Siempre he pensado que la
arquitectura es una de las más hermosas expresiones del arte aún cuando exista gente que
no esté de acuerdo en que la arquitectura sea arte y, por supuesto, en contra de la
opinión de quienes encuentran artística una mejor manifestación de lo que es bello.
Sin embargo, creo que todos estarán de
acuerdo en que la arquitectura juega un papel básico en el embellecimiento de una ciudad
cualquiera que esta sea. Tiene además la característica de ser reflejo fiel del tiempo,
por que es capaz de plasmar en sus formas las modas, usos y costumbres de la época en que
se materializó la obra arquitectónica. Un aspecto que me parece fascinante y más aun
por cuanto la arquitectura es capaz de ser también espejo del futuro de una sociedad.
Los muchos edificios y monumentos que
adornan las ciudades de este mundo, fueron en varias ocasiones motivo de fuerte polémica
entre sus habitantes por diversas razones. La Torre Eiffel por ejemplo, no fue del agrado
de muchos de los parisinos por su fealdad (o hermosura, según se quiera ver), pero hoy
nadie concibe a París sin ella y para la historia han quedado las disputas al respecto
como anécdotas interesantes de la ciudad luz.
Todo lo anterior viene a colación por el
agrio debate que en Mérida ha desatado la construcción del nuevo palacio de justicia
sito en la avenida Jacinto Canek de nuestra ciudad. Debate que por momentos pareciera
inducido (¿quién le puso al edificio en cuestión el sobrenombre de "Palacio de
Cristal"?) y a destiempo, por que la idea de construir un nuevo recinto para el
Tribunal Superior de Justicia del Estado no era nueva, como tampoco lo era el proyecto
arquitectónico del mismo e incluso su costo de construcción.
Quiero sumar mi voz a este debate, no sin
antes enterar al amable lector de las cosas que escribo (y que a diferencia de Fuentes
Aguirre, seguramente solo existen en mi imaginación) que tengo relación con algunas
personas involucradas en la construcción del famoso palacio y que dada la naturaleza de
mi trabajo, de cuando en cuando comparezco ante los magistrados del Tribunal Superior de
Justicia del Estado en razón de los litigios en los cuales participo.
Soy de la opinión de que los juzgadores
deben contar con un edificio adecuado para la realización de su trabajo. También estoy a
favor de que estos edificios, precisamente por que son propiedad del Estado, sean dignos
de sus ocupantes (funcionarios públicos todos ellos) y de la ciudad en la que se ubican.
Por ello no veo nada de malo en dotar a la ciudad de un edificio que tenga una doble
función. Por una parte la de proporcionar un recinto adecuado los magistrados y por otra
la de embellecer la ciudad.
Estoy de acuerdo con el comentario vertido
por la Presidente del Tribunal Superior de Justicia del Estado, magistrada Migdalia
Rodríguez Arcovedo, en el sentido de que el nuevo palacio de justicia dignifica el
trabajo de los juzgadores y por tanto la impartición de justicia en el Estado. Sin
embargo, yo puliría esas declaraciones y en su lugar habría dicho que el palacio ayuda a
dignificar en parte la impartición de justicia en el Estado por que, como correctamente
señalan algunos, lo importante es que haya justicia y para eso no se requiere de palacio
alguno sino de juzgadores competentes, eficientes, honestos e independientes. Así que el
recinto donde vayan a impartir justicia los jueces y magistrados es lo de menos.
No obstante, si quiero señalar que el
actual edificio es bastante feo e inapropiado para las funciones de un juzgador y para
quienes por su trabajo o las circunstancias tienen que acudir a dicho inmueble de cuando
en cuando. Quienes litigamos, conocemos perfectamente el lamentable estado del edificio
actual (¡y como lo sufrimos! Desde la estacionada hasta el calor que se enseñorea en su
interior) y sabemos que se necesita un nuevo y mejor inmueble para la impartición de
justicia en el Estado.
También quiero hacer notar, que no
entiendo por que los juzgados de primera instancia del fueron común no estarán en el
famoso palacio o en un edificio anexo. Así como tampoco entiendo como desde el principio
de todo el asunto, no se planteo la posibilidad de que así fuera por parte del quienes
tienen que hacerlo (partidos políticos, organizaciones privadas, instituciones
educativas, los diferentes niveles de gobierno y los poderes del Estado principalmente).
Sin duda sería mejor que todo el aparato del Poder Judicial del Estado estuviera ubicado
en el mismo lugar (salvo los juzgados penales que siempre han estado junto al reclusorio
por razones obvias y que han sido objeto en los últimos años de remodelación) por
economía de todo tipo, por la forma en que operan los juzgados con el Tribunal Superior y
por la facilidad que esto significa para el acceso a la justicia.
Por otro lado, no debemos olvidar que
Mérida es una ciudad con vocación turística y de guía (luz que ilumina y conciencias
de nuestros paisanos peninsulares, como oí sugerir a cierto político acertadamente)
entre las urbes de la península yucateca. Efectivamente, la nuestra es y debe seguir
siendo una ciudad bella por que tiene mucho que ofrecerle a los extranjeros que vienen a
disfrutar de ella (es más, tenemos que trabajar en embellecerla mucho todavía, con
nuevos y mejores edificios y monumentos, jardines, eventos culturales, oferta educativa y
de servicios en general). Pero además, en virtud de que nuestra ciudad es vanguardia de
todas las demás en la península, es importante que conserve su "status" entre
ellas. Si queremos seguir siendo una ciudad con la mejor oferta de servicios educativos,
médicos y jurídicos (algo de lo cual presumimos mucho aquí en Yucatán), si queremos
convertirnos verdaderamente en una ciudad turística por su oferta cultural y su belleza,
sin duda necesitamos edificios como el palacio de justicia que se construye.
Ante los argumentos de que los recursos
utilizados en la obra del palacio de justicia pudieron haberse invertido de otra manera
digo: Siempre será así. En cambio quienes critican sin tono ni son, no ven que la
construcción del palacio generó empleos y movimiento de recursos entre las empresas de
la ciudad de forma justa y equitativa (esto último espero que verdaderamente así sea)
mediante los concursos que por Ley deben organizarse para la asignación de la obra
pública.
En resumen, creo que la obra de que se
trata es buena en si misma por las razones antes expuestas, pero que habría que
aprovecharla mejor en función de "dignificar" la impartición de justicia en
nuestro Estado. (F.G.M. Mérida, Yucatán, noviembre de 2000)
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