Para evitar la
consecución de vicios que hay en el campo desde hace ya muchos años, Vicente Fox
deberá tener mucho cuidado en la elaboración de planes para el campo mexicano. En 1960
la población rural rebasaba el 60% nacional, o sea, que los planes del gobierno en
materia de producción ejidal abarcaban con base en una organización integral
a toda la población rural censada en el padrón ejidal, incluyendo a la Parcela Escolar.
Había extensión agrícola por parte de la SAG, y un total control en la cantidad de
superficies sembradas y la variedad de las siembras para evitar saturación en los
mercados locales, cuidando así la economía de los sembradores al darles preferencia en
el mercado a sus productos. Aunque en poca escala, ya había éxodo de campiranos a los
Estados Unidos (braceros). La migración creció, murió el Código Agrario y nació la
Ley Federal de Reforma Agraria con modificaciones que vinieron a desvirtuar el arraigo del
campesino en su "unidad de dotación" (en la zona henequenera así se manejó, y
a pesar de que el Artículo 27 señala calidades y cantidades de hectáreas en la unidad
de dotación, ésta se redujo a cuatro hectáreas. Se cambió totalmente la planificación
de la Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural para eslabonar un enorme rosario de
fracasos en el campo, que con las políticas de compra vinieron a suplir a las de
producción, acrecentaron el éxodo de los campesinos a la ciudad, donde en otras artes
percibían más ingreso que en el campo. A muchos se les sostuvo en el padrón aún siendo
trabajadores del volante, tenderos, albañiles, etc. Todo se manejaba con base en la
relación que se tuviera con el comisario ejidal, que casi siempre era el socio delegado
del banco (Ejidal, Bangrario o Banrural), del Fidhem o del Faapy. Así, el padrón ejidal
se mantenía inflado y la producción a la baja. Cero diversificación de cultivos y mucha
política.
Para mala fortuna de los campesinos (ya muy
mermados en su número), vino el cambio para hacer a un lado aquellas disposiciones
legales de que las tierras ejidales son inembargables, ingravables, inaceptables los
contratos de aparcería, etc., etc., para dar lugar a la innovación de todo lo contrario,
inclusive la venta de dichos terrenos. Previamente a que se promulgaran esas
disposiciones, los terrenos ejidales de los ejidos de Chuburná, de Cinco Colonias y otros
de la periferia de Mérida, incluyendo los de Cordemex, fueron repartidos en aparente
legalidad en el marco de asambleas mayoritarias (las que se dan en segunda convocatoria) y
de acuerdo a la ley; la indemnización taxada por alguien nunca fue entregada en el marco
de una asamblea; se prefirió las firmas y sellos de las autoridades en sórdidos lugares,
a cambio de billetes mermados que la mayoría de las veces fueron repartidos
inequitativamente entre los ejidatarios. Así se desmembraron esos ejidos que forman
nuestro campo; ejidos a los que hay que llevarles vía carretera los
alimentos, incluyendo maíz y frijol. Pero vinieron los inventos para hacer producir a
nuestro agro; se fusiló la Sagar proyectos de siembras de aparente bondad, para dar a luz
los riegos de cañón que tanto daño le hicieron a nuestro suelo tan delgado de tierra, y
por su drenaje vertical la empobreció; vino el espagueti, que por la cantidad de calcio
de nuestra agua se taponaban los agujeritos y no permitía el riego; el aparatoso de
pivote central, tan complicado que los campiranos nunca lograron habituarse a él; por
último, el más doloroso descalabro: los invernaderos, un fracaso que tiene una enorme
cola de deuda, toda ella cargada a los ejidatarios, quienes tendrán que pagar en especie
(con tierra). ¿Archivos de "Primavera"? No existen. ¿Auditoría? Tal vez, pero
hasta enero de 2001.
En la actualidad hay menos población
ejidal que cuando existía el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, por lo que
le queda grandota a México la Secretaría de la Reforma Agraria, que sin acarreos ha
dejado de ser la secretaría política en la que se sustentaban los triunfos del partido
en decadencia. Folclóricos y fantasmagóricos papeles hacen ahora quienes encabezan el
otrora poderoso sector del PRI. La central que aglutinaba a muchos millones de campesinos,
la CNC, cuando era su secretario general Gabriel Leyva Velázquez, esto es en 1944,
hoy se reduce a un grupo de campesinos que está recibiendo las migajas del gobierno a
cambio de olvidar su orgullo mancillado, principalmente por gentes del altiplano y del
norte, que vinieron a perturbar nuestro especial modo de vida, toda vez que nuestra
tranquilidad citadina tiene un alto reflejo con la vida y desenvolvimiento del campo.
Cuando ya es un hecho la descentralización; cuando en los
Estados de la República ya radican poderes de administración pública que antes eran
exclusivos de la Federación, hoy el reducido movimiento agrario que hay bien puede ser
vigilado por los ayuntamientos, con algún refuerzo volante de personal especializado
procedente de algún departamento del gobierno del Estado. Así se evitarían costosas
nóminas, onerosas rentas de edificios, exceso de personal que debilita el erario, y más
que nada, influiría en el control de las enajenaciones de terrenos ejidales, donde los
inmediatos perjudicados son los ejidatarios. Mucho cuidado deberá tener Vicente Fox
cuando se meta de lleno en este espinoso problema. En los replanteos de linderos se
advertirán invasiones ejidales autorizadas. (G.S.M., Mérida, Yucatán, Méx.,
septiembre de 2000)
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