Semanario de Informacion y Análisis Politico No.570

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Cosas veredes del agro

Germán Sosa Monsreal

Para evitar la consecución de vicios que hay en el campo desde hace ya muchos años, Vicente Fox deberá tener mucho cuidado en la elaboración de planes para el campo mexicano. En 1960 la población rural rebasaba el 60% nacional, o sea, que los planes del gobierno en materia de producción ejidal abarcaban —con base en una organización integral— a toda la población rural censada en el padrón ejidal, incluyendo a la Parcela Escolar. Había extensión agrícola por parte de la SAG, y un total control en la cantidad de superficies sembradas y la variedad de las siembras para evitar saturación en los mercados locales, cuidando así la economía de los sembradores al darles preferencia en el mercado a sus productos. Aunque en poca escala, ya había éxodo de campiranos a los Estados Unidos (braceros). La migración creció, murió el Código Agrario y nació la Ley Federal de Reforma Agraria con modificaciones que vinieron a desvirtuar el arraigo del campesino en su "unidad de dotación" (en la zona henequenera así se manejó, y a pesar de que el Artículo 27 señala calidades y cantidades de hectáreas en la unidad de dotación, ésta se redujo a cuatro hectáreas. Se cambió totalmente la planificación de la Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural para eslabonar un enorme rosario de fracasos en el campo, que con las políticas de compra vinieron a suplir a las de producción, acrecentaron el éxodo de los campesinos a la ciudad, donde en otras artes percibían más ingreso que en el campo. A muchos se les sostuvo en el padrón aún siendo trabajadores del volante, tenderos, albañiles, etc. Todo se manejaba con base en la relación que se tuviera con el comisario ejidal, que casi siempre era el socio delegado del banco (Ejidal, Bangrario o Banrural), del Fidhem o del Faapy. Así, el padrón ejidal se mantenía inflado y la producción a la baja. Cero diversificación de cultivos y mucha política.

Para mala fortuna de los campesinos (ya muy mermados en su número), vino el cambio para hacer a un lado aquellas disposiciones legales de que las tierras ejidales son inembargables, ingravables, inaceptables los contratos de aparcería, etc., etc., para dar lugar a la innovación de todo lo contrario, inclusive la venta de dichos terrenos. Previamente a que se promulgaran esas disposiciones, los terrenos ejidales de los ejidos de Chuburná, de Cinco Colonias y otros de la periferia de Mérida, incluyendo los de Cordemex, fueron repartidos en aparente legalidad en el marco de asambleas mayoritarias (las que se dan en segunda convocatoria) y de acuerdo a la ley; la indemnización taxada por alguien nunca fue entregada en el marco de una asamblea; se prefirió las firmas y sellos de las autoridades en sórdidos lugares, a cambio de billetes mermados que la mayoría de las veces fueron repartidos inequitativamente entre los ejidatarios. Así se desmembraron esos ejidos que forman nuestro campo; ejidos a los que hay que llevarles —vía carretera— los alimentos, incluyendo maíz y frijol. Pero vinieron los inventos para hacer producir a nuestro agro; se fusiló la Sagar proyectos de siembras de aparente bondad, para dar a luz los riegos de cañón que tanto daño le hicieron a nuestro suelo tan delgado de tierra, y por su drenaje vertical la empobreció; vino el espagueti, que por la cantidad de calcio de nuestra agua se taponaban los agujeritos y no permitía el riego; el aparatoso de pivote central, tan complicado que los campiranos nunca lograron habituarse a él; por último, el más doloroso descalabro: los invernaderos, un fracaso que tiene una enorme cola de deuda, toda ella cargada a los ejidatarios, quienes tendrán que pagar en especie (con tierra). ¿Archivos de "Primavera"? No existen. ¿Auditoría? Tal vez, pero hasta enero de 2001.

En la actualidad hay menos población ejidal que cuando existía el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, por lo que le queda grandota a México la Secretaría de la Reforma Agraria, que sin acarreos ha dejado de ser la secretaría política en la que se sustentaban los triunfos del partido en decadencia. Folclóricos y fantasmagóricos papeles hacen ahora quienes encabezan el otrora poderoso sector del PRI. La central que aglutinaba a muchos millones de campesinos, la CNC, cuando era su secretario general Gabriel Leyva Velázquez, esto es en 1944, hoy se reduce a un grupo de campesinos que está recibiendo las migajas del gobierno a cambio de olvidar su orgullo mancillado, principalmente por gentes del altiplano y del norte, que vinieron a perturbar nuestro especial modo de vida, toda vez que nuestra tranquilidad citadina tiene un alto reflejo con la vida y desenvolvimiento del campo.

Cuando ya es un hecho la descentralización; cuando en los Estados de la República ya radican poderes de administración pública que antes eran exclusivos de la Federación, hoy el reducido movimiento agrario que hay bien puede ser vigilado por los ayuntamientos, con algún refuerzo volante de personal especializado procedente de algún departamento del gobierno del Estado. Así se evitarían costosas nóminas, onerosas rentas de edificios, exceso de personal que debilita el erario, y más que nada, influiría en el control de las enajenaciones de terrenos ejidales, donde los inmediatos perjudicados son los ejidatarios. Mucho cuidado deberá tener Vicente Fox cuando se meta de lleno en este espinoso problema. En los replanteos de linderos se advertirán invasiones ejidales autorizadas. (G.S.M., Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2000)

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