Fue Francisco de
Quevedo Villegas, notable escritor español que vio la primera luz muy cerca de Madrid
el año de 1580. Fueron muchas y clásicas todas sus obras literarias. Era Quevedo
uno de los pocos hombres que han nacido como diría Cervantes para ser
siempre primeros, donde quiera que se encuentren. Su obra "Marco Bruto"
nace de una epistolar que le envía al excelentísimo señor don Rodrigo Díaz de Vivar
y Mendoza de la Vega y Luna (y 14 títulos nobiliarios). Con esa prosa inimitable, Quevedo
dice al Cid que Marco Bruto fue por sus virtudes, esclarecida nobleza,
elocuencia incomparable y valor militar, el único blasón de la república romana, lo que
mostró yéndose en defensa de la patria a los riesgos de la batalla farsálica, en que se
perdió con el grande Pompeyo. Se apoya Quevedo en esta obra, en lo escrito
por el texto de Plutarco, ponderada con discursos. En el primer texto dice:
"Fue Junio Bruto aquel varón a quien los antiguos romanos en el Capitolio y
en medio de los reyes erigieron estatua de bronce, porque constantemente libró a Roma de
la disolución de Tarquino y le echó de la ciudad, sacrificando al puñal de Lucrecia
el nombre de rey, que después quedó delincuente. Este fue progenitor de Marco Bruto,
que escribo. En el discurso dice: "Mujeres dieron a Roma los reyes y los quitaron.
Diolos Silvia, virgen deshonesta; quitolos una virtud. El primero fue Rómulo;
el postrero Tarquino. A este sexo ha debido siempre el mundo la pérdida y la
restauración, las quejas y el agradecimiento. Es la mujer compañía forzosa que se ha de
guardar con recato, se ha de gozar con amor, y se ha de comunicar con sospecha. Si las
tratan bien, algunas son malas, muchas son peores. Aquél es avisado, que usa de sus
caricias y no se fía de ellas. Más pueden con algunos reyes que con los otros hombres,
porque pueden más que los otros hombres los reyes. Los hombres pueden ser traidores a los
reyes; las mujeres hacen que los reyes sean traidores a sí mismos, y justifican contra
sus vidas las traiciones", etc. En el siguiente y último texto que relato, dice:
"Fue inclinado a los estudios de la filosofía, y mereció grande aplauso de los
griegos. Prefirió la doctrina del divino Platón a todas, y siguiola. No aprobó
la nueva y media academia, y agradose más a la antigua, y siempre entre todos los sabios
reverenció a Antíoco Ascalonita. Fue Marco Bruto en la lengua latina bien
acomodado al estilo militar y cortesano. En la griega con dicha afectó la brevedad
lacónica. Prueban esta sentenciosa concisión sus cartas, donde pocas palabras dan luz a
grandes discursos, sin que el lector eche de menos lo que falta, ni deje de leer lo que no
está escrito. Lo poco en sus epístolas parece que sobra, y lo que sobrara en otro no
parece que falta en él. Usó de las palabras como de la moneda: razonaba oro, y no metal
bajo: valía una razón ciento. Tantos kilates subía su lenguaje". Discurso:
"Puede el hombre con ardimiento y con bondad ser valiente y virtuoso; mas faltándole
el estudio, no sabrá ser virtuoso ni valiente. Mucho falta al que es lo uno y lo otro, si
no lo sabe ser. La valentía mal empleada se queda en temeridad, y la virtud necia hace
mal en el bien que no sabe hacer; y es a veces peor la virtud viciosa y la valentía
desatinada que la cobardía cuerda y el vicio considerado, cuanto es mejor lo malo que se
enmienda que lo bueno que se empeora. Poco se diferencian el hacer mal en lo bueno, por no
saber hacer bien, y el aprovechar el malo con lo malo, porque sabe hacer bien y mal.
Dificultoso parece que de la virtud, siendo santa, pueda hacer delito el mal ejercicio. El
oro es precioso, y dado en moneda es merced, y disparado en bala es muerte; y sin poder lo
precioso queda culpado. El que dijo que las virtudes consistían en medio no consideró el
medio de la geometría, sino el de la aritmética, que resulta de lo bastante, entre lo
falto y lo demasiado; de la manera que la religión está con majestad entre la herejía
menguada y la superstición superflua. Contrarios a la virtud sin quien la quita números
y quien se los añade, como el número siete lo deja de ser bajando a cinco y creciendo a
nueve. El conocer en Marco Bruto que era virtuoso y que sabía serlo, le encaminó
para su riesgo los buenos y los malos que en su edad vivieron en Roma. Los malos le
acompañaban, los otros le aventuraron. Era apacible al pueblo su vida, y a los padres
agradable su conversación y el estilo de sus escritos, en que ni él se cansaba ni
cansaba; al revés de muchos que ponen la elegancia en no empezar a decir ni acabar de
hablar", etc.
Pareciera que a tantos años de tantas
enseñanzas, estemos inmersos en mares borrascosos que nosotros mismos hemos embravecido;
como si el mundo fuera únicamente para unos cuantos; como si la guerra y la violencia
fueran la única salida para la estabilidad planetaria. Desafortunadamente son muy pocas
las personas que pudieran interesarse en las obras de don Francisco de Quevedo Villegas,
relegadas éstas si las hubiere en las más antiguas bibliotecas de las
importantes ciudades. Vale la pena intentar encontrarlas, leerlas... y asimilarlas. (G.S.M.,
Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)
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