nos narra las andanzas de una joven que seguía a un regimiento
que se encontraba acampado en lo alto de una agreste serranía, y todo porque estaba
locamente enamorada de un sargento; igual de famoso es el corrido dedicado a "la
Valentina"; a ésta, los hombres rendidos a sus pies le ofrecían que si los iban
a matar mañana, mejor que los matasen de una vez.
POR EL LADO de los hombres también
hay cantidad, aunque no todos se relacionen con la lucha revolucionaria, como aquel Juan
Charrasqueado que era valiente y aventado en el amor, que a las mujeres más bonitas
se llevaba y de aquellos campos no quedaba ni un triste xcanlol, pero un domingo
que se andaba emborrachando en algún clandestino pues ya se sabe que desde hace
tiempo se impuso la Ley Seca, hasta allí le corrieron a avisar: "Cuídate, Juan,
que por allá te andan venadeando; son muchos machos, no te vayan a violar". Y
dice la leyenda que al fin y al cabo esos son los corridos: leyendas cantadas
que no tuvo tiempo de montar su bicicleta (tipo Mao, que parece ser que el cacique
ya había pasado por allí haciendo hogares felices), pues pistola en mano se le echaron
de a montón. "Estoy borracho les gritaba pero soy muy macho",
cuando una bala atravesó su pantalón. Y sigue diciendo el relato que después vino lo
del velorio y que en la humilde choza de láminas de cartón estaba llorando un dzirís
y que las vecinas chismosas lo aconsejaban y se iban, y que su mamá lo consolaba con
cariño diciéndole: "No llores, hijo; ya tendrás otro papá", y es que lo de
la institución del sancho no es cosa nueva. Éste se puede considerar un clásico,
lo mismo que aquel de "El hijo desobediente", el que un domingo que
estaban herrando se encontró con otro atarantado como él y echaron mano a sus 007 y se
fajaron. Otro clásico es sin duda el de la "Rosita" Alvírez, que
era muy bachatera y que empezó a ir a los bailes desde que existía la Sala
Caribe, allá por Santiago, y siguió después en la Montejo hasta que se le atravesó Hipólito,
a quien no le gustó que lo desairaran y ¡papas!
Los hombres de la Revolución desde luego
que tuvieron sus cantos, y quizás el que más fue don "Pancho" Villa;
y por el lado de los animales, qué mejor exponente que el Siete Leguas, del mismo jefe de
los Dorados.
PERO EL RITMO más sabrosón es sin
duda el danzón, y a ritmo de danzón fueron agasajadas muchas glorias nacionales.
¿Quién no recuerda aquel "¡heeey, familia! Danzón dedicado al campeón Raúl
Ratón Macías"? Y es que en aquel entonces el mulix
y más que carismático roedor entusiasmaba a los fans mexicanos mientras que él,
modesto, declaraba que todo se lo debía a su mánager.
Y hoy que todos los ojos están en Sidney
por lo de la fiesta olímpica, no faltará quien se acuerde del "Arete de Mariles".
Pero si al "Ratón" le
hicieron un sabroso danzón, a un campeón de más para acá le hicieron una sabrosa
cumbia, tan cumbia y tan sabrosa que al escucharla pocos se imaginan que está dedicada a
un recio ponchador, ya que la letra dice así: "Pero miren cómo baila, es la
Chiquita González. Pero miren como goza, es la Chiquita
González". Esto es el mundo de la música y de los danzones, tan variado y
tan diverso que hasta hay uno que dice: "Si Juárez no hubiera muerto...
todavía viviría". (J.S.C., Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)
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