Sólo tardaron 60 minutos en elegirlo, pero en
menos de tres horas él comprendió que la política es parafraseando a don Jesús
Reyes Heroles el arte de comer sapos sin hacer muecas de disgusto.
La nota es conocida ya: con un voto de
diferencia Alfredo Rodríguez y Pacheco fue electo el domingo 3 de septiembre como
el nuevo presidente estatal del PAN. En una votación secreta que arrojó un resultado
sorpresivo, el diputado local superó 25 votos contra 24 al regidor meridano Raúl
Arceo Alonzo.
Contra los pronósticos, los
"patricistas" tomaron el control de la dirigencia y se impusieron al candidato
que apoyaban las corrientes comandadas por Ana Rosa Payán, Benito Rosel,
Xavier Abreu y Miguel Gutiérrez.
Pero la sonrisa que tenía el ahora
presidente del partido le duró muy poco: los consejeros dejaron fuera del próximo
Comité Directivo Estatal a los diputados Roger Cicero MacKinney pese a ser
el compañero de fórmula de Rodríguez y Pacheco y a Jacinto Sosa Novelo.
La Licda. Beatriz Zavala fue también rechazada como integrante del órgano
directivo.
Nos los co...mimos comentó
burlonamente uno de los miembros del Consejo Estatal al referirse al resultado. Es
cierto, ganaron gracias a la traición de un par de consejeros, pero sacamos del
CDE cualquier vestigio de "patricismo" diría burlonamente otro de los que
apoyaba al regidor Raúl Arceo.
Así, la victoria llevó un amargo trago.
Los "ganadores" tuvieron en claro cuál sería el resultado de su triunfo; uno
de los hombres más cercanos al candidato ganador resumía su desesperanza: "Nos
tumbaron; llegamos en son de paz y nos atacaron. La elección del Comité fue un
aplastamiento; no dejaron pasar a nadie que oliera a Patricio".
La traición
Los números cuadraban antes de la mañana
del domingo. Raúl Arceo se levantó esa mañana con la seguridad de su triunfo, de
acuerdo con la información que le proporcionó su equipo de campaña durante una reunión
la noche del sábado: ganarían la elección por dos votos.
El cabildeo había sido incesante. Por él
habían trabajado Xavier, Benito, "el Negro" y
Ana Rosa; entre los "duros" había el consenso para no dejar pasar al
candidato que apoyaba Patricio. Previeron todo, excepto lo que ellos calificaron
como "traición".
Imagínate: llegaron con dos de los
consejeros y les prometieron que a cambio de un voto a favor de Alfredo podrían
ellos convertirse en candidatos a alcalde, y bueno, pues nos doblaron aseguró uno
de los negociadores de Raúl Arceo.
Y es que se sorprendieron cuando Juan
Sauma cantó el resultado. Un voto, un solo voto les arrebató la victoria. No
lograban comprenderlo. Tan seguros estaban de su triunfo que mandaron a la carta fuerte de
su equipo, Xavier Abreu, a presentar la candidatura de su regidor; de nada les
sirvió.
"Veinticinco votos para Alfredo
Rodríguez, 24 para el ingeniero Raúl Arceo", gritó el resultado el
contador Sauma. Seguidamente Miguel Gutiérrez, Ana Rosa y Benito voltearon
hacia los consejeros que sospechaban eran los traidores; no podían creer el
resultado que escuchaban. Sus rostros mostraban la medida exacta del trabajo que
inútilmente habían realizado en la tercera campaña.
El silencio invadió el salón en el que se
desarrolló la elección, y nadie felicitó al ganador. "El ambiente era
sombrío", narra uno de los que ahí se encontraban.
Pero de la sorpresa pasaron rápido a la
acción, y luego de un rápido cabildeo, en las siguientes votaciones mostraron su
fortaleza e impidieron que Roger Cicero, Jacinto Sosa y Beatriz Zavala formaran
parte del Comité Directivo.
Quitamos el tufo patricista y
establecimos un contrapeso a través del órgano de dirección resumió el hecho uno
de los principales impulsores del vencido Arceo.
"No puedo ofrecerles nada"
Alfredo Rodríguez estaba contento
al escuchar de boca de Sauma el resultado, sin embargo, la extrema frialdad que se
sentía en el salón lo hizo pensar en que la celebración sería muy corta. Y lo fue.
Luego de la elección para presidente, un receso vino a ser la oportunidad para que sus
adversarios se agruparan y cabildearan prestos el rechazo a los posibles miembros del CDE
identificados con el ex alcalde de Mérida hoy convertido en senador. Y lo lograron.
Ni Roger Cicero, ni Jacinto Sosa,
ni Beatriz Zavala, ni Luis Montoya, entre otros, pasarían.
Desarmaron a Patricio. Impidieron que alguno de sus allegados se encontrara en el
Comité.
El argumento utilizado fue la
búsqueda de contrapesos, pero la verdad es que se trató de una vil venganza del ya
compacto equipo antipatricista comentaría luego uno de los integrantes del CDE.
Romper en llanto no era sinónimo de
cobardía. Alfredo expulsaba, con lágrimas en los ojos, el coraje de haberse
portado incluyente, receptivo y tolerante ante un grupo que sólo lo une un propósito.
Por eso lloraba nos cuentan con detalle.
Antes había soportado en silencio la
tercera campaña. Una fue la suya, la segunda de Arceo y la otra la de Ana Rosa en
su contra, quien según nos cuentan hizo lo propio pero por lo visto no lo
consiguió.
Lo que sigue es en verdad difícil; además
de la cercanía de las elecciones estatales, la lucha interna amenaza con menguar las
posibilidades de ganar la gubernatura.
En un plazo de dos semanas los panistas
sesionarán de nuevo para definir la distribución de las carteras incluyendo la
Secretaría General entre las siguientes personas: Raúl Arceo Alonzo,
Marisela Pérez Peraza, Fernando Rojas, Lízbet Chumba, Beatriz
Ávila Gómez, Victoria Burgos Peraza, Gerardo Escalor Soler, Jorge
Puga Rubio, Orlando Sánchez Keb, Flora Puerto Cen, Ramón Domínguez
Aguilar, Roger González Herrera, Leandro Martínez García, Sergio
Angulo Uc, María Inés Loeza Rodríguez, Edgar Peraza Estañol,
Miguel Pat Xuluc, Hugo Laviada Molina, Patricio Patrón Laviada,
Fernando Vega Carrillo, Benito Rosel Isaac, Juan Sauma Novelo,
Claudio Coello Herrera y José Castañeda Pérez, quien por cierto,
después de esta elección interna quizá no ejerza su suplencia nunca. (G.G.S.,
Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)
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