Después de largo período
de ausencia en nuestro medio periodístico, debido a una enfermedad que nos dejó una
secuela de disminución de la agudeza visual, reiniciamos nuestra labor con este espacio
que nos brinda La Revista Peninsular y en la cual, en nuestra nueva
condición de viandante (pues por prescripción médica me prohibieron manejar), ahora
aprovecho ver muchas cosas que antes sólo miraba cuando pasaba en automóvil por los
diferentes lugares de nuestra ciudad.
Uno de los problemas que más he palpado en
carne propia es sin lugar a dudas el del transporte urbano, que podemos decir al
menos el que cubre mi colonia, Francisco de Montejo es pésimo.
Verá usted. Tenemos dos rutas: la de los
verdes, que se nombran Minis 2000, y la de la Ibérica, que ahora llegan hasta ese lejano
rumbo ubicado detrás de Chuburná.
Los camiones verdes, oiga usted,
encomiéndese a Dios antes de abordarlos, pues por lo general sus chafiretes, muy
ostentosamente autollamados "operadores", ¡híjole!, van como alma que lleva el
diablo. Los pasajeros deben agacharse como puedan y donde puedan, pues los bruscos
arrancones y frenadas al subir y bajar pasaje obligan a agarrarse hasta con las uñas de
los pies. Además, como es de suponer, avanzan con una osadía increíble, aventando el
camión a los automóviles que viajan en sentido contrario, obligándolos a replegarse
para no ser chocados.
Ignoro si a estos choferes la policía les
ha dado una licencia para agredir, pues no he visto a ninguno de estos sujetos que maneje
a la defensiva, sino todo lo contrario, a la ofensiva.
Tienen tantos vicios estos sujetos de
marras (cuyas excepciones podemos contarlas con los dedos de las manos) que hay que
enumerarlas:
1. En los paraderos del Centro, o
llegan muy adelantados y se pasan largo tiempo en ellos, o llegan atrasados y en no pocos
casos los despachadores no los dejan subir a ningún pasajero, aunque esté la
"cola" de indignados viajeros parados en pleno sol. Hay que esperar a ver si
llega el siguiente a tiempo.
2. Ya en los recorridos por su ruta,
muchos de estos "manejadores" (que sin ofender a los que manejan volquetes o
camiones de carga, ésta es su vocación y no la de llevar pasaje) se dan gusto muchas
veces evitando recorrer su ruta completa, perjudicando a mucha gente.
3. En las colonias tienen la manía
de subir y bajar pasaje donde se les pegue la gana, obstruyendo otras calles, o cuando
alguna dama les pide parada en la puerta de su casa, los "gentiles" chafiretes
ahí la suben, aunque en la siguiente esquina ya no suban al pasaje que les pide parada.
4. La mayor parte de estos émulos de
Adrián Fernández se dan el lujo, casi a todas horas, de contar con sus
"amigas" que por lo general ocupan los lugares justo detrás de ellos y van
plática que plática toda la ruta y así por horas. A veces sube una y a pocas cuadras
sube otra "compañera".
5. No sé si estén enterados los
permisionarios, pero sus choferes permiten que casi todo el día suban cantantes, payasos
y vendedores de dulces y/o simplemente pedigüeños, como los del Ejército de
Salvación... entre otros.
6. Además de todo lo anterior, hay
que soportar esos cambios bruscos de velocidades, y da lástima oír cómo truena el
diferencial de los camiones, lo cual no creo que a los dueños los deje complacidos.
7. Otro de los vicios que hay que
erradicar de quienes manejan los camiones es que escuchan su música a todo volumen.
También habría que exigirles que moderen su lenguaje, porque es obsceno, prosaico y
lépero, sin importarles la presencia de damas o niños.
En fecha próxima los permisionarios
seguramente solicitarán alza en el pago del pasaje y ofrecerán el cielo y las estrellas,
pero veremos que siempre quedará en lo mismo. Yo creo que si estos empresarios
capacitaran y seleccionaran a su personal, les iría mejor, pues solamente en lo que se
refiere a la destrucción del vehículo, que imagino que debe ser constante, gastan
fuertes sumas de dinero por el desgaste del mal manejo y el costo que representa tener a
rufianes como choferes de sus autobuses.
También se dice por ahí que no hay quien
aguante el ritmo que les imponen en el trabajo; que tienen que dar "tantas vueltas en
su turno" y en "tanto tiempo", lo que los obliga a transgredir las leyes y
maltratar a la gente. Pues bien, si esto no es así, que se destinen vigilantes de la
empresa a que observen a su personal no sólo en el centro de la Ciudad, sino en los
barrios y demás calles.
Al Lic. José Guzmán Pacheco, que
por favor salga de sus oficinas y también viaje en camión, para que sienta lo que
sentimos los usuarios.
Respecto a los "Pioneros en
Confort" de la Ibérica, su problema es que viajan a excesiva velocidad, con el
consiguiente peligro, y en no pocas ocasiones no cubren su ruta completa. Éstos, a
diferencia de los verdes, no permiten todavía que nadie viaje de pie. (M.A.G.G.,
Mérida, Yucatán, Méx., noviembre de 2000)
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