En el último informe del
Sr. Zedillo los legisladores de su partido, en su absoluta mayoría constituida por
incondicionales de toda la vida, no aplaudieron ni sus autoelogios ni sus justificaciones
políticas; fueron los "opositores" panistas los que lo hicieron. Cervera
Pacheco, alentado por la distinción que dos hombres del equipo más cercano de Fox
le hicieron al invitarlo a formar parte de la comitiva del presidente electo que hará una
gira esta semana a Centroamérica, ha anunciado que invitará a todos los legisladores
yucatecos en el Congreso de la Unión a formar un "bloque yucateco".
Son paradojas de la alternancia,
característica ésta, al decir de algunos, definitoria de la democracia. Anexa a la
actitud acrítica de los panistas, que nos remite a los días felices de su luna de miel
con Salinas de Gortari cuando proclamaban su victoria cultural, se ha
ido promoviendo la imagen de Zedillo de ser casi el presidente de la transición
democrática, lo que aquél ha tratado de aprovechar. Pero ni la transición se inicia
todavía ni hacer de la necesidad presidencial al evitar una gravísima crisis
política de no haberse respetado la decisión de las urnas virtud democrática
puede borrar toda una trayectoria opuesta a los intereses de la Nación, que son los de su
mayoría, en la que sobresalen los genocidios más brutales de la última década, cuyos
autores intelectuales aún permanecen impunes.
No cabe duda que de las distancias del
poder dependen en mucho las actitudes de los partidos y de muchos de sus dirigentes. Entre
más alejados de él, más críticos; entre más cerca, como que las cosas empiezan a
verse de otro color. ¿No ya al día siguiente del 2 de julio uno de los promotores del
juicio político contra Cervera aconsejaba que ya no se le moviese más al asunto? Zedillo
parece ser revalorizado en exceso por quienes en campaña no se medían en señalarlo como
el principal responsable de la iniquidad y de las irregularidades que se les alzaban para
impedirles el triunfo, los que, una vez logrado el principal objetivo, ahora empiezan a
destacar sólo las virtudes.
Los bruscos cambios en los discursos y en
las actitudes según se esté en campaña o en el poder no son, por desgracia,
las únicas contradicciones. Ellas se suman a las que resultan de todos los cambios que se
imponen desde el poder burocrático, que si se distingue por algo es porque para él la
voluntad de las masas valen punto menos que cero. El traslado de algunas de las funciones
que por décadas concentró el gobierno federal a los gobiernos de los Estados, junto con
el aumento de las participaciones federales, fue una de esas típicas medidas que
acostumbra el poder absolutista, que así como da también quita, que no partió de
ninguna necesidad planteada por la sociedad.
Por eso es que en Yucatán, a semejanza de
lo que sucede en otros Estados, el fortalecimiento de los cacicazgos como el de Cervera
se alimenta principalmente de los recursos que la descentralización y los programas
federales compensatorios del atraso social ponen en sus manos y que en el caso del
político yucateco (no porque así lo marquen las leyes sino en virtud del férreo control
a que tiene sometida a los otros poderes y a la sociedad misma) él personalmente maneja
de acuerdo con los objetivos políticos que se ha trazado, sin que hasta la fecha las
múltiples denuncias en contra del secreto y la consecuente discrecionalidad con que lo
hace hayan tenido éxito ante el blindaje de protección que le proporcionan sus
incondicionales y altas autoridades federales.
En Yucatán, entre los más activos
denunciantes de las irregularidades que se le imputan a Cervera Pacheco se
encuentran los diputados panistas y para nadie es un secreto la abierta confrontación
entre el Gobernador y el partido de esos diputados. Pero los daños del gobierno de Cervera
van mucho más allá de los panistas y afectan gravemente la atmósfera política que
debería ser de tolerancia y respeto irrestricto a las voces disidentes de cualquier
signo, lo que no sucede ni parece que vaya a cambiar en lo que resta del gobierno
cerverista.
Por eso es paradójica la actitud de Fox
y de su equipo cercano que le han ofrecido las ramas de olivo al Gobernador, lo que en sí
no es criticable si se busca instaurar un clima de respeto mutuo entre el próximo
presidente y Cervera durante los primeros meses del gobierno de aquél, ya que en
agosto del otro año habrá otro mandatario estatal. Pero invitar a los gobernadores del
Sureste a una gira por Centroamérica que hará esta misma semana, cuando nada hay que lo
obligue, sí es más que paradójico: es un gesto innecesario que favorece más a Cervera
que al grupo que tendrá las riendas del Ejecutivo federal próximamente.
Alguien podría objetar, apoyándose en el
anuncio del cacique de que promoverá ese bloque de legisladores federales yucatecos, que
ése sería ya el primer fruto de la táctica de acercamiento del grupo foxista a Cervera,
puesto que es inobjetable el propósito de defender los intereses de los yucatecos en su
relación futura con la Federación. Pero no hay que confundir las necesidades del Estado
con la urgencia de Víctor Cervera, que en este momento es la de fortalecer su cada
vez más cuestionada autoridad dentro del sistema que en Yucatán todavía controla.
Y esa es una necesidad urgente del priísta
pero no de Fox ni mucho menos de los yucatecos, que si hemos tolerado 10 años de
absolutismo muy bien nos podríamos esperar unos meses más a la espera de un cambio que
será más difícil si se le da respiración por la boca a un gobierno moribundo, como
parece ser esa innecesaria invitación al viaje.
Eso sí, las paradojas políticas no se
darían si los ciudadanos fuésemos más activos y estuviésemos mejor informados. (R.A.S.,
Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)
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