Uno de los episodios más
sangrientos del País y que puede describirse como un parteaguas en la historia de
México, según renombrados escritores, ocurrió el 2 de octubre de 1968, en medio de un
contexto de represiones políticas con un atraso en la democracia que caracterizó al
gobierno de Gustavo Díaz Ordaz.
Heberto Castillo dijo una vez
que esos días sólo son comparables a los transcurridos con Victoriano Huerta.
1968 fue un año de búsqueda de aspiraciones de los sectores estudiantil y obrero que se
manifestaron en aquel entonces.
Jaime Vázquez, secretario general
del PRD, que en ese entonces estudiaba su licenciatura de Historia en la Normal Superior
de México, narra que todo fue por un conflicto estudiantil en donde intervino la
policía, lo cual fue un error.
Se inició una amplia movilización de los
policías para perseguir a los estudiantes; aquéllos entraban a las escuelas como el
Politécnico y las Normales. El abuso y persecución contra los estudiantes fue tan
evidente que los padres de familia se unieron a sus hijos y empezaron a hacer
manifestaciones que demandaban la salida del entonces jefe de la policía, Raúl Cueto.
El ambiente de represión obligó a
los jóvenes a participar y verse involucrados también en guerrillas para enfrentarse al
gobierno; era el único camino que les quedaba, aunque me parece que la violencia nunca es
la solución señala el maestro Vázquez Barceló.
Recuerdo que todo comenzó en julio
(de 1968) y fue creciendo. Me acuerdo de una de las más grandes manifestaciones, que fue
el 27 de agosto, cuando se tomó el Zócalo. Se exigía también la libertad de los presos
políticos.
La represión y la injusticia son las que
han dado pie al surgimiento de personajes como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez
Rojas (en Guerrero).
"El hecho de que haya manifestaciones
no es fruto de la casualidad. Las guerrillas son también por desesperación. En el 72,
aquí en Yucatán se dio una manifestación de maestros. Otro ejemplo es lo sucedido con Efraín
Calderón Lara (el Charras) que fue asesinado en 1974 por su lucha
por la defensa de los trabajadores para formar un sindicato independiente de la CTM. Ese
fue un movimiento que tuvo impacto aquí y en todo el País", dijo Vázquez
entusiasmado con el tema.
Agregó que quienes estaban involucrados en el movimiento
estudiantil del 68 sentían enojo e impotencia ante la soberbia del gobierno que no hacía
nada ante lo ocurrido y que nunca buscó conciliar intereses.
Un discurso que impactó a Vázquez
fue el que el 1 de septiembre de ese año formuló Gustavo Díaz Ordaz, en el que
lanzó una amenaza. Dijo que no iba a seguir tolerando el avance de las manifestaciones y
que las detendría a costa de todo.
"Fue muy alto el costo que se pagó
esa noche (2 de octubre) por el avance de la democracia, pero valió la pena. Ahora pienso
que el sacrificio de los estudiantes, específicamente la noche del 2 de octubre, rindió
buenos dividendos porque en México se inició un proceso donde el gobierno empezó a
abrir esperanzas democráticas".
En ese entonces también los medios se
desligaron de su función social para dedicarse a justificar la acción del gobierno.
Obraron muy mal, pero ahora hay periodismo valiente, aclaró en la entrevista.
La razón que impulsó a los estudiantes a
manifestarse contra el gobierno explica Jaime Vázquez es que "la
clase más libre es la de los estudiantes, porque son personas que no tienen compromisos
con nadie, son libres pensadores que exigen sus derechos porque no tienen empleos que
puedan perder".
Sobre el último conflicto estudiantil en
la UNAM, dice que también surgió como un medio para defenderse del gobierno; para luchar
contra los aspectos neoliberales que Zedillo y los tecnócratas han impuesto y que
benefician nada más a las grandes empresas de la iniciativa privada, por la tendencia a
la privatización de todo: de los puertos, aeropuertos, carreteras, escuelas... Porque el
bienestar para la familia que prometió el Presidente nunca llegó", explica.
