Por fin, Lorenzo Salas
González, el "enfermo del alma" según palabras de su "padrino" y
protector Orlando Paredes Lara (plenamente identificado éste gracias a los datos
que el propio Salas asentó en la carta que le envió publicada en el número
566 de La Revista y en la que se dirige a él llamándolo simplemente
con el apelativo en sus labios lambiscón de "abogado"), fue
removido del cargo de director de la Normal Superior de Yucatán.
El domingo 17 por la noche fue obligado a
renunciar y, al día siguiente, lunes 18, la Segey rápidamente designó y dio posesión
en su lugar al profesor José Cetina Marín, hasta entonces director de otra
normal, la Rodolfo Menéndez de la Peña, que prepara a profesores de primaria.
Podría tratarse de un enroque. O de que,
sin tratarse de esto, a Salas se le vaya a dar otra comisión en la que tenga que
asumir tareas de dirección o de coordinación.
Y es que, sabiendo cómo se las gastan los
altos funcionarios del gobierno cerverista, no sería raro que tomaran esta medida para
resolver el conflicto sin importarles el daño que causen con ella a los trabajadores de
otra escuela que ninguna culpa tienen de que al tal Salas lo hayan sacado de su
centro de trabajo sus propios compañeros por haberse descubierto su condición de
comisario político del delfín del cacique en la Normal Superior y de que, además, por
ser protegido de un "gallón" de la camarilla priísta que aún gobierna en
nuestro Estado, el cacicazgo se sienta obligado a darle nueva ubicación, para que vaya a
cumplir nuevas tareas policiacas, cuando que de espías y policías los yucatecos estamos
hartos.
El cacicazgo cerverista todo lo resuelve
con espionaje y amedrentamiento a los ciudadanos que por algún motivo protestan contra
las arbitrariedades de su gobierno, haciéndoles saber que son vigilados.
Cualquier persona que entre en conflicto
con este gobierno es hecha vigilar por el cacique y seguida por sus patibularios guaruras,
gastándose en esto carretadas de dinero del presupuesto público. La maestra Susana
Cordero Quiñones, quien después de más de ocho años de dirigir una escuela de
nivel de preescolar en el fraccionamiento Chenkú fue cambiada hace unos días
arbitrariamente por la Segey a Chicxulub Puerto, y protestó públicamente por
el atropello, nos ha hecho saber que los agentes policiacos del cerverismo hostilizan a
los padres de familia de su escuela por exigir su reinstalación.
Lo mismo hizo antes el gobierno cerverista
con los dirigentes del movimiento magisterial por el cambio de tabulador en 91 municipios
del Estado. El amedrentamiento como política de Estado es el método más socorrido del
régimen cerverista para mantener inmovilizado al pueblo.
Con respecto a Lorenzo Salas, lo que
en debería hacer la Segey si estuviera dirigida por alguien interesada en la educación
(y no por una persona cuya única misión es reprimir a los profesores que no
"jalen" con el PRI o con el grupo de control sindical que regentea Rosa Baduy
dentro de la Sección 33 del SNTE, por conducto de su títere, el secretario general
seccional René Aldana), es enviarlo a un psiquiatra para que le dé el tratamiento
de rehabilitación que tanta falta le hace, por la enfermedad "del alma" que
padece, y no mandarlo a otra escuela para que repita la conducta de que hizo gala cuando,
por darle "chamba", para premiar su lacayismo y dar satisfacción a su delfín, Cervera
decidió que se le nombrara director de una escuela tan importante como es la Normal
Superior, cuyo objetivo es nada menos que preparar a los maestros que darán clase en las
escuelas secundarias del Estado.
Gracias a la publicación de la carta,
todos los trabajadores de la escuela tuvieron ante sí la prueba escrita que hacía falta
para exigir la salida de quien desde hacía bastante tiempo había conseguido, con su
conducta, que se incubara un enorme descontento en su contra entre sus compañeros,
descontento que estalló cuando, con indescriptible indignación descubrieron, al
publicarse el documento, la clase de "trabajo" que hacía Salas en la
escuela, convirtiendo una institución académica en una sucursal de la CIA, la Gestapo o
la KGB. Y, entonces, a las autoridades de la Segey no les ha quedado más remedio que
tener que remover a su agente encubierto.
El gobierno de Cervera ha cometido
una infinidad de atropellos contra la educación y contra quienes prestan el servicio
educativo. Dirigiendo la Segey no hay verdaderos maestros ni educadores sino
incondicionales del gobernante dispuestos a seguir sus órdenes sin importar que sean
auténticos disparates o atentados contra los derechos de los trabajadores que hacen
posible el servicio. La titular de la institución lo único que sabe hacer es ponerse
traje de mestiza y acompañar al cacique en sus giras para darle sabor regional a los
demagógicos actos de permanente campaña para adquirir clientela electoral. Que sepamos,
nunca ha sido maestra ni nada que se le parezca.
Esta administración ha sido la más
nefasta en lo que a educación se refiere, porque a pesar de la publicidad en torno a sus
logros, ni ha mejorado la calidad de la enseñanza ni la cobertura educativa ha crecido al
ritmo que demandan las necesidades de la sociedad. Eso sí, ha introducido en las escuelas
factores de confrontación y creado muchos conflictos sin resolver: entre padres de
familia y autoridades; entre autoridades y trabajadores de la educación, etc. Y es que
con funcionarios de la categoría de Salas no posible que pueda mejorar ninguna
educación. Pero así es la brillante obra del cerverismo en la materia. (F.P.S.,
Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)
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