Cuando los asientos de los
poderes del Estado radican en determinado municipio, es responsabilidad tanto del
gobernador como del presidente municipal el resolver coordinadamente los problemas que
más dañen a la sociedad, y para el caso de nuestra ciudad capital, Mérida, como polo
turístico, enfocar soluciones que hagan verdaderamente placentera la estancia de los
turistas extranjeros que cada vez es mayor.
Por lo pronto está a la vista el
manifiesto desdén del gobierno del Estado y de la Presidencia municipal por resolver dos
de los grandes problemas que ya se han hecho añejos y de los cuales poco se ha comentado
en los medios, tal vez por no haberse acercado a ellos y constatar sus destructivas
consecuencias en el ámbito de la salud: el drenaje de las aguas negras que producimos los
meridanos, que mantienen altamente contaminado el primer nivel freático y tal vez haya
filtraciones a los otros niveles, llegando a los que nos surten de agua para el consumo
humano (¿la Secretaría de Salud ha ordenado alguna vez minuciosos análisis
bacteriológicos de las aguas electropuras que se expenden en la ciudad?). No se trata de
romper calles ni de perjudicar construcciones con el uso de maquinaria pesada o el uso de
dinamita, no hay que irse con esa finta; lo que desea la sociedad meridana es el total
control de las aguas negras de fosas sépticas en lagunas de oxidación y plantas de
tratamiento; recolección sistematizada de aguas negras implantando un tipo de válvula
hermética exterior que permita su fácil conexión con los camiones cisterna que se
encargarían de la recolección. Esto se haría en etapas y serían los usuarios del
servicio los que solventarían la mayor parte de los gastos. Con esta determinación
acabaríamos con el sambenito que tenemos de ciudad contaminadora y por ende llena de
mosquitos.
Cuando la precipitación pluvial rebasa los
límites permitidos por la capacidad de drenaje de nuestra ciudad y los encharcamientos
proliferan principalmente en las partes más bajas, las aguas pluviales hacen rebozar los
sumideros, aumentando peligrosamente las colonias microbianas que envuelven a nuestra
sociedad. Estas desgracias se presentan en las colonias periféricas, pero en el centro
histórico de nuestra ciudad, en los antiguos pozos donde se encontraban instaladas las
veletas extractoras del agua del subsuelo, en esos pozos que en su mayoría tienen
características de noria, criminalmente se ha permitido la conexión directa de las fosas
sépticas a sus entrañas, llevando con ello un mensaje mortal. Aparte del muy serio
peligro que representa a la salud de los meridanos y sus visitantes, trastoca
vergonzosamente el lema de "Nobleza y Lealtad" que nos pusieron los
conquistadores.
Ante estas omisiones imperdonables se
advierte un retroceso que nos desubica de los lugares que pretendemos tener tanto entre
las otras Méridas como entre las otras ciudades de nuestro propio México, que sin tener
el sello maya ni la privilegiada situación geográfica con relación a los Estados
Unidos, tienen sus bellezas y las cuidan con celo, además de tener drenaje y mantener un
permanente combate contra el ruido.
El ruido en nuestra ciudad
La motocicleta ha sido el automotor
preferido por una buena parte de los meridanos (incluyendo a otros de zonas conurbadas),
tal vez por lo económico y lo práctico. A veces vemos a toda una familia (seis miembros,
incluyendo al del vientre) transitar por nuestras calles, recorriendo considerables
distancias. De origen estos vehículos no hacen ruido molesto, ya que lo evita un
silenciador que trae ex profeso, pero con el uso y la falta de mantenimiento se destruye
el silenciador, y es preferencia del motociclista hacer ruido, ya que no hay autoridad que
se lo evite. La mayoría de estos vehículos tienen motor de "dos tiempos" y el
ruido que producen es ensordecedor. Cuando coinciden en un crucero de semáforo dos o más
de estos aparatos infernales, hay que ver cómo cambian miradas los turistas que
auxiliados con la gentileza del agente de vialidad cruzan la calle. Una impunidad total en
la producción de ruido. Si el alcalde LAE Xavier Abreu Sierra tuviera a bien
incluir en su Programa de Desarrollo Urbano del Municipio de Mérida una moción a los
ciudadanos, a través de considerandos de fácil confección por las circunstancias del
esfuerzo que está llevando a cabo esa gestión municipal a favor de la belleza de nuestra
ciudad, señalando en ella una demarcación para el tránsito de motocicletas ruidosas,
que bien podría ser de las calles 47, 50, 69 y 72 hacia fuera (o la que acuerde el
Cabildo en pleno). El caso es que ninguna motocicleta productora de ruido podría
transitar en el primer cuadro de la Ciudad, so pena de recibir una multa pecunaria o
recoja del vehículo. Habrá que solicitar auxilio a la SPV o, de acuerdo a lo que
permitan las leyes, organizar un cuerpo de vigilancia con todas las características de
policía municipal.
El ruido no se podrá combatir si los
encargados de producirlo son a veces los mismos vehículos oficiales (al abusar de sus
bocinas y equipos de sonido) o si hay excesiva tolerancia con los vehículos del
transporte urbano que tienen los escapes directos. Para estos fines ¿habrá que legislar
o ya existen leyes en las cuales apoyar la campaña que se emprenda? Hay que hacer algo,
don Xavier, ya que sería un magnifico corolario a lo que se ha hecho y que ha
causado buena impresión. Necesitamos una ciudad silenciosa y limpia. (G.S.M., Mérida,
Yucatán, Méx., octubre de 2000)
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