Algunos diputados
perredistas sacaron varias veces, durante la lectura del mensaje que, con motivo de la
entrega al Congreso de la Unión de su Sexto Informe de Gobierno, leyó Zedillo el
1 de septiembre, unos carteles que al juntarse formaban una sola palabra:
"mentiras", en referencia a muchas de las afirmaciones del Presidente.
Y es que, efectivamente, el primer
mandatario iba desgranando mentira tras mentira al leer su documento. Una de las que mayor
impacto causó es aquella con la que se refirió a su futuro personal.
"Felizmente expresó seré
un ex presidente que tendrá que trabajar para apoyar el sustento de su familia".
Como todos sabemos, el presidente Zedillo conservará, por ley, cuando deje el
cargo y de por vida, el mismo sueldo que percibe según el Presupuesto de Egresos en
vigor. Esto es, que tendrá como ingreso manual la nada despreciable suma de 106 mil pesos
mensuales, cantidad que se irá actualizando cada año por la inflación y los aumentos a
los salarios.
Si considera que con esto no le alcanza,
entonces el futuro ex presidente debería de explicar por qué durante los seis años de
su gobierno se obstinó en que hubiera en nuestro país un inmenso número de familias que
vivieran con ingresos infinitamente menores que los que él tendrá como graciosa
jubilación temprana, imponiendo los consabidos topes salariales. En efecto, millones de
familias mexicanas obtienen ingresos cuando los tienen, diarios o mensuales,
que van de uno a dos salarios mínimos y que implican ingresos 100 ó 50 veces menores de
los que en forma vitalicia percibirá Zedillo cuando deje de ocupar la silla
presidencial.
¿Qué comerán en casa del todavía
presidente para que, a pesar de esa enorme jubilación propia de un sultán y que es un
insulto para la pobreza y la miseria en que se debaten millones de mexicanos, tenga que
trabajar para mantener a su familia?
Como la anterior, Zedillo dijo
muchas mentiras más. Sólo para poner dos ejemplos mencionaremos aquella que expresó
cuando dijo que durante su sexenio se había llegado "a una cobertura del 99% en
materia de salud", y la que manifestó cuando afirmó que desde el primer día de su
mandato había renunciado a utilizar todo poder "extraconstitucional" en el
ejercicio de sus funciones.
Sobre el primer punto, bastaría ver las
condiciones de insuficiencia presupuestal en que prestan sus servicios las instituciones
oficiales de salud; la existencia de cascarones sin médicos suficientes, ni
medicinas en el número y de la calidad que se necesitan, ni instalaciones adecuadas
en que están convertidas las clínicas del Seguro, para darse cuenta de cómo el
informante deformó la realidad. Estos servicios, en lugar de haber mejorado durante su
sexenio, se han venido abajo. La falta de inversiones, por un lado, y los despilfarros,
por el otro, han hecho que la tal cobertura del 99% sea una ficción. Las denuncias
constantes cuanto inútiles de los derechohabientes, no dejan espacio para la duda.
Y en cuanto a lo de la no utilización de
los famosos poderes metaconstitucionales a que se refirió Zedillo, sólo hay que
recordar un hecho: se la pasó durante todo su mandato poniendo y quitando dirigentes
priístas, los cuales iban del gabinete a la dirección del partido y viceversa, al grado
tal de que hizo lo que nunca antes un presidente había hecho: convertir a un licenciado
en Derecho en Secretario de Salud para darle ubicación después de que por sus pistolas
lo hizo durante algunos meses presidente del PRI.
El mensaje presidencial estuvo plagado de
falsedades, pero también de omisiones notables. Entre las principales ausencias del
discurso presidencial destacaron: el conflicto de Chiapas; el saqueo de las arcas
públicas para destinar sus recursos a un fraudulento rescate bancario, que benefició a
unos cuantos favoritos del sistema; el aumento en el deterioro de los derechos humanos y
la descarada corrupción que floreció a lo largo del sexenio, expresada, entre otros
hechos, en la existencia de un ex un gobernador y un ex secretario de Turismo prófugos y
varios generales bajo arresto por participar presuntamente en actividades del
narcotráfico.
Tampoco dijo nada Zedillo acerca de
una preocupación que ha tenido en vilo a la sociedad: la entrega de una concesión para
establecer un registro vehicular, el Renave, a una empresa particular cuyo director es un
ex militar argentino acusado de torturador y asesino y de encabezar bandas de ladrones de
coches, cuya extradición ha sido solicitada por un juez de España para ser juzgado en
ese país por el delito de genocidio.
Se trató de un mensaje triunfalista en el
que Zedillo trató de justificar las acciones de su gobierno y, por supuesto, de
erigirse en el constructor máximo de la democracia en nuestro país por haber reconocido,
antes incluso que el IFE, el triunfo de Fox, sin querer entender que el verdadero
constructor de esa democracia no ha sido otro sino el pueblo, que fue quien votó y cuidó
su voto, y que él, Zedillo, lo único que hizo fue reconocer ese triunfo en
circunstancias tales que no le permitían más salida que actuar como lo hizo. (F.P.S.,
Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)
|