- Haikú
Por María del Pilar Acevedo
- En ti me encuentro.
- Vivo un mortal deleite,
- gozo y tormento.
En la ruta líquida
Por Alicia Ferreira
Navego por años en mar extenso. Del
horizonte se desprende un hilo de tierra que alcanzaremos pronto. He soñado por tres
noches con mi casa. Pero ¿cuál ha sido nuestra casa sino mi ocupada barca, maltrecho
navío que oscurece y limita el deslizarse de mi vida solitaria? Navego, sobrevivo acaso,
en un paisaje de lluvia incontenible.
Deseo y a la vez me aterra llegar a la
orilla.
¿Cómo hablar con la gente si apenas
recuerdo un idioma?
He sentido rechazo y olvido en otras
tierras. Sin encontrar la que busco, cada vez regreso al mar con tímida esperanza.
A la ruta líquida, sin límites.
Nos acercamos a la playa blanquísima de
sol y arena delgada; casi un espejismo.
Grito a la mañana límpida y me responden
los pájaros en la selva cercana.
Desciendo enmohecido.
La sombra se alarga dibujando mi persona.
El corazón se enloquece de presagios.
Cuando llego al puente que une al mar con
la ciudad cercana, percibo una silueta que camina en sentido contrario. Al cruzarme con la
mujer, ella me mira titubeante un momento y prosigue su caminar hacia el mar. No percibo
el mensaje y, sin embargo, mis pasos reconocen el pueblo.
¿Dónde, mi casa? Regreso. Abro con la
llave herrumbrosa mi propia puerta. La casa está exhausta de esperas.
Un velo femenino ilumina solitario la cama
extendida. Lo estrujo entre mis brazos mientras grito y lloro poseído.
Por los senderos, mis piernas resbalan y
vuelan hacia el mar, tras mi pareja, antes de que embarque el arca plena de animales y se
pierda sola en el horizonte de la lluvia.
El cielo oscurecido. Amenazante. Pronto
continuará el diluvio.
Pater admirábilis
Por Svetlana Larrocha
Desde aquellos días tuve la certeza
algo dentro de mí lo rumoraba de que sería como él: amanecer era preludio
del paraíso de su presencia.
Por las tardes, al retornar de la jornada
diaria, puntual e infalible, me recibía en las masculinidad de su abrazo. Entonces, entre
juegos y alegría, emociones y ternura, las palabras de papá eran néctar que nutría
interrogantes; y al desparramarse las sombras, jamás dejó él de velar el inicio de mis
sueños, para luego, ahora lo sé, acudir a encumbrar el lecho de mi madre.
¿Cómo no adorar cada gesto suyo, cada
movimiento, cada sonrisa?
Por eso, cuando su lejanía me infortunaba,
a escondidas ya que suponían o pretendían suponer, que era sólo un juego frente
al espejo dibujar la curvatura de un bigote, calzar botas y mocasines y hasta cubrir
mis formas infantiles con sus pantalones y camisas, formaba parte del ritual
imprescindible para venerarlo.
Sin embargo, no es fácil ser indiferente a
la piedad, a las muecas humillantes o a la inexorable maledicencia que te hunde en el
cieno del menosprecio. La realidad es desoladora, dicen, pero nadie escucha los presagios
si están escritos en la sangre...
Hoy, sin aceptar la pequeñez de la
sumisión, debo segar cada día prejuicios, y aunque ya no me vista como mi padre
porque anatomía y ropajes no siempre son cómplices vivo en el umbral de la
dicha verdadera amando mis contornos de mujer...
Términos
Por Sendy Capetillo
El cuerpo es una fábrica de drogas, de
drogas elegantes, como la ansiedad de tus dedos corriendo por mi espalda.
Tu susurro al oído entre la maleza del
cabello, "Nunca confíes en los ángeles", un ala manchada de sangre y dolor; un
universo de angustia consumido.
Fue tu voz sedante la que me adormeció en tu regazo, eres
precedente a mi estado crítico, si entender la razón el sueño invade. Aleja la vista de
las acciones de tus manos.
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