A la par de la desatada
carrera por la nominación del PRI a la gubernatura, pese a las veladas advertencias del
gobernador Víctor Cervera y las expresas del presidente estatal de ese partido, Roberto
Pinzón Álvarez, cobra notoriedad con intensidad creciente la disputa por
la nominación priísta a la alcaldía de Mérida, cuyos protagonistas ejercen tareas de
variada índole para reclamar una posición que no debiera resultar tan ansiada en
consideración de las disminuidas expectativas de triunfo que tiene dicho partido en las
elecciones del 2001.

Granja. Pirueta al
Vacío.
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El PRI, o quizá mejor dicho el jefe
político local del partido o sea, el gobernador Cervera puede recurrir
a medidas inéditas en la postulación como resultado de necesarias negociaciones entre
grupos políticos que permitan al gobernante ceder algunas posiciones, como la de Mérida,
en aras de conservar otras estratégicas, como el control de la fracción priísta en la
legislatura venidera, y de paso eliminar del contexto político global a uno de los
políticos locales que tiene la marcada inclinación de acaparar los mejores espacios
disponibles para el clan.
Un escenario de esta índole favorecería a
Federico Granja Ricalde, el diputado federal plurinominal que consiguió el
liderazgo de la fracción priísta yucateca en la nueva Cámara Baja y quien podría
obtener una licencia para contender por la alcaldía y retornar una vez que fuera
derrotado. Esta pirueta al vacío del PRI en la capital estatal tendría como actor
principal a un político dicharachero proclive a la promesa fácil, temporal y
convenenciera que tanto daño ha hecho a la imagen del PRI en los últimos lustros.

Dafne. Lo mejor de
Orlando
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Granja Ricalde, quien aduce su paso
por la alcaldía meridana como su mejor carta para argumentar la titularidad de la
nominación, personifica al político-político utilitario, funcional y pragmático que ha
ocupado numerosos cargos de representación de otros partidos, con quienes gusta
tender puentes más para tolerar, permitir y fomentar complicidades que para constituir
una auténtica tarea de pluralidad democrática.
El ex alcalde y ex minigobernador tiene
otra característica: los principales integrantes de su grupo son expertos cuyo principal
mérito radica en la singular habilidad de permanecer enquistados en las nóminas
burocráticas y cursar desapercibidos las sinuosidades de la grilla local. Estos corifeos
tienen, sin embargo, un defecto que paradójicamente se torna en un atributo en función
de la personalidad folclórica del jefe del clan: para ellos resulta inadmisible y menos
impronunciable cualquier crítica al jefe Granja, quien, como muchos políticos,
incurre por esa razón en frecuentes y hasta risibles pero no menos patéticos
dislates.

Alpizar. Estigma cerverista
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Derrotados, posibles e imposibles
En el grupo de los aspirantes figura
también el delegado del Issste, Dafne López Rodríguez, ex diputado y ex
funcionario municipal; tiene una amplia y probada eficiencia administrativa que podría
ser determinante, con un poco más de voluntad política, para obtener la nominación en
un proceso interno abierto. Él es una de las raras excepciones en el grupo de Orlando
Paredes Lara; es un personaje que brilla con luz propia y ejerce un criterio sensato,
desprovisto de los sectarismos que caracterizan a ese clan a la hora de hacer política de
la buena, la que no se mancha con las intrigas que suelen distinguir a ese grupo, y
además es autor del primer Plan de Desarrollo Urbano de la Ciudad.
Otros aspirantes son unos verdaderos
expertos pero en las derrotas electorales, como Manuel Ávila Noh, quien emergió
hace ya varios años de la oficina de prensa de la policía estatal para emprender una
carrera política bajo la égida de Orlando Paredes Lara, de quien aprendió cómo
manipular a la gente necesitada con el fin de procurarse una base popular que legitime sus
aspiraciones. Ávila Noh, quien ya reparte tarjetas y ofrece cargos a quien se le
acerque en la que denomina su inminente "campaña por la alcaldía" meridana, se
ufana también de ser él quien concretó una alianza con Óscar Sauri Bazán (ex
PRD, ex Amigos de Fox) para distribuir bicicletas a perredistas, como una muestra
magistral de su asombrosa capacidad para aglutinar en torno suyo a corrientes políticas
de otros partidos.