Hasta la fecha se ignora cuántos muertos
hubo en 1968. Una vez mencionó Óscar Menéndez que los únicos que pueden saber
la cifra están en la Secretaría de Gobernación, porque colocaron cámaras filmadoras en
los extremos de la plaza de las Tres Culturas, finalizó Jaime Vázquez.
Balam Pereira, preso político
Cuando nos referimos al conflicto
estudiantil del 68 siempre nos enfocamos a la matanza ocurrida en la plaza de las Tres
Culturas, narrada en el libro de Elena Poniatowska ("La noche de
Tlatelolco"). Sin embargo, uno de sus protagonistas, el Dr. Gilberto Balam
Pereira, quien fue preso político, dice que ése fue un problema aislado.
"Desde antes se empezaron a dar señas
de conflicto, por la actuación dictatorial de los gobiernos, sobre todo cuando Miguel
Alemán llegó a la Presidencia y se dio un vuelco más a la derecha. De ahí en
adelante se remarca una política de monopolización de los recursos del País, hay una
apertura a los capitales extranjeros y junto con una oligarquía nacional se apoderan de
la economía y de posiciones políticas. En consecuencia, la población se fue
empobreciendo"
Cuenta Balam Pereira que desde
entonces se daban expresiones de cerrazón a aquellas conquistas derivadas de la
Revolución Mexicana. Poco a poco se fueron cerrando internados, comedores estudiantiles,
normales rurales y se desató una seria crisis que originó que grupos de trabajadores se
pusieran en huelga: ferrocarrileros, petroleros y médicos, movimiento en el que
participó.
Las manifestaciones estudiantiles se dieron
en todo el País y fueron el detonante de la crisis. Se aliaron a los movimientos
populares de trabajadores. Esos fueron los antecedentes de la tragedia del 2 del octubre.
Desde que empezó la lucha se tuvo como
primer punto programático la liberación de los presos políticos, que en ese entonces
eran 47 elementos detenidos en Lecumberri, entre ellos Demetrio Vallejo,
Othón Salazar, Valentín Campa y Gilberto Balam Pereira.
"De alguna manera nos sentíamos
protagonistas de ese conflicto, porque la bandera que los estudiantes enarbolaron fue
Libertad a los Presos Políticos. Se me enchina la piel al recordar el 26 de
septiembre (de 1968), cuando una gran manifestación que empezó en el Zócalo llegó
hasta la prisión, todos gritando nuestros nombres, incluso tratando de abrir las rejas.
Llegamos a pensar que en ese momento el Presidente consideraría devolvernos la libertad,
pero no: reprimió el movimiento y sólo salimos después de cumplir la sentencia. La mía
fue de ocho años y cinco meses".
La matanza de Tlatelolco no terminó con el
gobierno dictatorial y sus represiones; por el contrario, los gobiernos asumieron un
estilo de hacer política fincándola en los principios del neoliberalismo que sólo han
beneficiado a los grandes exportadores, para corresponder al compromiso que el gobierno ha
adquirido con las fuentes financieras, pero descuidando los programas sociales. Todavía
hay represión contra los indígenas, los estudiantes, los obreros. Aunque no es bueno
quedarnos en los niveles de combatividad de ese entonces", agregó muy pensativo
Balam Pereira.
También dijo que se conoce a los
responsable y que las personas que luchan por la democracia deben exigir que se abran los
archivos del movimiento de Tlatelolco, mismos que están en posesión de la Secretaría de
la Defensa.
Después de su estancia en prisión
acusado de conspiración, incitación a la rebelión, acopio de armas, etc.,
lejos de debilitarse, Gilberto Balam y otros compañeros se sintieron fortalecidos
ideológicamente para seguir luchando.
Con respecto a la posibilidad de que la
juventud vuelva a manifestarse en forma tan abrumadora como entonces, dijo que los
jóvenes tienen las inquietudes pero éstas no están debidamente canalizadas por falta
dirección y de base ideológica.
Eso se notó con el problema reciente
de la UNAM, en el cual los estudiantes no tuvieron apoyos de otros sectores. Por el
contrario, tenían un programa reducido, menos ambicioso y con una clara infiltración del
gobierno para dirigir el conflicto argumentó. (Mérida, Yucatán, Méx.,
septiembre de 2000)
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