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de resolver de un plumazo el asunto de la Normal cesando al maestro de la logia por
recomendación de un senador masón, nuestro jefe paseó su mirada sobre su obra en busca
de cómo empezar su discurso y su terapia del jueves, delante de su amigo Vicente.
Un poco adolorido, nuestro Menos Ilustre
Gobernador pasó los últimos días posteriores a su regreso de Costa Rica
haciendo pocos movimientos por el recrudecimiento de un viejo dolor en las rodillas. En
estos días a D. Víctor le duele flexionar esa coyuntura, pero aún así ha
decidido practicar todos los movimientos de genuflexión.
Está feliz porque todo le ha salido a
pedir de boca. Salvo unos cuantos gritos que en la cuasi gira escucharon los que lo
quisieron escuchar, el resto fue miel sobre hojuelas.
Me hubiera gustado invitarlo a la
inauguración de mi nueva empresa de equipos de construcción y agrícolas, pero no pudo
quedarse lamentó D. Víctor, quien estuvo de manteles largos al día
siguiente.
Volviendo al tema de lo que nuestro líder
preparaba para contarle a su nuevo amigo presidente, debemos reconocer que no fue fácil
la elección. Y es que debemos decir que las obras que se le pueden atribuir al Gran
Gobernador son muchas y de grandes dimensiones, de tal suerte que la gran pregunta era:
¿Por dónde empezar? Obviamente la entrada al Yucatán de nuestro líder es por el puerto
de altura, la pista de canotaje, los hoteles, carreteras, maquiladoras y demás; tienen un
orden de prioridad pero había que hacerlo en poco tiempo, pues en la comida del jueves,
con trío y toda la cosa comida yucateca para escoger, a base de aves, pescado y
mariscos y los mejores vinos, había que impresionarlo.
El M.I.G. hizo todo lo posible por quedar
bien y a la vez cautivar a Vicente no sólo con la música de cuerdas o las
viandas de la casa a fin de quitarle la mala impresión que éste tiene de él por
aquello de los nueve años en el gobierno y eso de que es cacique, regobernador, espía y
todo lo peor del mundo, como le achacan algunos panistas y pocos priístas.
Conviene enfatizar en este espacio que el
jueves, tras la visita del amigo de nuestro guía, sentimos a nuestro jefe más repuesto y
hasta convencido de que "ai la lleva", muy a pesar de lo que otros
piensen. Después de todo, creemos que ese Fox no le pareció tan malo.
Casi es como yo. Al menos nos gustan
las botas indicó.
El quid del asunto es si nuestro
conductor llega o no a las elecciones, porque a juzgar por lo que notamos que le pareció
al visitante del jueves, capaz y se lo lleva a trabajar con él, a ver si así logra
transformar al País como lo ha hecho con el Estado nuestro G.G.
¿A quién le creerá: a ellos, que
sólo representan pleitos, compra de premios, problemas, intrigas, dimes y diretes, o a
mí, que constituyo el cambio, la vanguardia en el Sureste, el trabajo disciplinado y el
tesón? se preguntó nuestro jefe.
La verdad, confesamos que no pudimos estar
presentes en buena parte de la presentación de las cajas de documentos y cifras, pero nos
dicen que se acabaron tres cartuchos de tinta, dos cajas de papel bond y una
impresora láser que se nos tronó.
Lo que sí estamos seguros es que el tal Vicente
quedó plenamente convencido de que nuestro jefe es una leyenda. Finalmente, les
contaremos que nuestro jefe fue becado por el nuevo presidente, y eso... es otra historia.
(Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)
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