Indudablemente, Tabasco ha sido uno de los
Estados de la República que más han atraído la atención en los últimos años. Debido
a ello, hoy esa entidad ha sido la cuna y el lugar que vio crecer políticamente a dos de
las figuras más llamativas en el último sexenio: Roberto Madrazo Pintado
y Andrés Manuel López Obrador. El priísta y el perredista, respectivamente, han
representado formas distintas de concebir y practicar la política, lo que ha dado origen
a un prolongado, enconado y polarizado enfrentamiento entre ambos, especialmente después
de la disputa electoral por la gubernatura en 1994. Este libro de Leonardo Curzio
nos proporciona una buena descripción y reflexión acerca de la política tabasqueña,
que en no pocas ocasiones ha tenido consecuencias a nivel nacional. Baste mencionar que
uno enfrentó con éxito a la Federación cuando su triunfo era severamente cuestionado y
parecía caer, fue importante precandidato presidencial y actualmente aspira a la
presidencia de su partido; el otro ya fue presidente de su partido y ahora es jefe de
gobierno del Distrito Federal.
El libro consta de dos partes distintas: en
la primera, Curzio desarrolla el marco conceptual y el contexto de los hechos
ocurridos en el País en el período estudiado, y que son los que sirven de escenario
general para la segunda parte, que está dedicada al análisis de la circunstancia
política tabasqueña.
El autor entiende la gobernabilidad como un
principio, es decir, "como el conjunto de criterios que determina el funcionamiento
de un proceso". Ese principio está sostenido en cinco pilares, a saber:
- Legitimidad política del gobierno
- Eficacia del gobierno para atender las demandas sociales
- La viabilidad internacional.
- Acuerdos con los principales grupos de presión.
- Existencia de un sistema normativo y legal compartido por
todos los actores y la eficacia del Estado para hacer valer su centralidad como fijador de
reglas.
Curzio encuentra que existió una
crisis de legitimidad desde los años ochenta, que ha sido atendida con las reformas
electorales democratizadoras; la capacidad del aparato administrativo para atender de las
demandas sociales estaba en entredicho por su ineficacia y la falta de recursos; se
siguió una política económica que ha buscado, no sin cierto éxito, la confianza de
inversionistas extranjeros y de los organismos financieros internacionales; ha habido
acuerdos con los grupos de presión, especialmente con los empresarios especialmente
con los más poderosos, que se encuentran entre los más ricos del mundo y con los
Estados Unidos; por último, considera que el presidente Zedillo tuvo que negociar
nuevamente los términos de los arreglos institucionales para reafirmar la centralidad del
gobierno.
Por lo anterior, el autor hace las
siguientes consideraciones: "Vale la pena apuntar que en el México de los próximos
años las amenazas más directas a la gobernabilidad provendrán de la falta de atención
de demandas a los sectores menos favorecidos y de la grosera distribución del ingreso. La
creación de espectaculares fortunas abre también espacios a una oligarquización del
modelo económico que posiblemente tienda a obstruir las políticas de integración
social. Y, finalmente, la integración asimétrica con los Estados Unidos acrecentará la
dependencia respecto a la potencia, restringiendo, por consiguiente, el abanico de
posibilidades de desarrollo del País".
Respecto a la transición política de
México, Curzio considera que la crisis que le da inicio es la de 1982, cuando el
régimen pierde las adhesiones de las clases alta y media, así como de las populares al
desfondarse el Estado de bienestar. Posteriormente, entre 1988 y 1994 se registró un
proceso de liberalización política, en el que el tema electoral y el paso de un régimen
de partido hegemónico a uno de partidos políticos competitivos constituyen el principal
foco de atención. Posteriormente, en julio de 1997, con comicios muy poco impugnados, se
cerró el capítulo electoral de la transición hubo, a nivel local, entre 1995 y
1997, votaciones reconocidas por los contendientes, mayor debate público y mayores
posibilidades de alternancia en el poder.
Sin embargo, en el proceso democratizador
también ha existido una dinámica regional, con peculiaridades en cada caso. En este
sentido, dentro de la orientación democrática nacional, Tabasco es una excepción debido
a la debatida elección de gobernador de 1994, que enfrentó a Madrazo y el PRI con
López Obrador y un PRD cuyo crecimiento ha sido notable en la entidad.
En el Estado del Sureste existe una suerte
de bipartidismo polarizado, "hijo de una oposición cismática" esto
último debido a que muchos de los principales líderes perredistas provienen del
PRI, acicateado por un alto grado de conflictividad social. De las elecciones
estatales de 1994, Curzio dice lo siguiente: "Dan legitimidad entre los
seguidores y restan legitimidad entre los opositores. Esta polarización debilita el
principio de legitimidad, necesario para conducir los asunto públicos y mantener y
promover la estabilidad".
El resultado de lo anterior es una gran
falta de legitimidad a la que se agregan la ineficacia gubernamental y las sospechas de
corrupción, así como la falta de integración de actores políticos importantes en el
sistema institucional, lo que ha erosionado gravemente la gobernabilidad en el Estado,
dando origen a una dualización de los espacios políticos, en la que existiría en el
Estado un sistema formal, dominado por el PRI, y otro informal, encabezado por el PRD. En
ello se explicaría buena parte de la problemática política que Tabasco ha experimentado
en los últimos años.
Es de destacar la concepción que López
Obrador tenía del PRD a nivel estatal: la del partido-movimiento, en el que las
demandas de organizaciones sociales se empalmaron con las demandas democráticas del
partido, la que dio resultado allí, ya que los problemas de la entidad han alcanzado
repercusión nacional e incluso internacional. Esa experiencia habría intentado ser
trasladada al PRD nacional durante la presidencia de Andrés Manuel. Tabasco sería
ahora, otra vez, el "laboratorio de la Revolución"
democrática.
Posteriormente, Curzio revisa las
elecciones presidenciales y estatales de 1994, y hace una comparación entre ambos
procesos, de la que sale muy mal parada la elección local, como puede verse en el
recuento de agravios y las heridas abiertas de la impunidad que dejó como saldo
lamentable destaca, por supuesto, la aparición de las cajas de documentos de los
grandes gastos de Madrazo durante su campaña. Finalmente, es un conflicto que
permanece latente y que tuvo consecuencias a nivel nacional entre otras, la caída
de un secretario de Gobernación. Y sí, Zedillo cumplió: Madrazo
gobernó con él hasta el 2000.
En la última parte del libro, Tabasco
sirve como buen pretexto para que Curzio haga interesantes anotaciones acerca de
dos temas: el financiamiento de los partidos políticos y la influencia de la televisión
sobre la política la videopolítica.
Para el autor, después del discutido
triunfo electoral del priísta en 1994, López Obrador desplegó tácticas y
estrategias que lo proyectaron a nivel nacional, basadas en tres grandes ejes: la
dualización de los espacios de la política, la formación de un gobierno paralelo y la
estructuración de un partido-movimiento. (A.R.M., México, D.F., octubre de 2000)
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