Con su miserable
"lunch" bajo el brazo, compuesto de una bolsa de charritos, un plátano o
mandarina, una torta y un jugo que les dieron quienes los transportaron, 10 mil
campesinos, hombres y mujeres (ancianos y niños entre ellos), tuvieron que
"soplarse" los rollos que les soltaron el "líder" cenecista Carlos
Berlín Montero, el gobernador Cervera y otros grillos "campesinos"
en la celebración del "Día del Cenecista", el viernes anterior, en el
estacionamiento del terreno donde se celebra la Feria de Xmatkuil, como requisito para
poder entrar después a divertirse en ésta.
Fue así como, no obstante carecer aún de
candidatos, la maquinaria priísta comenzó a calentar motores para la campaña en puerta,
con el fin de crear el ambiente apropiado para que el cacique inicie sus recorridos, al
mejor estilo Santa Claus, de reparto de regalos a cambio de votos, por
supuesto por todo el Estado, en aras de ganar la que será la madre de todas las
batallas, pues en ella se decidirá si llega a Yucatán el cambio o continúa rigiendo la
vida de la entidad el viejo sistema presidido por Cervera cada día
más obsoleto.
Hastiados de tanta perorata aburrida y
barata, y puesto que los amigables filántropos que los invitaron al placentero viaje en
los destartalados autobuses que pusieron a su disposición les hicieron creer que los
traían a un paseo sin nunca haberles dicho que la condición para gozar de él era
someterse antes al tormento chino de escuchar las infinitas parrafadas que les largaron
los grillos priístas, buen número de los acarreados intentaron retirarse antes de
concluir el demagógico acto.
El intento de éxodo se hizo más obvio
cuando el cacique dio comienzo al conocido, kilométrico monólogo que suele endilgar a
sus auditorios cada vez que toma la palabra. Ya se sabe que el padre de la yucateca patria
tiene una fijación (que no puede ser calificada sino como senil) que es la de repetir
con una tipluda y monocorde voz que hace más odiosa aún la estancia obligatoria en
esos insufribles y verborreicos actos en que la estrella central es él la larga
lista de las obras que dice ha construido su gobierno para mejorar las
condiciones de vida del pueblo, sin parar mientes en que los desarrapados que le llevan
para que lo escuchen son la mejor muestra de la sarta de mentiras que, una a una,
desgrana.
Inútil fue el intento. Haciendo uso de los
antimotines, que lo mismo sirven para un lavado que para un planchado, los organizadores
del multitudinario evento obligaron a los campesinos a permanecer en él hasta que
terminó. Los uniformados les impedían la salida del estacionamiento a quienes lo
intentaban, del mismo modo que días antes hicieron con los representantes del PRD cuando
quisieron salir del edificio de la Comisión Electoral del Estado. Órdenes son órdenes,
y aunque violen derechos de todo tipo se tienen que cumplir.
El voto verde es la esperanza del cacique
para conservar el poder. Por eso es que aún haciéndolos pasar por tormentos como el de
los mítines que les organizan para que el cacique no pierda contacto con ellos, los traen
a pasear y les dan su precario alimento. Es uno de los puntos de la estrategia puesta en
práctica para mantenerlos como clientela electoral con gastos mínimos para alimentarlos
y transportarlos, dineros que, de todos modos, no salen del bolsillo de los próceres que
les endilgan los discursos, sino del erario.
Otro punto de la misma estrategia es el del
control de los campesinos al través de sus líderes locales o comunales, por conducto de
la CNC. Mediante la bagatela de 300 pesos mensuales que el gobierno cerverista les está
entregando a los comisarios ejidales priístas del Estado, según ha sido denunciado ya
varias veces, el cacique ha armado ya su red de control para someter al campesinado
yucateco y obligarlo a votar por el PRI en las próximas elecciones.
Con este dinero ha convertido a la inmensa
mayoría de los comisarios ejidales yucatecos en empleados suyos que tendrán como
principal misión presionar a sus compañeros para que "no traicionen" al
todavía en Yucatán partido oficial votando por otro partido.
Al entregar dinero del erario a la CNC,
como está comprobado que hace, el regobernador está cometiendo no sólo el delito de
peculado sino delitos electorales tan graves o más que éste, pues la central campesina a
la que le da el dinero es parte del PRI. La ley electoral del Estado establece que ningún
partido político debe recibir más fondos públicos que los que esa ley expresamente
marca, y que el Gobernador no debe entregar a ningún partido, ni a ninguno de los
sectores de éstos, un solo centavo no autorizado por dicha ley como, en sentido contrario
a ella, está haciendo Cervera cuando le da dinero por debajo del agua a la CNC,
que no es ninguna dependencia del poder público.
Así pues, desde ahora el cacique está
violando la ley electoral. Es hora de que los partidos políticos documenten los hechos y
hagan las denuncias, pues no hay que pasar por alto ninguno de sus atropellos.
La celebración del día del cenecista no
pudo haber tenido mejor culminación: mientras los ejidatarios y sus familias, con sus
ajadas y raídas ropas, sus viejas alpargatas y la bolsita de charritos, torta y juguito
que espléndidamente les dieron, paseaban por la feria, Cervera, Berlín y
demás perfumados campesinos de la CNC y funcionarios estatales disfrutaban de un opíparo
almuerzo en el Salón Internacional de la feria, con aire acondicionado. Y es que en
México hay campesinos de primera y campesinos de segunda, como se puede ver. ¿O no? (F.P.S.,
Mérida, Yucatán, Méx., noviembre de 2000)
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