Hoyos. Hondo descrédito
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Salido de las filas de Ciudadanos Unidos
(una asociación que inútilmente trató de desvincularse de sus orígenes oficiales), Ávila
se convirtió gracias a ello en director de Desarrollo Municipal estatal, y es proseedor
de la nada envidiable marca de conseguir derrotas en elecciones consecutivas como titular
y tres años más tarde suplente de una nominación del PRI a los dos distritos
electorales con sede en Mérida, y es también un escudero de Orlando Paredes que,
sin embargo, se asustó tanto de los resultados que obtuvo su jefe en los comicios del 2
de julio pasado que a últimas fechas comenzó a renegar de su procedencia e intenta
enquistarse en las filas de Carlos Sobrino Sierra.
Ellas
Entre las mujeres "que quieren"
pero que se anticipa de una vez que no podrán conseguir la nominación están
María del Carmen Noemí de Jasso, que fue incluida de manera por demás
piadosa por una publicación local; Lucely Alpizar Carrillo, la diputada local y ex
secretaria general del CDE del PRI cuyo principal mérito en su rápido ascenso político
es el estigma cerverista que también puede resultar el estigma que termine por
aniquilarla de la contienda, así como su incipiente trayectoria en el universo priísta
yucateco.

Rolando. Poco sin
Cervera
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Más a la vera en el camino de la
nominación figura la coordinadora de la fracción priísta en el Congreso Local, Myrna
Hoyos, cuya capacidad de abrir frentes de combate que restan puntos al PRI reditúa
casi a diario agradables sorpresas para sus numerosos detractores, quienes encuentran
innumerables razones para que no sea postulada al cargo, a menos que con antelación el
jefe político decida jugar para perder por un margen estruendoso.
Aunque el mayor defecto para su nominación
lo encuentran en su origen campechano tantas veces criticado por los propios
priístas en el caso de Ana Rosa Payán Cervera, quien fue traída desde niña por
sus padres del vecino Estado, el diputado local Límber Sosa Lara podría
superar ese signo cabalístico en su trayectoria política en Yucatán y conseguir la
nominación. Él es el único priísta que logró vencer en un distrito con sede en esta
capital desde el comienzo de las administraciones panistas, y las numerosas reuniones que
a diario preside en todos los puntos del Municipio garantizan que obtendría una votación
decorosa pero muy probablemente insuficiente para vencer a la segura candidata que
postulará el PAN, la diputada federal saliente Beatriz Zavala Peniche.

Carlos Pasos. ¿Será?
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Otro diputado local perdedor en las más
recientes elecciones federales es Rolando Zapata Bello, quien también es otro de
los que le deben todo a Víctor Cervera y que por esa razón podría no resultar
nominado. Idénticas posibilidades tiene Rafael Correa Encalada, un empresario que
podría resultar el caballo negro, pese a que fuera de círculos específicos es un
virtual desconocido para los electores.
Excepto por los casos de Sosa Lara y
López Rodríguez que en circunstancias dadas podrían constituir una buena
opción o en el peor de los casos la menos mala para la titularidad de la
nominación priísta, la baraja de aspirantes tiene más bien un perfil raquítico en su
conjunto. Por ello es probable que el fiel de la balanza opte por abanderar a un candidato
externo, quizá vinculado con las esferas académicas de educación superior.
Pero no todo está perdido en el seno del
tricolor. Ya se habla en los corrillos políticos de algo muy serio que estaría
intentando el Revolucionario Institucional en su afán de sacar adelante a un candidato:
la postulación de uno externo en la persona del ex rector Carlos Pasos Novelo,
destacado profesional ajeno al PRI, quien contaría con el visto bueno de un elevado
número de personas, principalmente egresados universitarios.
Sin embargo, no creemos que un caso de esa
índole resulte garantía de éxito; por el contrario, a quien resulte postulado le espera
mucho, mucho trabajo. Más ahora que ya no tendrán al Presidente de su lado, si es que en
este último sexenio ha sido así. (Mérida, Yucatán, México, agosto de 2000)
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