Recuerdo una anécdota del
tesorero de Manzanilla, Jorge Aguilar Ceballos (q.e.p.d.), viejo amigo,
cuando estando en su despacho días antes de que el Gobernador renunciara, fui a visitarlo
por la respuesta a un trámite que estaba detenido por razones políticas y corrupción
del secretario de Salud y del delegado de la SSA, Dres. Alfredo Canto Solís y Domínguez
Reyes respectivamente; me dijo: "Honestamente no obtuve respuesta; se lo planteé
en tres ocasiones y no emitió ningún comentario. Lo siento, Félix". Le
respondí: "No te preocupes, Jorge, al menos sé que intentaste. Marco
Antonio tampoco pudo ayudarme. ¿Qué sabes de su renuncia? El rumor hoy es muy fuerte
de que se va en estos días". Jorge se quedó callado; bajó la cabeza un buen
rato para luego decirme: "Tú eres la primera persona a la que le confío lo que me
dijo ayer por teléfono: se va en diez días. ¿Sabes? Estoy decepcionado de haber
aceptado trabajar en su equipo; don Víctor es un pan sin sal; esto es un acto de
cobardía; él me aseguró que nunca renunciaría ni se dejaría presionar por el centro,
y menos por Salinas; me dijo que llevaba una gran amistad con Gutiérrez Barrios
y con el papá de Salinas. Le recordé sus palabras; su respuesta lacónica fue:
Es por el bien del Estado; comienza a preparar tus cosas. Lo increpé
recordó Jorge: Víctor, estás en tu grado más alto de
popularidad por haber aceptado la voluntad de los meridanos; expónselo a la sociedad; el Diario
te apoyaría en esta cruzada; pide un referéndum o un plebiscito para la semana que
viene, para demostrarle al centro que los yucatecos te apoyarían. ¡Víctor, no te
dejes! Es inútil, Jorge. Nos vamos!".

Dulce Sauri. Despojadora de campesinos.
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Así llegó Dulce Ma. Sauri a la
gubernatura, sugerida por el actual Gobernador e impuesta por Salinas sin siquiera
guardar las formas, pues hasta después de tomar la protesta dicen que envió el fax
renunciando al Senado. Así se las gastaban los priístas
Con su delfín, prepararon el gran robo a
los pobres campesinos, pues remataron todas las propiedades de Cordemex en 10, 20 y 30
centavos por peso, como lo dice el diputado panista Roger Cicero Mac Kinney, quien
fue también legislador en el año de ese despojo por parte del gobierno de Dulce
María Sauri, quien no fue justa ni equitativa con miles de campesinos henequeneros
que a pesar de tener sus derechos ejidales vigentes no los incluyó en la liquidación (Diario
de Yucatán, agosto 27), arruinándolos a pesar de siempre haberles dicho que eran
dueños de los campos, de Cordemex, de sus instalaciones, edificios y terrenos. Triste
realidad: todos los campesinos salieron trasquilados.
Tuve en mi poder una copia del avalúo de
Hilos y Tejidos de Yucatán, que se vendió creo que a un señor Macari. El avalúo
era por 26 mil millones de pesos aproximadamente y la operación se hizo por dos mil 600
millones de pesos, 10 centavos por un peso de lo mejor de las maquinarias que tenía
Cordemex para producir tapetes, baler twine, jarcias y otros productos de
exportación que se venden a empresas automotrices.
A principios de 1992 ó 1993 se pone en
contacto con nosotros un comprador-vendedor norteamericano de tapetes, a través de una
firma que este servidor representaba que promovía inversiones en Yucatán. Don Fernando
Ponce García, secretario de Desarrollo de esa administración, puede dar fe. Estaba
interesado en comprar para comenzar cinco contenedores de 40 toneladas de
tapetes de 90 y 120 centímetros de ancho, mismos que no se vendían a ningún otro
distribuidor mundial; teniendo la empresa 12 o más máquinas paradas, había posibilidad
de surtir el pedido; sin embargo, a pesar de que el distribuidor norteamericano no
consumía dichas medidas, se quiso obligar a nuestro cliente a triangular la operación,
vendiendo a precio al público menos 0.05 centavos de dólar. Desde luego el comprador se
negó.
En seis meses estaría consumiendo 10
contenedores, y al año 20. Para finalizar: si las condiciones del mercado fueran
óptimas, en dos años estaría consumiendo 100 contenedores de tapetes, baler twine
y jarcias, pues la empresa ofrecía vender todos los productos de henequén que se
produjeran en Yucatán, iniciando una gran campaña internacional de volver a dar a
conocer el sisal para los múltiples usos incluyendo tapetes modernos mezclados con
lana, algodón y otros materiales biodegradables que estaban retornando al gusto del
público. Nada pudo hacerse; para el industrial lo más cómodo era seguir vendiendo su
producción a los de siempre, con lo que ganaba buenos millones de dólares que a lo mejor
compartía con el encargado de la venta o con algún otro alto funcionario de aquella
administración truncada; ¿para qué complicarse la vida con otro comprador? ¿Habría o
no gato encerrado? ¿Usted qué cree?
Tiene toda la razón el diputado Cicero
cuando dice que los industriales beneficiados, en lugar de invertir en rehacer los campos
henequeneros para ayudar a los pobres campesinos a quienes el gobierno de Dulce
dejó con un palmo en las narices, compran a Brasil su primera gran partida de henequén.
(Continuará). (F.A.R.V., Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)
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