Cuando faltan unas horas
para que en Tabasco se decida si continúa o se frena en la región Sureste el proceso de
democratización iniciado en el País, los mexicanos interesados en la vida pública de
México no podemos menos que hacer conjeturas sobre los efectos que el triunfo o la
derrota del candidato a gobernador apoyado por el cacique Roberto Madrazo y títere
suyo, Manuel Andrade Díaz, traerá no sólo para Tabasco sino para otros Estados
de la región, como el nuestro, donde próximamente también habrá elecciones.
Madrazo está tratando de imponer,
por todos los medios a su alcance, a Andrade, pasando por encima de la voluntad de
los tabasqueños, aunque tenga que cometer fraude, que sería en perjuicio del candidato
perredista César Raúl Ojeda Zubieta, quien, según las apariencias, está en
condiciones de derrotar al abanderado del cacique. No obstante los vastos recursos
invertidos por el gobernador tabasqueño y las medidas de saboteo a la campaña de Ojeda
(entre éstas el veto a que su propaganda fuera transmitida por la televisión estatal),
el candidato del partido del sol azteca ha cerrado con una fuerza que nadie se esperaba.
Una vez derrotado el viejo sistema por los
votos de la sociedad, como culminación de un largo camino que condujo a los resultados
del 2 de julio (camino que ha estado marcado por mucho hitos pero en el que el actor
principal ha sido siempre el pueblo), los hombres fuertes herederos de ese sistema en
bancarrota, entre los que pasan lista el cacique yucateco Víctor Cervera y el
propio Madrazo, se han apoderado de las tablas del naufragio priísta y tratan de
reconstruir con ellas la misma barca de corrupción, engaños y autoritarismo en la que
siempre navegaron, para, hecho esto, convertirse en conductores indiscutidos de ella y
seguir dominando en sus feudos y más allá de ellos.
Por el momento tienen manos libres porque
no hay sobre ellos ninguna autoridad que se los impida, pues quien podría competir con
ellos, el presidente Zedillo, ex jefe "nato" del PRI, ha perdido tanta
fuerza que mejor ha preferido ponerse a nadar de "muertito" en lo que le queda
mes y medio a su periodo, que meterse en camisa de once varas. Y Fox,
cuya postura al llegar al poder el 1 de diciembre es realmente una incógnita en relación
con la conducta de estos caciques (pues, no obstante sus marrullerías, se los llevó de
viaje a Centroamérica y se ha reunido varias veces con ellos), tampoco ha querido
llamarles la atención pensando tal vez en que todavía no es presidente constitucional
para hacerlo.
El primer raund de la pelea por
mantener su dominio en esta parte del País y reforzar sus posiciones al interior de su
partido lo perdieron los caciques priístas cuando el 20 de agosto, en Chiapas, las
fuerzas de oposición al antiguo régimen principalmente el PAN y el PRD se
unieron y sacaron adelante la candidatura de Pablo Salazar Mendiguchía, a quien,
gracias a esta bien pensada estrategia unitaria que debería ser aplicada también en
otros casos (mientras el dinosaurio no haya muerto y esté en condiciones de pegar,
todavía, coletazos), convirtieron en gobernador de aquella entidad.
El segundo raund, sin embargo, fue
ganado por los caciques y dinosaurios del viejo partido de Estado hace algunas semanas en
Veracruz, lugar donde triunfaron en las elecciones municipales y de diputados locales que
allí se efectuaron, gracias a la eficiente compra de votos practicada por el gobernador
de la entidad, Miguel Alemán Velasco, y a que su costosa estrategia le fue
facilitada por la atomización del voto opositor, propiciada por la gran cantidad de
partidos participantes en la contienda y por la pugna salvaje entre éstos, que
prefirieron el pleito entre ellos mismos antes que la unidad por lo menos
táctica para hacerle frente al que en ese Estado es, todavía, partido oficial
(peor aún, partido de Estado, como lo sigue siendo en otras 18 entidades del País).
Ahora se va a efectuar una nueva batalla
entre las fuerzas que buscan abrir nuevos cauces a la expresión ciudadana y las que
pretenden perpetuar las viejas formas de hacer política. Tanto Madrazo como Cervera
saben que la derrota de la marioneta del primero significaría el principio del fin tanto
de uno como del otro, pues terminaría con las ínfulas del tabasqueño, que lo han
llevado a exigir que le entreguen la dirección nacional de su partido, y elevaría la
moral del pueblo yucateco para deshacerse de su propio, decrépito y anacrónico cacique,
en tanto que echaría a pique la de quienes siguen a éste en la entidad.
La pérdida de un Estado más en manos de
la oposición sería la pérdida de una importante base de apoyo político y económico a
la campaña del partido oficial y, en particular, a la de Cervera mismo en nuestro
Estado. Para Madrazo el significado sería el derrumbe de sus sueños de apoderarse
de lo que queda del PRI.
Un triunfo en Tabasco, para ellos,
representaría el fortalecimiento de sus posiciones; demostrarían que, no obstante la
derrota priísta del 2 de julio, conservan todavía fuerza suficiente no sólo para seguir
con vida sino para hacer morder el polvo a sus adversarios por bastante tiempo más. A eso
se debe su desesperación y el gran escenario del fraude que se observa. Pero las
consecuencias de una elección fraudulenta, en las condiciones actuales, puede ser
también la tumba de esos caciques que se niegan a morir. (F.P.S., Mérida, Yucatán,
Méx., octubre de 2000)
|