Cero y van tres
Lo ocurrido en
Jalisco no es de risa. Gobernaba un partido de oposición (el PAN) y sus ciudadanos, salvo
algunas excepciones, tenían pocas quejas contra su gobierno. Digamos que estaban medio
conformes o conformes y medio con lo que éste hacía.
El gobernador panista podía convivir con
los ciudadanos sin mayor problema, aún a pesar de que el Congreso no estaba en sus manos.
Sin embargo, llegado el día del juicio a su mandato, y cuando todos suponían que
obtendría una buena calificación, los afortunados gobernados no acudieron a emitir su
voto y con su ausencia confiadamente dejaron entrever que estaban conformes con esa
gestión.
Al final el resultado ha quedado muy
cuestionado, poco claro, y hoy es blanco de críticas y dudas. Se comprobó que aún
teniendo las encuestas a su favor, ventajas en puntos inalcanzables, estuvieron a punto de
perder la gubernatura a manos del PRI. Ciertamente a muchos mexicanos no les cabe la menor
duda de que el PAN refrendó su triunfo en Jalisco, pero lo que hoy queda en el ambiente
es que ese veredicto no es posible darlo con base en este proceso.
Algo parecido puede ocurrir en Yucatán el
27 de mayo, donde hoy el PAN tiene a un par de aspirantes "naturales" para la
alcaldía de Mérida y la gubernatura del Estado, que bien podrían no llegar ni siquiera
a ser candidatos de su partido.
Por ello los panistas de esta ciudad, tan
animados en estos tiempos para pelearse unos con otros, deben alejar de sus mentes esa
inútil, absurda competencia por ver quién es más malo que el otro y ponerse del mismo
lado a jalar la misma cuerda. No vaya a ser que tirando de otra soga, cuyo extremo suponen
dónde acaba, terminen por ahorcarse.
* * *
En lo que pareciera ser una competencia por
ver quién dice más barbaridades, un juicio de la lideresa priísta del Congreso de nuevo
la colocó en un buen lugar en nuestra portada.
Ahora es porque como adelantó en la
edición anterior insiste ella en que no aceptará el fallo del Tribunal Electoral
de la Federación y que prefiere caer en el desacato. Creemos que difícilmente podrá
encerrarse en esa postura, no por no pensarla capaz sino porque antes habló de
"desaparecer al Trife", de hacer "una campaña nacional en su contra",
etc., y no lo ha hecho.
Es el perfeccionamiento versión
corregida y aumentada de aquella frase famosa que un dirigente taxista pronunció:
"Vamos a bajarle los pantalones al centro". Ya vimos el 2 de julio cómo se los
bajaron y para qué sirvió, pero eso es otra historia.
(Es una reacción parecida a la que su
colega Dulce Sauri tuvo cuando amenazó con no acudir a la ceremonia de toma de
posesión de Vicente Fox si no se cuentan los votos de la elección de Jalisco.
Allá ella, es su decisión, y en el equipo de Fox habrán de pensar que
"mejor, más lugar para los que quieren ir").
Pero con todo y esas barbaridades y
excesos, no deseamos ver en la cárcel a doña Myrna Hoyos, como ella misma sugiere
toda enojada y furiosa. Y contrario a lo que muchos de sus colegas de partido quisieran,
no hay que desear que la señora Presidenta de la Gran Comisión del Congreso Local quede
tras las rejas, menos como fruto de un desacato a un mandato judicial. Sería muy penoso,
especialmente si junto con ella se les somete a juicio político a sus compañeros
legisladores por secundarla. Yucatán volvería a quedar mal una vez más
debido a una inmadura conducta de las autoridades emanadas del PRI.
¿Qué necesidad hay de llegar a estos
extremos tan penosos en los que un tribunal federal el máximo del País le
tiene que hacer ver a las autoridades de dos poderes estatales el Legislativo y el
Judicial que no saben hacer bien las cosas?
Curiosamente, las instituciones que hoy
enjuician a estos priístas yucatecos y los hacen quedar mal parados, fueron creadas bajo
la tutela de un régimen emanado de su partido y, en buena medida, son frutos obtenidos
gracias al PRI, a las reformas impulsadas por sus miembros.
Preguntamos de nuevo: ¿Qué necesidad
había de hacer mal las cosas desde el principio? ¿No hubiera sido más fácil establecer
consensos, buscar diálogos con los opositores, hacer acuerdos en vez de querer rendir
pulso con la Federación?
Son varias, repetidas las ocasiones en que
los priístas yucatecos han recibido baldes de agua fría por actos indebidos. No es la
primera vez que son exhibidos públicamente y que deben enmendar sus errores a
regañadientes, no sin antes lanzar toda clase de amenazas.
Y para terminar, el "show" que
armaron los priístas inconformes leyendo el jueves la extensa, larga sentencia emitida
por el Trife, no tuvo otra finalidad más que hacer notar que a ese tribunal le llevó 55
minutos emitir un fallo contra el Congreso Local y a ellos leer el mismo documento les
tomó cinco horas.
Eso tampoco sirve de nada. En La
Revista tenemos el resolutivo del magistrado José de Jesús Orozco
Henríquez (que incluye los expedientes SUP-JRC-440/2000 y SUP-JRC-445/2000
acumulados), leído en la sesión pública del 15 de noviembre y, efectivamente, su
lectura no lleva 55 minutos, sino menos de 10.
Con mentir no se llega a ninguna parte.
Cero y van tres.
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